Taiwán y la OMS
Emilio Álvarez Montalván
Después de la Guerra Fría, aumentaron las fuertes contradicciones que surgieron en el seno de los cinco grandes de la ONU al disentir dichas potencias sobre cómo reaccionar frente al golpe terrorista del 11 de septiembre del 2001. La controversia se fijó en el instrumento a usar para responder al artero golpe. Desafortunadamente esa divergencia terminó violentando la negativa del Consejo de Seguridad de legitimar la invasión de Irak. Para los observadores fue una hazaña que la ONU superara una división tan profunda de sus más caracterizados miembros.
La única explicación es que la disolución de la organización mundial hubiera causado mayores trastornos a la gobernabilidad global, que manejar una crisis permanente entre sus más importantes socios. En todo caso, esa discrepancia paralizó todo el empeño de implementar las reformas a la Carta Magna de Naciones Unidas anteriormente acordado, sobre todo la remodelación del Consejo de Seguridad.
Lo más dañino ha sido que el ambiente de conflicto interno que priva en el Consejo de Seguridad, se ha traducido en injustos procedimientos que afectan las relaciones de los Estados con la organización misma. Uno de esos casos es lo que sucede con la República de China (Taiwán), firmante y fundadora en 1945 en San Francisco de la Carta de Naciones Unidas.
Me refiero a que por intrigas políticas de China comunista, se niega a Taiwán no sólo el derecho a pertenecer a Naciones Unidas, sino prohibirle su adhesión como simple observador a la Organización Mundial de la Salud. Esa exclusión arbitraria que ha merecido la crítica de numerosos Estados miembros de la ONU, impide a Taiwán integrarse a la Red Global de vigilancia y respuesta a brotes de enfermedades (GPARN). Actitud contraproducente desde el punto de vista de la igualdad que debe prevalecer en la ONU. Al respecto debe recordarse que la Constitución de OMS autoriza la participación de organizaciones no miembros, invitadas a participar periódicamente en sus asambleas anuales.
Por otra parte, cerrarle la puerta a Taiwán es colocar un obstáculo a la salud mundial, pues el mundo científico reconoce que la autoridad sanitaria de dicho país es la única competente para procesar y manejar toda información sobre cualquier brote epidemiológico en su territorio. Por tal razón, eliminar a Taiwán de la red que monitorea posibles epidemias equivale a excluir un eslabón importante en la prevención de afecciones que pueden terminar globalizándose.
Lo más incomprensible de esta política discriminatoria hacia Taiwán en el campo de la salud mundial, es que Taiwán es miembro pleno de asociaciones mundiales, tales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico y numerosos foros internacionales, gracias a una interpretación flexible de las condiciones para la membresía que ahora se pretende negarle en la OMS. Más aún los 23 millones de taiwaneses quedan desprotegidos del sistema de alerta conducido por la OMS, evitando, además, que China insular trabaje mancomunadamente para afianzar la salud de los pueblos del mundo.
¿Cuáles son entonces los perjuicios sobre el “apartheid” a Taiwán? 1) Afecta la capacidad de la OMS para garantizar la salud de todos sus Estados miembros interrumpiendo el funcionamiento de tan importante vínculo en la cadena de alerta. 2) Perjudica el bienestar médico de 23 millones de taiwaneses excluidos. 3) Ignora la capacidad de Taiwán para contribuir con sus considerables recursos económicos y técnicos en la atención de la salud de pueblos necesitados, como lo demostró al cooperar con éxito en la lucha contra el Síndrome de Respiración Agudo Severo (SARS) que le llegó del continente asiático, lo mismo que la gripe aviar y el entero-virus. Aún más, Taiwán al funcionar como un importante eje que conecta el noreste y sudeste asiático, lo vuelve más estratégico en la propagación. En resumen, se hace indispensable que esta situación discriminatoria hacia Taiwán que impide su ingreso a la OMS, sea corregida.
El autor fue Canciller de Nicaragua.

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