14 días de temblor
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Hace 50 años Mateare sufrió una seguidilla de terremotos que duró unos 14 días. Varias casas se vinieron abajo en parte y ninguna quedó sin grietas. Sin embargo, no hubo muertos ni heridos. Durante varias semanas la gente durmió bajo sus carretas, pero la memoria histórica del hecho aparentemente está por desaparecer |
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Ésta es una de las casas que sobrevivieron a los terremotos de 1955, y también al paso del tiempo.
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Wilder Pérez R.
Hace 50 años los pobladores de Mateare vivieron los días más aterradores de sus vidas. La tierra tembló bajo sus pies, rugió y se abrió, una y otra vez durante 14 días. Todas las casas se dañaron y algunas paredes se cayeron. Fue por pura suerte que no hubo muertos ni heridos.
Medio siglo después, la población de Mateare parece haber olvidado aquel fenómeno. Nadie que haya nacido de aquella fecha para acá lo recuerda. Incluso, quienes se sintieron impotentes ante la fuerza de la naturaleza, tienen problemas con los recuerdos, producto de sus edades avanzadas.
Eso, o la pobreza del municipio, hacen que las construcciones hoy en día sigan siendo débiles ante la potencia de hasta 7.2 Richter que podría desatar otro terremoto originado en la “falla de Mateare”, una de las más temidas por los geólogos nicaragüenses.
“El terremoto no mata, sino el tipo de construcción”, advierte Alejandro Morales, analista del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter).
SANOS PERO NO SALVOS
Entonces, ¿cómo es que nadie murió en Mateare, si las casas, construidas de taquezal, eran consideradas débiles para varios sismos próximos a los 6.0 Richter? “Certeramente ninguna de las paredes se cayeron para adentro, todas cayeron para afuera”, recuerda Luis Bolaños, hoy de 75 años de edad.
Los daños principales ocurrieron producto del sismo de 6.0 Richter del sábado 29 de abril a las 7:30 p.m. Bolaños vivía entonces donde su suegro, Alejo Zamora, y ahí se cayó una pared. Otras tres casas se vinieron abajo parcialmente.
“Menos mal que a nadie le pasó nada, si no quién sabe cómo se hubiera hecho, porque parece que no existía la Cruz Roja, porque no se apareció nadie", comenta Orlando Cárcamo, otro sobreviviente. Sin embargo, hoy tampoco hay filial de la Cruz Roja en Mateare, las más cercanas están a 20 kilómetros de distancia, en Managua y Nagarote.
Tras la primera sacudida, que fue la más fuerte, los pobladores de Mateare salieron a dormir a los patios de sus casas.
“A mis hijos los acomodé debajo de una carreta y nosotros nos acomodamos en una hamaca”, recuerda Isabel Gómez Silva, esposa de Juan Diator, fallecido hace diez años.
La idea fue buena, ya que media hora después hubo otro fuerte temblor. Posteriormente a las 10:00 p.m. y 12:00 p.m., hubo sismos que se sintieron en Nagarote, La Paz Centro, León, Chinandega, La Trinidad, Granada, Diriomo y hasta en El Guanacaste, Costa Rica, según los archivos del Ineter.
El 7 y el 8 de mayo volvió la actividad fuerte, que botó dos ranchos viejos en fincas de Occidente. Todavía el 10 y el 12 de mayo tembló con fuerza.
ACTIVIDAD PROLONGADA
Los relatos de la época van de lo más inverosímil a lo más gracioso, ya que se tienen pocos datos científicos del suceso. Diator relató a LA PRENSA de entonces, que parecía “como si la tierra fuera agua, como si la casa se iba a hundir”.
Morales confirma que se trató de una actividad sísmica prolongada. Sólo en el primer fin de semana se registraron 32 movimientos de tierra en las faldas del volcán Momotombo, y 16 en Managua.
“Los animales del campo salían en desbandada, las loras, los coyotes, el ganado, hacían ruidos asustados, fue similar al terremoto de Masaya (2000), donde la gente vio pasar las culebras, y después, al estudiar los fenómenos, nos dimos cuenta que huían en sentido contrario al epicentro”, relata Morales.
