SáBADO 7 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23802 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




La elección en la OEA y Nicaragua

Mucho se ha comentado que la elección del chileno José Miguel Insulza como nuevo Secretario General de la OEA, fue una derrota para Estados Unidos que por primera vez desde que se constituyó ese organismo intergubernamental hemisférico, en 1948, no pudo “imponer” a su candidato.

En realidad, al quedar vacante el cargo de Secretario General de la OEA, por la renuncia del costarricense Miguel Ángel Rodríguez —quien fuera acusado en su país por delitos de corrupción—, Estados Unidos propuso para sustituirlo al ex Presidente salvadoreño Francisco Flores, mientras que varios países suramericanos postularon al chileno José Miguel Insulza y México a su Canciller, Luis Ernesto Derbez. Pero Flores declinó a última ahora y entonces Estados Unidos respaldó al candidato mexicano.

Posteriormente, ante el persistente empate entre Insulza y Derbez, la Secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, negoció exitosamente un acuerdo que permitió elegir al candidato chileno casi por consenso —sólo con el desacuerdo de Perú y Bolivia—, de manera que en estricto sentido político y jurídico Insulza fue en realidad electo como candidato de Estados Unidos.

En todo caso, si hubo perdedores en esa elección serían Centroamérica y México (es decir, Mesoamérica), región a la cual pareciera estar vedada la Secretaría General de la OEA.

En efecto, desde que fue fundada el 30 de abril de 1948 la OEA ha tenido 8 secretarios generales y todos ellos han sido suramericanos, aparte del estadounidense Luigi R. Einaudi, quien durante el último año desempeñó el cargo de manera interina. Los secretarios generales que ha tenido la OEA son: Alberto Lleras Camargo, colombiano, de 1948 a 1954; Carlos Dávila, chileno, de 1954 a 1955; José A. Mora, uruguayo, de 1956 a 1968; Galo Plaza, ecuatoriano, de 1968 a 1975; Alejandro Orfila, argentino, de 1975 a 1984; Joao Clemente Baena Soares, brasileño, de 1984 a 1994; César Gaviria, colombiano, de 1994 al 2004; y ahora José Miguel Insulza, chileno. Lamentablemente, cuando por fin se eligió a un centroamericano, el costarricense Miguel Ángel García, éste sólo retuvo el cargo durante dos meses: septiembre-octubre del 2004.

Sin embargo hay que reconocer que a esta exclusión de Centro y Mesoamérica contribuye la falta de solidaridad y en algunos casos hasta cierto complejo de inferioridad geopolítica que hay en los países del área. Eso se manifiesta en hechos como el de que no todos los centroamericanos respaldaron la candidatura del salvadoreño Francisco Flores, mientras que en Nicaragua se menospreció la postulación de un compatriota para el cargo de Secretario General de la OEA.

En todo caso, la elección del nuevo Secretario General de la OEA tiene mucha importancia para Nicaragua, ya que el gobierno del presidente Bolaños demanda la aplicación de la Carta Democrática Interamericana en defensa de la institucionalidad democrática del país, que ha sido agredida por los partidos caudillistas FSLN y PLC.

Seguramente por eso fue que inmediatamente después de la elección del nuevo Secretario General de la OEA, el Canciller de Nicaragua, Norman Caldera, subrayó en su discurso ante la Asamblea General de dicho organismo que: “Debemos hacer realidad la democracia donde quiera que se vea amenazada. En este sentido, tiene un carácter sumamente importante practicar la acción preventiva. Hacer realidad la Declaración de Managua que nos pide anticiparse y prevenir las causas mismas de los conflictos. No queremos que la OEA haga presencia cuando los hechos negativos que atentan contra la democracia, la separación e independencia de poderes, la institucionalidad, ya se hayan consumado. No queremos acciones post mortem; no queremos una carta forense. Ése es el desafío central de esta Organización”.

Tiene razón el Canciller. La OEA debe ser más beligerante ante la crisis de Nicaragua y actuar antes de que la democracia sucumba y el país sea anexado, como furgón de cola, al eje anti-democrático del chavo-castrismo en América Latina.
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