MIéRCOLES 11 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23806 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Ofensiva por y contra el DR-Cafta

Los presidentes de tres de los seis países de América Central y el Caribe que están supuestos a formar parte del Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Centroamérica y República Dominicana (DR-Cafta), se encuentran en estos días en gira por Estados Unidos para tratar de convencer a los legisladores estadounidenses que se muestran reacios a aprobar ese acuerdo comercial regional, el cual se considera que es clave para impulsar el desarrollo integral de esta región.

El presidente Enrique Bolaños forma parte del trío presidencial centroamericano que cabildea en Estados Unidos, a pesar de que Nicaragua no ha ratificado legislativamente el DR-Cafta. Es más, ni siquiera se puede asegurar que será ratificado, pues el partido que tiene más escaños en la Asamblea Nacional (el PLC, con 41) se empecina en no aprobarlo mientras no se establezcan mecanismos legales para “garantizar” que los productores nicaragüenses no correrán riesgos de competencia con el DR-Cafta, aunque lo que quiere el PLC en realidad es presionar en favor de la libertad de Arnoldo Alemán. Y por otra parte, el FSLN, con 38 votos legislativos, rechaza el tratado de libre comercio por elementales razones ideológicas.

No es difícil entender la renuencia de algunos legisladores estadounidenses a aprobar el DR-Cafta, pues son personas que tienen estrechos vínculos con las poderosas industrias azucarera y textil de Estados Unidos. Los magnates azucareros estadounidenses no quieren permitir la competencia de nadie en el mercado interno de Estados Unidos, y en el caso de la industria textil, son los sindicatos los que se oponen fuertemente al DR-Cafta, porque la mano de obra centroamericana es mucho más barata que la de Estados Unidos pero tan productiva como aquella.

También es fácil de comprender la resistencia de la izquierda local, al DR-Cafta, pero como hemos dicho antes es una oposición básicamente ideológica. Los izquierdistas no quieren que hayan relaciones comerciales mutuamente beneficiosas de Nicaragua con Estados Unidos. A ellos sólo les interesa la beligerancia anti-estadunidense, como la que practicaron con funestas consecuencias para la nación durante los años del régimen sandinista, y como la practican ahora los regímenes de Fidel Castro en Cuba, y el de Hugo Chávez en Venezuela.

Además, a los izquierdistas criollos no les interesa ni les conviene que la gente progrese económicamente por medio del desarrollo del libre comercio y el fortalecimiento de la economía capitalista —que al fin y al cabo es la única manera de conseguir la prosperidad—, porque entonces el discurso populista y revolucionario ya no tendría razón de ser. El planteamiento socialista es válido también en condiciones de desarrollo económico y prosperidad material, como lo demuestra la experiencia de los países europeos. Pero se trata de un socialismo democrático que no les gusta a los izquierdistas de Nicaragua, quienes no quieren renunciar al extremismo y la violencia.

Y en lo que se refiere a sectores productivos que sin ser izquierdistas se oponen sinceramente a la ratificación del DR-Cafta, lo que pasa es que sienten temor a la competencia, aparte de que les han hecho creer que sólo pueden perder y no tienen ninguna oportunidad de ganar, al competir con economías más grandes y fuertes que la propia.

Como sea, no cabe duda de que están muy claras las razones ideológicas y políticas de los izquierdistas para querer impedir la participación de Nicaragua en el DR-Cafta. Son entendibles aunque no sean justificables. Lo que no se puede ni siquiera comprender es que un partido que se llama liberal y que en sus documentos programáticos proclama los principios en los que se funda el comercio libre internacional, sin embargo, en la práctica bloquea la ratificación del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Centroamérica. Esta actitud del PLC con respecto al DR-Cafta es, sin duda, un caso típico de cambio de principios por poder y, en este caso, por una de las peores manifestaciones del poder, que es la corrupción.

Está bien que los izquierdistas nicaragüenses prefieran una absurda e imposible “alianza bolivariana de América (alba)” hegemonizada por Fidel Castro y Hugo Chávez. Pero que los liberales compartan esa idea reaccionaria y aventurera es algo verdaderamente ridículo, grotesco inclusive.
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