MIéRCOLES 4 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23799 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Sin “animus blasfemandi” ni “animus injuriandi”

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León Núñez

La elección del Papa fue el tema que el pasado 23 de abril ocupó la atención de los miembros de la peña literaria El Bejuco de Acoyapa. El presidente de la peña expuso cómo se imaginó que había sido el cónclave que eligió al Papa Benedicto XVI. Nos dijo cómo se imaginó sus interioridades. Nos contó con lujo de detalles cómo se imaginó que habían sido las negociaciones finales, y digo, finales, porque en la peña se imaginan que las negociaciones entre los cardenales empezaron antes del cónclave.

También en la peña se imaginaron los resultados de las tres votaciones de las que no salió humo blanco. Se imaginaron cómo habían votado los cardenales. Se imaginaron con cuántos votos Joseph Ratzinger había ganado la elección papal. Es más, se imaginaron que la elección había sido reñidísima; que el cardenal Obando, en las tres primeras votaciones, había quedado en segundo lugar, a un voto de Ratzinger.

En el preciso momento que me disponía a enviar para su publicación un artículo en el que yo exponía todo lo que en El Bejuco se habían imaginado sobre las interioridades del cónclave recibí una llamada telefónica del presidente de la peña diciéndome que suspendiera la publicación de ese artículo. Me dijo que recordara la reacción que produjo la publicación del artículo Un Papa chontaleño; que la peña no quería volver a causar la “ira santa” del ala fundamentalista del torquemadismo pueblerino de este país, que como es sabido es el peor de todos los torquemadismos.

A mí me hubiera gustado publicar el artículo porque en la imaginación de El Bejuco el desarrollo del cónclave fue sumamente interesante. Sin embargo, tengo que acatar la orden del presidente de la peña porque yo soy un simple portavoz. Yo publico únicamente lo que él me autoriza.

Yo no estoy de acuerdo con la decisión del presidente de la peña. El hecho de que los abanderados del torquemadismo, con su asfixiante infalibilidad, no comprendan la dialéctica metafórica del humor, no debe impedir la publicación de los ejercicios imaginativos de los miembros de la peña, quienes siempre han recibido con complacencia intelectual cualquier tipo de crítica, por muy torquemadística que sea.

Ésta es la segunda vez que el presidente de El Bejuco me prohíbe publicar algo relacionado con la imaginación de la peña. Recuerdo que la primera vez fue hace varios meses. En ese entonces, mis paisanos se imaginaron un triunvirato de gobierno formado por Álvaro Robelo, Haroldo Montealegre y Leonel Teller. Como me pareció estéticamente interesante la tesis “triunviralesca” de mis compañeros de peña, la publiqué por medio de un artículo en el Diario La PRENSA.

El artículo causó un gran disgusto a los miembros del triunvirato. ¿A qué se debió ese disgusto si en dicho artículo no se ofendió a ninguno de los triunviros? Ante esta reacción, el presidente de la peña me dijo que no escribiera otro artículo publicando los nombres de los ministros que, conforme la imaginación de la peña acoyapina, podrían formar parte del gobierno del citado triunvirato. El artículo mediante el cual yo daba a conocer la lista de ministros y el por qué de sus nombramientos, ya lo había redactado cuando me prohibieron su publicación. El artículo lo había titulado El gabinete de la pata de gallina.

Voy a pedir a la peña en pleno que deje sin efecto lo ordenado por su presidente, y que me autorice a publicar, en primer lugar, el artículo sobre las interioridades del cónclave, y en segundo lugar, el artículo sobre los ministros de la “pata de gallina”.

Si se accediera a mi petición, y sin entrar a considerar el actual debate psicológico sobre si hay o no hay “animus jocandi” o “animus jodiendi” en el quehacer analítico e imaginativo de la peña, quiero garantizar a mis lectores que en los dos mencionados artículos no existe el “animus blasfemandi” por el cual el torquemadismo me mandaría gustoso a la hoguera, así como tampoco existe el “animus injuriandi” que los distinguidos triunviros, por una lectura equivocada, podrían atribuirle a la peña.

El autor es abogado y escritor
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