MIéRCOLES 11 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23806 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE





Radio campesina recibe apoyo inglés

Foto  
. El británico Bruce Callow se enteró sobre existencia de la iniciativa,por página web de LA PRENSA

Teniendo de fondo a Radio Stéreo 2000, Bruce Callow entrega uno de los dos paneles solares donados a esa emisora.

 

Orlando Valenzuela

Una nota publicada en LA PRENSA a finales de junio de 2004, informando sobre dos campesinos que habían construido una emisora de radio en una comunidad cercana a San José de Bocay, llamó la atención de Bruce Callow, quien en San José, Costa Rica, se enteró del caso a través de la página web de este periódico.

En aquella ocasión, Santos Hernández y su colega José Adán, “traveseando” los circuitos, alambres, un micrófono y una vieja grabadora, lograron crear un transmisor de radio y hasta montar transmisiones diarias con una programación al gusto de los oyentes de su comunidad.

Días después de publicado el artículo, Callow remitió un correo electrónico a LA PRENSA pidiendo mayor información sobre los ingeniosos campesinos, indicando que él es funcionario de la Embajada británica en Costa Rica y que casualmente trabaja en un proyecto de ayuda a radios comunitarias, por lo que trataría de gestionar algún tipo de apoyo a estos muchachos.

Diez meses después de aquella comunicación, Callow volvió a escribir a LA PRENSA para informar que ya estaba listo para viajar a Nicaragua a entregar una donación de equipos a los jóvenes creadores de Radio Stéreo 2000, —pomposo nombre que le pusieron a la emisora rural.

Fue así como el pasado 27 de abril, Callow, que recorrió 447 kilómetros desde San José hasta Managua, y un grupo de amigos británicos acompañados por quien escribe esta nota, viajó rumbo a San José de Bocay, distante 235 kilómetros de la capital.

Sobre la canastera y en la maletera de dos camionetas de doble tracción iban amarradas cajas y sacos conteniendo delicados equipos de comunicación, consistentes en dos paneles solares con sus respectivas baterías, un amplificador de 250 watts, dos equipos de sonido con cassette y CD, dos micrófonos inalámbricos, cuatro radio-receptores, cassettes, alambres y accesorios para ponerlos a funcionar inmediatamente.

El viaje hasta Matagalpa transcurrió normalmente, a pesar de la intensa jornada de violencia que la noche anterior habían protagonizado manifestantes contra policías en diferentes lugares de la capital por el alza al precio del transporte urbano.

IMPREVISTO

Sin embargo, el viaje sufrió un imprevisto cuando el grupo llegó al empalme de San Ramón, distante unos seis kilómetros de Matagalpa, donde un grupo de más de cien campesinos tenían bloqueado el paso y aunque no estaban armados, tampoco estaban dispuestos a dejar pasar ningún vehículo, ni por muy diplomática que fuera su placa.

El grupo intentó convencer a varios de los más gritones que parecían tener algún liderazgo en el grupo, para que dieran pasada a los vehículos, pero fue imposible. Entonces, un funcionario de la Alcaldía de San José de Bocay que iba en uno de los vehículos, sugirió a Bruce que regresara a Matagalpa a pedirle a la Policía que garantizara el paso sin peligro. En la estación policial el comisionado mayor Carlos Espinoza atendió la solicitud del diplomático británico y envió una patrulla a persuadir a los manifestantes para que despejaran el camino.

Pero con lo que el grupo no contaba era que detrás de la patrulla y el vehículo de Bruce Callow iban dos camionetas atestadas de policías antimotines, los que sin embargo venían a prudencial distancia y no fue necesario que entraran en acción, porque al parecer alguien alertó a los manifestantes y éstos se retiraron antes de que llegaran los agentes del orden.

Cuando finalmente el grupo llegó a San José de Bocay a eso de las cuatro de la tarde, ya José Santos Gómez, que estuvo esperando desde las nueve de la mañana, se había regresado a su comunidad, quizás pensando que Bruce Callow y su donación, no llegarían.

Luego de llegar a la Alcaldía, Callow y sus acompañantes se dirigieron a la comunidad La Esperanza, distante unos siete kilómetros al otro lado del río Bocay, el cual pasaron sin problemas porque en esta época de verano baja su nivel considerablemente.

