MIéRCOLES 4 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23799 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La gente quiere diálogo

Sin duda que la mayor parte de los nicaragüenses prefiere el diálogo, la negociación y el acuerdo como medios de solución de los problemas nacionales, en vez del enfrentamiento y la violencia callejera que nada resuelve y todo lo agrava .

Según la más reciente encuesta de M&R Consultores, publicada ayer por LA PRENSA, un 40.8 por ciento de personas consultadas opinó que “el Gobierno debe volver al Diálogo Nacional, sea que cumpla o no Daniel Ortega”, pues el 77.8 por ciento de los mismos encuestados considera que el líder sandinista no ha cumplido los compromisos suscritos en las negociaciones con el Gobierno. Sin embargo, un 39.5 por ciento —o sea, casi el mismo porcentaje que opina que el Gobierno debe reanudar el diálogo con el FSLN y su aliado PLC aunque Ortega no cumpla lo que firma—, piensa que el presidente Bolaños debe regresar al diálogo “solamente si Ortega y el FSLN cumplen con los compromisos firmados desde el inicio”.

Por motivos técnicos esta encuesta se levantó únicamente en Managua, pero por múltiples razones debemos asumir que en todo el país la gente piensa igual. Es decir, que mayoritariamente los nicaragüenses no están de acuerdo con la violencia y se pronuncian a favor del diálogo y de la búsqueda de acuerdos negociados. Pero además quieren que los acuerdos se cumplan de manera honorable.

En realidad, la gente común y corriente tiene muchos motivos para no querer la violencia y para creer que aún con todas las triquiñuelas e incumplimientos de políticos como Daniel Ortega y los del PLC, el diálogo es preferible antes que los enfrentamientos callejeros y las asonadas.

Se dice fácil que la última o más reciente asonada sandinista costó al país unos 100 millones de córdobas que significan más o menos 6 millones de dólares. Y más fácil resulta decir que esas pérdidas las debe pagar el Estado. Pero el país y el Estado son únicamente ficciones jurídicas, no existen en la realidad ni le pagan nada a nadie. Quienes de verdad tienen que pagar los daños causados por las asonadas sandinistas y cualquier otra forma de violencia política y social, son las personas honradas y trabajadoras que con el dinero de sus impuestos forman el tesoro público que gasta el Estado.

Desde el año de 1990 cuando comenzó la construcción de la democracia, han ocurrido en el país unas 25 asonadas sandinistas y como promedio cada una de ellas provocó pérdidas por 100 millones de córdobas, de manera que a estas alturas el monto general de los daños sería de unos 2,500 millones de córdobas. Y si a eso se le agregan los costos de las piñatas sandinistas, de las quiebras bancarias fraudulentas, de la corrupción de Arnoldo Alemán y compañía, del saqueo despiadado del erario que practican las cúpulas del FSLN y el PLC que controlan los poderes del Estado, etc., significa que la carga sobre la población que trabaja, produce y paga impuestos es realmente colosal.

¿Cuántos hospitales y equipamientos clínicos; puestos de trabajo; escuelas y accesos escolares; viviendas populares; carreteras y caminos de penetración; obras de interés social en fin, se habrían podido crear y establecer en el país con toda la riqueza que se han apropiado abusivamente las cúpulas sandinista y liberal, o que la han despilfarrado con las asonadas y otras formas de violencia política y social que practican a menudo?

Sin embargo, en medio de esa desolación es alentador saber que la mayor parte de los nicaragüenses repudia la violencia, quiere que las controversias se ventilen por medio del diálogo y que los problemas se resuelvan a través de la negociación y los acuerdos. Esto significa que todavía existe la esperanza en que el mismo pueblo nicaragüense puede ser capaz de resolver el problema de la violencia y la corrupción institucionalizadas, expresándose por medio de la más importante modalidad de diálogo que hay en el sistema democrático, cual es la celebración de elecciones competitivas, libres y limpias.

Las elecciones libres y limpias son, pues, la última esperanza de Nicaragua. Por eso es de primordial importancia impedir que la dictadura bipartidista liberosandinista perpetre un gran fraude electoral que podría arrojar al país a una nueva vorágine de violencia y destrucción.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

La gente quiere diálogo