Revisión aduanera
Augusto C. Corrales
Cuando leí la carta del señor Pedro Rafael Gutiérrez Doña, titulada “Residente”, publicada en LA PRENSA en días pasados, recordé lo que me ocurrió mientras entraba a Nicaragua en mi vehículo con placa costarricense. El oficial me pidió que le mostrara la cédula de residencia, pero yo la tengo en trámite. De igual forma me dijeron que podía “dar algo” para pasar por alto el trámite, pero yo argumenté con documentos en manos que mi estatus en Costa Rica es legal.
De regreso me causó tanta indignación el hecho de que en tierra nicaragüense me revisaran el carro como si yo estuviera entrando, cuando realmente estaba saliendo, aparte de lo engorroso que es hacer un trámite con una joven que parece nunca haber tomado un curso de relaciones humanas (empleada de la DGI, ventanilla 3). Hay que firmar un montón de documentos pero irónicamente hay un rótulo que dice “simplificamos sus trámites agilizándolos”. Para salir de ahí tardé dos horas, mientras que en Costa Rica donde sí debían revisar el auto adecuadamente, sólo duramos 20 minutos.
Es obvio que Nicaragua nunca avanzará mientras tengamos funcionarios de esa índole. Por todo esto invito a que reflexionemos sobre la frase: “Nunca te cruces de brazos ante un problema, recuerda que el hombre más grande del mundo, murió con los brazos abiertos”.

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