SáBADO 7 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23802 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Criminalidad forestal

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Franklin Bordas L.
eye@cablenet.com.ni

La industria de la madera nada tiene que ver con la criminalidad forestal. Según algunos estudiosos del avance de la frontera agrícola en Nicaragua, la pérdida de masa boscosa anual es de aproximadamente 13.8 millones de metros cúbicos (O. Faurby). Si la industria consume un promedio de 400 mil metros, incluido el contrabando, realmente su consumo no alcanza siquiera el 3%. Esto significa que tratar de detener el crimen forestal con moratorias para el sector (en discusión actualmente), va a detener la industria, pero el 97% de deterioro al bosque va a continuar. Al contrario la tendencia visible es hacia un incremento de los daños al bosque.

“Foresticidio” o escándalo forestal, son algunos titulares en las noticias que como las modas de verano conducen a una especie de paroxismo ambiental. Cada año el tema se recalienta como a fuego lento, y se da pie a una frenética cacería de delincuentes forestales, que al final a nadie deja entre rejas porque simplemente no se logra encontrar culpables.

Los árboles al igual que todos los seres vivos, tienen su ciclo de vida. Al alcanzar su punto de maduración, comienza el proceso de envejecimiento, entonces su deterioro posterior es inevitable. Si el árbol no se aprovecha en su tiempo justo, como cualquier otro cultivo, se perderá. Los productores forestales aducen que las moratorias no son decisiones de beneficio para el país. Las disposiciones legales que prohíben el uso del bosque desmotivan a los propietarios a continuar haciendo controles de fuego, plagas y otras acciones para garantizar el aprovechamiento sostenible de los recursos forestales.

Aprendamos de la amarga experiencia del municipio de Jalapa que prácticamente perdió todo su bosque. Después de ser el más hermoso territorio de coníferas del país fue destrozado por la plaga del dendoctronus frontalis, mejor conocido como el gusano descortezador del pino. La lección —explican los propietarios de bosque—, comienza con una ordenanza municipal que prohibió la extracción de madera. Los dueños de bosque descuidaron sus fincas, pues no había oportunidades de negocio. Como resultado de esto aumentaron la densidad de los mismos y los incendios. El gorgojo primero atacó los árboles viejos y los más jóvenes, y finalmente los árboles sanos, que siendo debilitados por el fuego fueron también presa fácil de la plaga, hasta convertir esos verdes paisajes de Jalapa en desolados páramos enrojecidos por la enfermedad de los árboles.

La industria de la madera no es la culpable de la desaparición de casi 14.0 millones de metros cúbicos de masa forestal anual. No podría culparse a la cadena forestal en su conjunto, pues no cuenta con las capacidades de procesamiento de tan colosal volumen ni toda Centroamérica junta. Entonces, ¿contra quién luchar para cambiar esta situación?

Cultura campesina y valor forestal son los enemigos a enfrentar. Para la población rural cuidar un árbol 20 ó 30 años no le significa ingresos, pero le es rentable sembrar frijoles o maíz, o plátano o zanahorias o cebollas. Los árboles estarían ocupando un lugar improductivo, por lo que se cortan y queman. Así, Nicaragua va sufriendo los estragos en sus bosques. Campesinos que necesitan tierras para sembrar más, y también ganaderos que necesitan más pastizales para su ganado.

Si ya está clara la situación del porqué se pierde y quema bosque, hay que buscarle solución. Al campesino que cambia el uso del suelo no se le persuadirá con persecución o discursos, serán necesarios recursos financieros, además de programas y proyectos. Se hace necesario que grandes agricultores y ganaderos participen de la nueva ola agroforestal, entendiendo que además de la protección del medio ambiente, los árboles también son negocio. Esto posiblemente dará el efecto “halo” necesario, para que los pequeños propietarios siembren y cuiden árboles en vez de sustituirlos.

El Gobierno y el sector privado necesitan hacer alianzas como verdaderos defensores de los recursos forestales. Hay que estudiar a fondo el problema y buscar soluciones. La industria forestal debe crecer; ésta constituye el más importante eslabón de la cadena, que brindará seguridad a los productores del campo. Si la industria crece, se garantiza la compra de madera y por tanto los pobladores rurales podrán ser motivados a cuidar el bosque, combatirán incendios y lucharán contra plagas. De seguro entonces la criminalidad forestal será cosa del pasado

El autor es Consultor Forestal.
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