MARTES 10 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23805 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Nicaragua no progresa

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Edmundo Dávila Urbina
edmundodavila@mail.com

En el año 1979, habiendo transcurrido 45 años bajo un gobierno dictatorial pero progresista, Nicaragua alcanzaba un Producto Interno Bruto (PIB) superior a los mil 600 millones de dólares, las exportaciones casi duplicaban las importaciones, el córdoba había sido por largas décadas una moneda muy sólida y estable, los nicaragüenses eran considerados un pueblo apacible, jovial y emprendedor, y se le respetaba en toda la región centroamericana.

Sin embargo, once años más tarde, luego de sufrir el país un régimen totalitario y de cuestionables capacidades, el escenario general era totalmente retrógrado y desolador: el PIB se había reducido casi a la mitad, las importaciones duplicaban las exportaciones, el córdoba se había devaluado a niveles jamás imaginados y Nicaragua era el país más pobre y atrasado de América Latina. Nunca volvimos a sonreír.

Parece imposible recuperarse de una destrucción y un retroceso tan grande como el ocurrido en aquella “noche oscura” de la historia de Nicaragua, de la que el pueblo solamente heredó grandes males económicos, políticos y sociales que hasta hoy en día persisten, como una huella indeleble.

No obstante, vale la pena observar que también otros países centroamericanos han pasado por guerras fratricidas, políticos indeseables, alarmante violencia social, y hasta por devastadores fenómenos naturales, pero a pesar de todo no han dejado de progresar a través del tiempo.

Guatemala, por ejemplo, después de soportar una cruenta guerra de cuarenta años, de haber tenido gobernantes corruptos y totalitarios, de ser el país más peligroso de Centroamérica, ostenta el PIB más grande de la región, que supera actualmente diez veces al de Nicaragua. El Salvador, con una extensión territorial seis veces menor a la de Nicaragua, y luego de convivir por varias décadas con una guerrilla implacable, goza de una economía sólida, dolarizada y cuenta con miles de industrias de todo tipo. Honduras, el eterno compañero de Nicaragua en los últimos lugares, ya dejó de serlo, porque en la actualidad proyecta un futuro económico, político y social mucho más prometedor que el de Nicaragua, a pesar de haber estado sometido durante décadas por férreos cuerpos castrenses y de ser arrasado por el huracán Mitch.

¿Por qué estos países han avanzado con tantos obstáculos al desarrollo y Nicaragua no levanta cabeza y sigue siempre a la zaga de sus vecinos centroamericanos?

Si hacemos un breve y objetivo análisis retrospectivo de la gestión de los gobiernos nacionales desde 1990 a la fecha, podremos apreciar, por ejemplo, que doña Violeta recibió el país totalmente endeudado y empobrecido y a pesar de la buena voluntad que pudo haber tenido para rescatarlo, fue sometida por el recién “derrocado” Gobierno, exigiéndole sus opositores ilimitadas cuotas de poder, a las cuales tuvo que acceder, en aras de una supuesta “transición”. Se obligó por primera vez a un presidente a pactar por la tranquilidad del país.

El gobierno del doctor Arnoldo Alemán, fue víctima del mismo juego turbio de la oposición. Asonadas, presiones, atentados a la gobernabilidad, chantajes, etc. fueron las técnicas intimidatorias empleadas para obligarlo a repartir cuotas de poder cada vez mayores con clara desventaja. Actualmente, vemos al presidente Bolaños entre la espada y la pared, producto de su cuestionada e intrincada estrategia política, con su Poder Ejecutivo minimizado casi a cero, por una Asamblea bipartidaria e impositiva.

Existe un común denominador claramente identificable en los tres gobiernos posteriores al de los ochenta y que los países progresistas de Centroamérica no han tenido que soportar: una oposición obsesiva, dominante e insidiosa que ha obligado a pactar y repactar a los mandatarios de turno, trastornando gravemente su gestión en forma continua y creando conflictos, desorden y confusión general al país.

¿Cómo se hubiesen desempeñado estos gobiernos líbremente, sin la opresión atosigante de estas fuerzas opositoras antidemocráticas? Nunca lo sabremos, pero es obvio que el panorama actual sería mucho más promisorio para todos.

Nicaragua posee invaluables recursos naturales, tiene la extensión territorial más grande de Centroamérica, un pueblo inteligente y trabajador, ventajas que a la fecha no han sabido aprovecharse, por los débiles, inermes y sojuzgados gobiernos.

El verdadero progreso nunca tendrá lugar mientras el pueblo no ejerza el papel protagónico que le corresponde, ni se muestre enérgico defensor de la voluntad que expresó en las urnas electorales, removiendo de su camino y para siempre, el elemento perturbador que ha impedido gobernar normalmente desde el año 1990.

¿Por qué si se vive en una democracia, los nicaragüenses en tantos años, no han tenido hasta ahora la última palabra?

El autor es MBA, Ingeniero en Sistemas de Información.
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