El llanto
Alfonso Dávila Barboza
Las estimables amigas Amalia y Lily Soto, distinguidas en la vida profesional, la primera experta en sicología y la segunda periodista titulada y con un doctorado en sociología, me hicieron llegar como regalo un folleto todo sentimiento intitulado: Déjame llorar.
Este texto es todo un contenido de aspectos muy propios de la filosofía, sicología experimental y muchas reglas de la metafísica. Es su autor el escritor Anji Carmelo. En verdad no se puede negar que Carmelo se profundiza en el sufrimiento y la pena total que vivimos y sentimos los que hemos perdido seres queridos, y Amalia y Lily en el folleto enviado estimaron muy cabalmente la crisis moral y afectiva que vivo por la muerte de mi inolvidable esposa Olga.
Carmelo le rinde con mucha ternura el significado del llanto, pues el mismo resulta en su momento exquisito bálsamo y reconfortante panacea que es un control bastante temporal de la crisis de las nostalgias y la vida, ausencia de nuestros seres queridos ya en el Reino de Dios; reconozco con amor y afecto que el llanto es un alivio y que por tanto es necesario expresar nuestra angustia y dolor afectivo llorando. La vida es todo un placer y dolor y de los placeres son devotos sin pena ni gloria los hedonistas.
Nuestro padre Jesús lloró la muerte de su amigo Lázaro pidiendo luego a Dios ayuda para que su amigo Lázaro resucitara y frente al sepulcro de aquel Jesús dijo: ¡Lázaro, debes levantarte y ven con nosotros!
Lloró Jesús agonizando en el madero del tormento y también lloraba su madre. Finalmente manifestó que muchos personajes bíblicos han llorado a lágrima viva sus duras aflicciones, el Rey David lloró la muerte de su hijo Annón y también la de su traicionero hijo Absalón.
Por Cristo y su pasión comprendamos los cristianos que el llanto es un gran aliado que nos facilita tener convivencia siempre con nuestros seres queridos. ¡Así sea!
Abogado, Masaya

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