Los niños en los medios
Guillermo Rothschuh Villanueva
Hay trabajos que enaltecen. La elaboración del Código de Ética Periodística para la cobertura de la niñez y adolescentes es un gran logro. Las personas que trabajaron hasta ver convertido en realidad este esfuerzo consiguieron alcanzar una meta deseable e impostergable para el futuro de la niñez nicaragüense. En un país de niños y adolescentes y en donde el periodismo nacional no hacía ninguna diferencia entre el tratamiento informativo brindado a los adultos y a los niños, hacía falta una línea divisoria que estableciera nuevas reglas del juego. En esto radica la originalidad de la propuesta.
La necesidad de imponer nuevos criterios y enfoques en el abordaje de los temas de la niñez y adolescencia formaba parte de las necesidades más apremiantes del periodismo nacional. Era de estricta justicia no sólo perfilar el código. Lo más apremiante y necesario era conseguir una nueva aproximación en el tratamiento informativo de los niños. Se trata de un paso trascendental que ha venido a concretarse en la práctica bajo el compromiso voluntario de los periodistas nicaragüenses. Un mérito propio que debe ser reconocido públicamente. El Código se promulga en un momento de cambios. Aun antes de que se hiciera pública su promulgación, ya eran perceptibles las primeras mudanzas en el enfoque que brindaban a niños y adolescentes los periodistas nacionales.
En la práctica el Código de Ética auspiciado por Save the Children Noruega viene a ser la culminación de un esfuerzo emprendido desde el año 2002 y que culminara exitosamente en el año 2005. Se trata, por lo tanto, de un instrumento consensuado, pasado por el tamiz y la criba de más de cuatrocientos cincuenta personas vinculadas con el quehacer periodístico, a quienes corresponde ahora poner en práctica y al pie de la letra los contenidos vertidos en cada una de las disposiciones que lo conforman. Tal vez la mayor debilidad del Código es que no adquirió un carácter vinculante ni siquiera para los periodistas que se comprometieron en este esfuerzo meritorio. Parte de la estrategia y de los objetivos propuestos debió consistir en lograr el compromiso de sus redactores de asumir las propuestas con carácter obligatorio durante el ejercicio de sus prácticas profesionales.
Sin embargo, se ha dado un paso trascendental. Irreversible. Lo que queda ahora es propiciar su cumplimiento, afinar sus alcances y mejorar su contenido en el más breve plazo posible. Abiertas las compuertas de su puesta en escena, ahora sólo queda empujar hacia delante. Estimular su apropiación por la mayoría del periodismo nacional puesto que ésta sería una señal ineludible de que por fin se ha comprendido que los niños y adolescentes son sujetos de pleno derecho y que requieren de otro tratamiento informativo de parte del periodismo nacional. La meta que deberían plantearse quienes están al frente de esta iniciativa es convertir al Código de Ética en un instrumento válido para todo el periodismo nacional.
Después de tres postgrados en Comunicación y Derechos de la Niñez impartidos en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA, las condiciones por las que transita el periodismo nacional son otras. Existe un mayor nivel de conciencia acerca de la necesidad de conferir otro trato informativo a los niños. Esto ha propiciado importantes variaciones en diversos niveles. No sólo incorporándolos como parte de la agenda cotidiana de los medios. El cambio más sensible e importante estriba en la nueva manera de enfocar y tratar los temas de la niñez y de la adolescencia. Una modificación drástica. Visible. Una transformación que se convierte inevitablemente en un termómetro para medir hasta dónde han incorporado en sus propias rutinas los diversos aprendizajes obtenidos en las aulas de estudio.
El empeño y la perseverancia de Save the Children Noruega se han visto compensados favorablemente. Constituye un enorme logro del periodismo nacional contar con un Código de Ética propuesto para la cobertura de los temas de la niñez y adolescencia. Colma un vacío. Se convierte en un norte y una brújula para orientar a los periodistas nicaragüenses a la hora de abordar temas sensitivos relacionados con los niños. Es una especie de salvaguarda. Desde ahora no existe justificación alguna que les permita excusarse si se extralimitan u ofenden la dignidad mancillada de la niñez nicaragüense ante tanta precipitación y arrebato en la cobertura que brindan ciertos periodistas al conjunto poblacional más numeroso de Nicaragua (53 por ciento de la población nacional), que paciente espera un nuevo trato que los dignifique como personas y tome en cuenta sus aspiraciones más sensibles. Una niñez que aspira a crecer y desarrollarse sanamente en un país que vive entre la parálisis y el desconcierto. Sin asomo de cambios y de mejores perspectivas para todos. ¡En esta encrucijada, a los periodistas corresponde restituirles su dignidad violada!
El autor es decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA.

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