Primavera mortuoria
Gioconda belli
Empieza la primavera. Bajo la grama de los cementerios los huesos dormidos recuerdan la lluvia cayendo tras blancas ventanas. Desde el tren, sobre el verdor las lápidas lucen alertas. Imagino los laberintos subterráneos donde la vida que fue discurre su olvido.
Vivo épocas de odio e incomprensión. A diario el sonido de innumerables muertes se propaga por el aire. Los cementerios son visitados por huéspedes inesperados. Jóvenes soldados se despiden de la vida
en ceremonias solemnes y desconsoladas. Al otro lado del mundo en la tierra del Paraíso Terrenal los vecinos llevan cuenta de los niños y madres segados por balas perdidas, de los hombres que no regresaron jamás.
La primavera en los cementerios es una alfombra mullida de pasto y flores silvestres. Los abedules, los sauces, las encinas y los robles reverdecen bajo el sol.
Duermen los huesos mientras el recuerdo de la lluvia en ventanas blancas hace llorar a los vivos que permanecen.
Abril, 15, 2004
Eternidad de pájaro
¿Qué piensa el pájaro acomodado en la techumbre, mirándome?
Este pájaro moderno, del siglo XXI ¿se percata de los cambios?
¿O es que su conciencia no tiene memoria y para él toda la historia desde el primer pájaro en la primera rama, ha sido un continuo, eterno presente?
Si viviéramos un día ¿existiría la historia? Conciencia, entrégame tu secreto.
Enero de 2005
Las palabras
Envolviéndome con sus anillos, bajando serpientes por mi pelo, las palabras encuentran a su paso las imágenes, la vida impresa de mi sangre: se la beben, me absorben, me dominan, se enroscan en mi piel para estrujarme, nada existe de mí que no sean ellas vividoras feroces de mi plasma. En mi centro plantan de nuevo el árbol, lo cargan de manzanas, de mangos, de cerezas, callan a Dios, prometen revelarme la belleza que busco y que me evade. 
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