JUEVES 31 DE MARZO DEL 2005 / EDICION No. 23765 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Triste destino de fiel amistad

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. Una niña de 9 años que jugaba con su hermanito sobre una lámina de poroplast en el lago de Managua, se ahogó cuando el objeto flotante se les dio vuelta en una parte profunda. Su vecino que observaba a cierta distancia la fatalidad corrió desesperadamente en su ayuda, pero con tan mala suerte que murió en el intento

Fidelina del Socorro Ortiz, de 36 años, lloró largamente junto al cadáver de su niña de 9 años, y lamentó muchas veces el no haber estado cerca a la hora del incidente para rescatarla de la muerte.

 

Carlos Martínez Morán

El día empezaba a calentar cuando Magali Zeledón González y su hijo Kester Alexander comenzaron a caminar hacia una pequeña arboleda, situada a unos 200 metros de su casa. Iban con prisa a buscar algunas ramas secas que utilizarían para encender el fogón y preparar el almuerzo de ese día, 21 de marzo.

“Eran casi las 10:00 a.m. cuando salimos de la casa. Quería que mis hijos comieran temprano y por eso le dije a Kester que recogiéramos rápido la leña y regresáramos a hacer la comida”, indicó la mujer.

Desde muy pequeño, Kester Alexander salía con ella a realizar ese trabajo o los mandados de la casa. Era el mayor de sus cuatro hijos y el más preocupado de su familia. A él no le gustaba que su madre fuese sola a la pequeña arboleda, ubicada a orillas del lago de Managua, porque temía que algo malo le ocurriera. “A pesar que tenía sólo 14 años, él era bien juicioso y le gustaba ayudar a la gente en sus necesidades”, expresó Magali Zeledón.

FATALIDAD

Pero aquel día, mientras ambos se encontraban en plena faena, se produjo el acontecimiento que llenaría de luto y dolor a dos humildes familias de Los Bajos de Acahualinca, en el Distrito Dos de Managua.

La niña Maryorit Elieth y su hermanito Josué David, quienes flotaban sobre un pedazo de poroplast en las turbias aguas del lago, se empezaron a ahogar al caer en una parte profunda. Griselda Liseth y Olga del Carmen, hermana y prima respectivamente de éstos, observaban angustiadas desde la orilla la fatalidad de los pequeños, y en un desesperado intento por rescatarlos del peligro, se lanzaron al agua, olvidándose de que tampoco ellas sabían nadar. Como resultado ambas niñas, de 12 años cada una, también se empezaron a ahogar.

Al enterarse de aquella terrible escena Kester Alexander, quien cortaba leña a cierta distancia, abandonó el trabajo que realizaba y corrió a toda velocidad en dirección al lugar donde se producía la emergencia. Supo en ese momento que los niños que se ahogaban eran sus vecinitos y que entre ellos se encontraba Maryorit Elieth, su mejor amiguita en el barrio, con quien se sentaba por las tardes a estudiar en el patio de su casa.

Sin reparar en el peligro, se lanzó de cabeza al agua, pero su cuerpo no salió a flote.

“Yo traté de detenerlo, diciéndole que no se metiera porque el lugar es muy profundo. Traté de decirle que él no sabía nadar y que podía morir. Pero no me escuchó. Cuando llegó a la costa todavía me volteó a ver y pude darme cuenta que iba llorando. Después se lanzó de cabeza y desapareció en el agua”, expresó Magali Zeledón con el rostro bañado en lágrimas.

El muchacho murió en el intento, al igual que su amiguita Maryorit Elieth Ortiz, de 9 años.

PESCADORES LOS RESCATAN

Familiares de la niña indicaron que ella y los tres menores que le acompañaban, no tenían pensado ir a bañarse a ese lugar. “Pero salimos al monte a buscar leña. Cuando estábamos ahí, nos fuimos dentro de un lodazal y todos nos ensuciamos. Yo les dije que nos regresáramos a lavarnos a la casa, pero no sé por qué nos fuimos a la costa de la playa”, indicó Olga del Carmen.

Entre sollozos explicó que mientras se lavaban los pies, descubrieron un pedazo de poroplast que flotaba en el lago. El viento lo empujó hacia ellos, y cuando el objeto llegó a la orilla, todos se alegraron. En ese momento surgió la idea de bañarse y jugar con aquel cuerpo flotante. Maryorit Elieth y su hermanito Josué David, de 9 y 10 años respectivamente, fueron los primeros en introducirse al agua, pero estaban tan contentos que no se enteraron de que el viento los alejaba de la costa.

