Reportaje especial
“Muleros” extranjeros mejor pagados
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La radiografía muestra el abdomen de un “mulero” lleno de cápsulas con droga.
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Isabel Sánchez AFP
BOGOTÁ.- En un intento por burlar los controles policiales en los aeropuertos internacionales de Colombia, los narcotraficantes usan cada vez más a extranjeros como correos humanos para enviar drogas a Estados Unidos y Europa: un 31 por ciento de los 110 detenidos en Bogotá en 2004, no eran colombianos.
Sabrina Carucci, italiana de 40 años es una de ellas. Recluida en la cárcel de mujeres El Buen Pastor, purga, muy lejos de su país, una condena de ocho años luego que le descubrieron 4.8 kilos de cocaína en su maleta.
Antigua empleada de una empresa de crédito en Canadá, sostiene que está pagando un crimen que no cometió. Dice haber llegado de Venezuela para unos días de vacaciones y que un amigo que conoció en Colombia metió la droga en su maleta sin que ella lo supiera.
“Pero acepté los cargos, me acogí a sentencia anticipada y entonces se me reduce como a cuatro años y medio; porque la única cosa que un extranjero quiere saber es cuál es el camino más rápido para volver a su país”, dice a la AFP.
El director de la Policía Aeroportuaria, coronel Nicolás Muñoz, sostiene que en los últimos años ha ido variando el perfil de las “mulas”, estrato social, profesión, oficio, nivel intelectual e incluso la nacionalidad.
“El año pasado el número de extranjeros fue alto, porque en otros aeropuertos del mundo las autoridades tenían el perfil de que todas las ‘mulas’ eran colombianas, concentraban sus esfuerzos en atrapar a éstos, entonces los narcotraficantes optaron por conseguir ciudadanos de diferentes nacionalidades para despertar menos sospechas”, explica.
En 2004 fueron detenidos 110 correos, 34 de ellos extranjeros. Muchos son consumidores “habituales o esporádicos de droga, que los reclutan en discotecas, bares, en distintos sitios nocturnos, los traen a Colombia y les pagan hotel, están en promedio entre ocho y 12 días en la ciudad”, precisó Muñoz.
Según el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS, policía secreta), las mafias de narcotraficantes pagan actualmente entre 5,000 y 15,000 dólares a los extranjeros para que transporten las drogas ilícitas, mientras que a los colombianos les ofrecen de 3,000 a 8,000 dólares.
“Aquí en El Buen Pastor hay muchas extranjeras: tailandesas, filipinas, turcas, rusas, israelíes, venezolanas, peruanas, por droga y lavado de activos”, cuenta la italiana.
Para ella, lo más difícil fue el choque cultural. “Uno se vuelve muy frío aquí, uno se cierra el corazón, cambia hartísimo. Antes salía con un paquete de cigarrillos y les daba a todas, ahora salgo con dos cigarrillos para fumármelos yo y digo no tengo aunque tenga un cartón que me está esperando en la celda”, señala.
“El choque cultural, el choque de idioma, el choque de la familia, un choque en seguido, uno tras otro. Las ‘gringas’, como nos llaman las colombianas aquí, somos rechazadas, envidiadas, sapeadas (denunciadas), chismeadas; por un lado te quieren sacar todo y por otro lado te hacen la guerra”, afirma la italiana.
Para los extranjeros, asegura Carucci, la situación es aún más difícil. “Uno sale, pero no tiene a nadie afuera, tengo que buscar techo, trabajo, no tengo visa para trabajar, ¿qué me espera fuera de la cárcel?, la etapa dos de la aventura”.

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