Extraviado hombre
Rafael A. Mitre Peñalba
Oh, extraviado hombre sin horizonte, con el rostro hecho migajas avergonzado de convicción has perdido los pies y los buscas sonriéndole a la gente. Harto estás de la madera y de sus titiriteros monótonos de los teatros y de sus paredes acústicas de los laberintos de luz y de sus posibles ofuscaciones. Indiferente. Intrincado de sombras cuyas dimensiones exceden a la noche misma no te queda más que usar esa máscara de locos.
Cuerpo desprendido
Sos en mis sueños un dorso cobarde que no me engaña. Al venir la mañana te volvés, oculta por el sol a sofocar mi cuerpo, culebra renuente. Si me vez, abrís la roca donde vive el agua seca, Donde los hombres moran en granos de arena. A veces creo en otro significado de deseo y negación, otras, en la ruta del viento y en el cambio de las dunas… No se irá la mirada fría de la llave, tampoco el imposible de jugar al rompecabezas y armarte. Se cremará por completo tu savia, y entonces la urna tendrá el espacio de un puño cerrado y tu ausencia del mundo será el símbolo de los oráculos rotos, las preocupaciones del respeto a la palabra o a la útil belleza. Cuerpo desprendido, realidad forzada en la caja del sueño; mis manos tocarán el seco despojo de tu presencia, Y unirán el eslabón de mi nombre a la molécula de tu indignación. 
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