“Cuando se percataron, estaban en una parte profunda y empezaron a chapalear hacia la orilla. Griselda Lisseth y yo estábamos en la costa y les gritábamos que tuvieran calma, que íbamos a buscar ayuda, pero en ese momento el poroplast se les dio vuelta y empezaron a ahogarse”, indicó.

Relató que al ver su desesperación, ella y su prima se lanzaron al lago para sacarlos a la orilla, pero en el intento tragó tanta agua que hasta se desmayó. “Cuando desperté me dijeron que Maryorit se había ahogado y que el cuerpo todavía lo andaban buscando. También me dijeron que el vecino de nosotros, que se llama Kester Alexander, se había ahogado al tratar de salvarla”, expresó.

La triste experiencia será recordada por mucho tiempo en Los Bajos de Acahualinca, donde los familiares de las víctimas aseguran que la tragedia pudo haber sido peor si en ese momento no hubiesen estado unos pescadores cerca del lugar del suceso. Todos habrían tenido una muerte segura, si aquellos hombres que tendían sus redes con el agua a la cintura, no hubiesen corrido a rescatar primero a la que se había desmayado. Luego a Josué David y a Griselda Lisseth, quienes luchaban por mantenerse con vida. Pero no lograron salvar a Maryorit Elieth ni a Kester Alexander.

EN EL ABANDONO

El asentamiento Los Bajos de Acahualinca es habitado en su mayoría por personas que sobreviven de los desechos que encuentran en el basurero municipal La Chureca.

Desde tempranas horas del día, la mayoría de hombres y mujeres se trasladan a ese sitio para recoger plásticos, metales, botellas de vidrio y otros desechos que luego lavan en sus casas para venderlos en algunos centros de acopio de Managua.

Los Bajos de Acahualinca está ubicado al noroeste del barrio Acahualinca y sus habitantes calculan que surgió hace unos 20 años. La mayoría de las casas de ese lugar son de plásticos viejos y de otros objetos que encuentran en La Chureca.

Pese a la contaminación de las aguas del lago, también realizan labores de pesca y el producto lo venden en algunos lugares de Managua.

CONSTERNACIÓN POR LOS FALLECIDOS

La muerte de los menores generó mucha conmoción en Los Bajos de Acahualinca. Familiares de las víctimas lloraron desconsoladamente a orillas de la costa, esperando que el lago regresara los cuerpos.

Fidelina del Socorro Ortiz, madre de Maryorit Elieth, se presionaba el pecho con sus manos y entre gemidos hacía esfuerzos por soportar el trance.

Cuando el cuerpo de su niña fue recuperado, la mujer lloró largamente frente al cadáver, y mientras le acariciaba el rostro, se lamentaba de no haber estado cerca para salvarle la vida.

Entre sollozos relató que a la hora del suceso se encontraba laborando como doméstica en una casa de habitación. La mala noticia se la transmitió un niño que le llegó a decir que su hija se había ahogado. En un principio no creyó, pero sus dudas se disiparon cuando la confirmó con unos vecinos que encontró en la calle.

Agregó que jamás imaginó que le ocurriría una tragedia como esa, pues aseguró que sus hijos no acostumbraban bañarse en el lago.

“Aunque durante el día, ellos permanecían solos en la casa, nunca me di cuenta que iban a ningún sitio, ni mucho menos a ese lago. Pero así ocurren las desgracias, porque cuando decidieron ir fue sólo para que mi niña se ahogara”, dijo con resignación. En la casa contigua de Maryorit Elieth, la mamá de Kester Alexander también estaba deshecha por la muerte de su hijo.

Su cadáver fue encontrado minutos después de que rescataran el cuerpo de su amiga.

Magali Zeledón indicó que su hijo cursaba el segunda año de secundaria y su mayor ilusión era sacarla un día de aquel lugar y regalarle una casa. “Ahora que está muerto, mis esperanzas se han derrumbado. Aquí vivimos posando y no se qué vamos a hacer ahora”, expresó entre sollozos la mujer, a quien en tiempos de campaña algunos políticos también le prometieron un lugar propio donde pudiera vivir tranquila, pero todavía nadie ha honrado su promesa.

UNA TRAMPA MORTAL

Pescadores de Los Bajos de Acahualinca aseguran que el sitio donde se ahogaron los menores, hace algún tiempo era parte de la pequeña arboleda. La gente cortó algunos árboles y dejaron los troncos que después fueron cubiertos por las aguas del lago. Ellos creen que Kester Alexander pudo haber chocado su cabeza contra uno de ellos en el intento por salvar a los niños.
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