Rafael Mitre: ¿Cuál es el sueño del poeta?
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Rafael Mitre. |
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Marta Leonor González
Reconociendo como sus maestros a Octavio Paz y Pablo Neruda, Rafael Mitre Peñalba habla de tomar en serio el oficio de poeta. Es Arquitecto, nació en Matagalpa el 26 de septiembre de 1981 y actualmente forma parte del equipo de la Revista Tarentella Literaria, misma que cofundó con Daniel Ulloa y Mario Lanzas Benavente en Matagalpa, y cuyo contenido se abre a una propuesta artística cosmopolita.
De muy joven, Mitre empezó haciendo versos de amor, “como todo chavalo hacía poemas de enamorado. Después comenzó mi etapa de voraz lector y aquí me tenés atrapado por la lectura de los grandes maestros, el existencialismo y los sueños los dos temas de mi poesía”, dice.
Para Mitre Peñalba, los sueños —alimentos poéticos— de los que se nutre, funcionan como el mismo poema, con esas cargas intensas de emociones, que hacen que el texto cobre un espíritu propio. Y sostiene que como el poema “un sueño nos está diciendo algo y lo podemos interpretar de distintas maneras”.
En ese lúdico y mágico mundo de los sueños aparece la parte creativa del escritor donde Rafael Mitre Peñalba, con sus figuras poéticas, aborda los mitos de la experiencia diaria.
Cabe preguntarse al leer los poemas de Mitre ¿Cuál es el sueño del poeta? ¿Cuál es la poesía del sueño? Versos escritos en dos dimensiones, desde múltiples yo poéticos.
Y nutrido de esa poesía de los grandes maestros, Rafael Mitre se abre paso con una poética surrealista y nostálgica, con intenciones decontructivistas. Así, la poesía le devuelve su propia identidad fragmentada en sueños y poesía existencialista que comparte rasgos sobresalientes con la poesía contemporánea de los nicaragüenses Manolo Cuadra, Álvaro Urtecho y Carlos Martínez Rivas.
Y en esa búsqueda, la lectura de la poesía de Mitre nos ofrece ciertas claves que encontramos sin buscar, atajos que nos ofrece el artista hacia la comprensión de su universo: la poesía de los sueños, conjunto de esas claves secretas y públicas.
Lo mismo puede decirse de su estética: el lugar de la escritura existe en la lógica del sueño, en lo frágil y lo absurdo del cuerpo, de la realidad y lo que le rodea. 
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