Turisteando
Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Si hay algo de lo que nos podemos sentir orgullosos es de la inagotable fuente de recursos naturales para el turismo. Durante Semana Santa tuve la oportunidad de repasar lo que en el pasado ya había hecho: Granada y su belleza colonial, adornada con la majestuosidad de su lago y del incomparable “tour de los ricos y famosos” de las isletas, cantado por el botero al paso de cada isla: “la isla de los Pellas...”, “la isla de los Chamorro...”, “la isla de los Gurdián...”, “la isla del Tico...”.
El volcán Masaya, vomitando humo todavía y al que del fondo se escuchan los lamentos de las víctimas sacrificadas por Francisco de Bobadilla, ofreciendo en salvajes holocaustos la vida de niños y mujeres para ofrecerle al “demonio” que había adentro. Contrasta con la historia y la belleza escénica del volcán la tarifa del más del 200 por ciento que le cobran al extranjero que al nacional, un porcentaje desproporcionado y que aleja al turista.
León por su parte, exhibe al mundo la Catedral, divinamente custodiada por los restos de Rubén Darío, Salomón de la Selva y de Alfonso Cortés, producto incomparable del “cerebro” de la nación. Por cierto que la carretera vieja debe ganarse el premio a la peor carretera de Nicaragua, totalmente destruida y en palpable abandono.
Unido a esto, la visita a las ruinas de León Viejo es una cátedra histórica llevados hasta ahí en una perfecta carretera hasta el propio lugar. Y a sólo una hora de San Jorge en Rivas, montados en un ferry cómodamente sentados, llegamos a Ometepe, paraíso al que en algún momento Mahoma tuvo la oportunidad de visitar y donde el tiempo se paraliza en el reloj, sobrecogidos por la imponente presencia del volcán Concepción. Queda mucho más...

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