En Mateare, la gente creía que todo era producto del volcán Momotombo, porque en aquellos años los nicaragüenses sólo asociaban los sismos con los conos volcánicos, pero además porque el volcán El Hoyo, desde 1954 estaba afectando la zona con continuos temblores; también el Concepción estaba asustando.
Pero los terremotos fueron producto “indudablemente de la falla de Mateare”, asegura el experto.
Al respecto Diator dijo al reportero Agustín Fuentes, en 1955: “Vi que en la hendidura (grieta por el terremoto) que se había formado, salía algo así como reflejo, como si hubiera fuego debajo”.
Efectivamente, la tierra se había abierto. La grieta alcanzó 20 varas de longitud. Pero Morales duda de aquella luz. “A veces eso es efecto del nerviosismo”, dice, pero aclara que cuando hay un fuerte terremoto, se ve algo parecido al fuego en el horizonte, producto del magnetismo de la Tierra”.
Esto lo confirmó Estebana Ortiz, quien entonces tenía 38 años. “Se miraba como en el terremoto de Managua de 1972, algo rojo arriba”.
Diator incluso vio como unas piedras que había comprado, se las había tragado la tierra. “La tierra se abrió, pero tal vez él creyó que se volvió a cerrar por el polvo que cayó sobre las piedras”, aduce Morales. Gómez no recuerda que su esposo le haya mencionado eso a ella.
CASI AL OLVIDO
Igual que la esposa de Diator, el resto de los que aún sobreviven enfrentan serios problemas para retener en la memoria lo que aseguran fue una de las noches más aterradoras de sus vidas, la del 29 de abril.
“Se me había olvidado, ya en mayo, varios días pasó temblando, y se miraba cómo las ramas de un palo de jícaro en el patio rozaban el suelo, eso era tremendo”, informa Ortiz la segunda vez que LA PRENSA conversó con ella.
“Ya se fue olvidando, yo lo que más me acuerdo fue cuando se cayó la pared, ¡de pronto ese vergazo ahí”, afirma Luis Bolaños.
Cárcamo recuerda que andaba haciendo la visita a la novia, cuando el temblor. Su casa no se cayó, “pero parece que la muchacha no era para mí”, aduce, porque ella murió 13 años después.
Diator no evitó ver su casa caer, porque se desplomó pocos años antes de su muerte.
Y Mateare sigue amenazado. “La falla está activa, lo que pasó se repite”, concluye Moreno.
ACTIVIDAD SÍSMICA
La actividad sísmica que afectó a Mateare en 1955, duró al menos 14 días, y fue producto de la falla que lleva el nombre de ese municipio.
El primer sismo fuerte se sintió a las 7:30 p.m. del sábado 29 de abril de 1955. Su magnitud hoy se calcula en 6.0 grados Richter, con cinco kilómetros de profundidad.
Los temblores premonitores no se sintieron, según el analista del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), Alejandro Morales.
A las 8:00 p.m. del mismo día se sintió la segunda sacudida. A las 10:00 p.m. y 12:00 p.m. hubo otros temblores fuertes, sentidos incluso al sur, en Costa Rica.
La madrugada del domingo 30 de abril se sintió otro sismo de 6.0 Richter, y otro a las 8:00 p.m.
El 7 y el 8 de mayo las sacudidas se sintieron en Managua y León. Hubo ranchos destruidos en las haciendas.
El 10 de mayo se sintió otro terremoto parecido a los más fuertes. La escena se repitió dos días después, para finalizar la agonía.
Mateare es propenso a sufrir terremotos como cualquier parte del Pacífico de Nicaragua, ya sea por las fallas sísmicas locales, por erupciones volcánicas o por sismos originados en la zona de subducción, frente a las costas occidentales de Nicaragua.
Con 72 kilómetros de longitud, la falla de Mateare todavía está activa y es una de las más temidas de Managua.
LARGA DURACIÓN
Alejandro Morales, analista del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), confirmó que no fue un solo sismo fuerte el que sacudió a Mateare entre abril y mayo de 1955, sino una serie de ellos, producto de la actividad de la falla sísmica de Mateare. “Fueron temblores de larga duración, una actividad sísmica prolongada”, aseguró.

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