Cuando llegaron a las casitas de la comunidad, ya José Santos y más de veinte personas esperaban para ayudar a llevar los equipos cuesta arriba, pues su casa y la estación de radio se encuentran a unos 600 metros de la carretera, en la cima de una colina.

Uno a uno, los más de veinte campesinos que esperaban la llegada de Callow fueron echándose sacos y cajas al hombro. Una vez en la cima de la colina, Bruce y todos sus acompañantes quedaron sorprendidos de las precarias condiciones de la famosa “radio”.

PRECARIAS CONDICIONES

Un pequeño rancho de ripio y horcones rollizos con techo de plástico negro, alero tapado con hojas de chagüite, piso de tierra y paredes decoradas con hojas de papel periódico, una mesa rústica con un micrófono al centro, un estante de tablas adosado a la pared donde sobresale un televisor blanco y negro de pantalla pequeña, una batería de carro, un viejo VHS y un rollo de alambres, forman la cabina de transmisión de la Stéreo, por donde no sólo se filtra el viento y las voces de los que están afuera, sino que hasta el canto de los pájaros de la montaña y de los gallos de las casas vecinas. Frente a la cabina, otra choza, mas humilde aún, donde José Santos vive con su esposa y sus dos pequeños hijos.

Desde hace más de un mes, José Santos se trasladó a este nuevo lugar, pues aduce que donde antes estaba era muy difícil el acceso para las personas que deseaban enviar algún mensaje por la radio. Su colega José Adán, con el que empezó el proyecto, no se quiso mover de su lugar, por eso ahora encontró un nuevo socio, don Ramón de Jesús Rodríguez, quien le donó el terreno donde funciona la radio y en el que construyó su vivienda.

RADIO DESPUÉS DEL CAMPO

Entre los dos “tempranean” para trabajar en labores agrícolas, y a las nueve de la mañana ya están de regreso haciendo pruebas para reiniciar las transmisiones, las que ahora serán de mejor calidad y mayor duración, pues ya cuentan con energía solar.

La radio está fuera del aire desde octubre del año pasado, cuando llegó una delegación de Telcor, ente regulador de las telecomunicaciones, no a prohibirle las transmisiones, sino a ofrecerles ayuda y accesorios, así como facilidades para obtener una frecuencia y la licencia de operaciones, la cual estará lista en estos primeros días de mayo, según las promesas que les hicieron.

En vista de que José Santos y su colega no tienen un salario, han dedicado el tiempo a gestionar la legalización de la radio y a perfeccionar un poco su “tecnología”. Por eso, José Santos ya cambió la vieja grabadora que le servía de transmisor y ahora usa un VHS que le regalaron, del cual hizo una nueva emisora. “Ésta se oye mejor que la anterior”, dice con sencillez.

El alcalde de San José de Bocay, Lugerio Carrasco, también ofreció ayudar a este par de emprendedores campesinos, cobrándoles el mínimo de impuestos para que empiecen a operar la radio.

AMBIENTE y DD.HH.

Según explicó José Santos, con el traslado de la radio a esta colina de La Esperanza, la emisora logró mayor alcance, pues ahora se escucha hasta a unos ocho kilómetros a la redonda y de las seiscientas personas que asegura lo escuchaban, ahora son más de dos mil quienes sintonizan la radio.

Además de mantener los mismos programas con los que empezó la Radio Stéreo 2000 hace cinco años, todos de corte campesino, con música ranchera mexicana, baladas y corta- pulsos, así como complacencias y un programa evangélico, don Ramón de Jesús dijo que también incluirán un espacio de educación ambiental y otro dedicado a la promoción de los derechos humanos. Ambos agradecieron muy emocionados la donación y todo el apoyo que han recibido.

Bruce Callow dijo sentirse satisfecho de poder ayudar a esta radio dirigida por estos campesinos y prometió enviar ayuda consistente en música de los mejores grupos internacionales de rock y otros ritmos que gustan mucho a los jóvenes.

Explicó que la donación, valorada en más de US$2,800, fue gracias al apoyo de un programa de cooperación de la Embajada británica en Costa Rica.
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