“Me hice todo para todos”
Trinidad Javier Sevilla trinorex@hotmail.com
“Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros... Vosotros sois la luz del mundo” (Mc 9, 50b - Mt 5, 14)
La historia de la Iglesia se ha tejido en un intenso punto y seguido de pruebas y más pruebas, pues todos los tiempos han sido difíciles para la fe. “Tiempos recios”, como decía santa Teresa de Ávila, y hoy no escapamos a esta realidad que siempre asistida por el Espíritu Santo suscita líderes religiosos que hacen en su momento lo justo y bueno para el bien común. Nicaragua ha sido bendecida con grandes personalidades y a decir verdad ninguno ha sido más que otro porque si alguien da lo mejor de sí al máximo “con convicción y con riesgo por la libertad de los otros” es una persona integral y feliz. Uno de éstos es nuestro cardenal Miguel Obando, profeta y hombre de Dios que anuncia la Buena Nueva y busca la reconciliación, la paz, la justicia y el orden.
¡Gracias Jesucristo porque se cumple tu palabra redentora como signo de la autenticidad de tus representantes! Pues tú dijiste: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros” (Mt 5, 9-12).
Se terminó su actividad pastoral como Arzobispo de Managua y pareciera que nunca nos dimos cuenta que tuvimos la dicha de convivir con un ¡Príncipe de la Iglesia! Que en nuestras tierras visitaba hasta dos parroquias en el mismo día para compartir momentos importantes con la comunidad cristiana, además de sus múltiples entrevistas en la curia y muchos asuntos más. Gracias cardenal Miguel por dejar una Arquidiócesis ordenada y progresista fruto del Primer Sínodo Arquidiocesano (1996-1999) y muchos esfuerzos por el bien, la religiosidad y la dignidad de los nicaragüenses. Materialmente emprendió tres magnas obras para bien del alma: el Seminario La Purísima, la Catedral Metropolitana Inmaculada Concepción de María y la Universidad Católica Redemptoris Mater.
Pero estamos a tiempo para reconocer su eficacia y dejar a un lado las “sombras” de su humanidad, quizás resultado de nuestra pasividad que en vez de colaborar muchas veces le dimos la espalda hasta el punto de exclamar: “¡Yo no conozco a ese hombre!”, aún cuando su lema fue “Omnibus omnia factus” (“Me hice todo para todos”) como digno hijo de Don Bosco. Gracias a nuestro Salomón que decidió ser “consejero para el bien y aliento en las preocupaciones y penas”, hombre cortés, valiente, de mente lúcida, viva voz, de humilde fe y temple de roca; digno de admiración, respeto y agradecimiento por gastar su vida por nosotros.
Gracias cardenal Miguel porque con tu servicio providencial has permitido que la historia de los “nicas” sea encuentro con Dios de la mano de la Virgen María. ¡Gracias Ángel de la Paz! ¡Gracias Águila de Nicaragua! Y termino con una expresión que a menudo pronunciaba, retomando a San Agustín: “Donde hay amor hay sacrificio y el mismo sacrifico se convierte en amor”.
El autor es estudiante de teología en la Universidad Católica Redemptoris Mater, Managua.

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