MARTES 29 DE MARZO DEL 2005 / EDICION No. 23763 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Capital humano

Foto  

 

Jorge Ulises González B.

Casi al unísono los analistas de todas las tendencias ideológicas, credo y profesión han acertado que en Nicaragua es necesario invertir en capital humano. Cuando se nos perdonó una buena parte de la deuda externa con la famosa HIPC, se nos vendió la idea de que en el presupuesto de la nación se incluiría una buena partida para el gasto social: salud, educación, vivienda e infraestructura, y luego vino la debacle de buena parte del sistema financiero con la quiebra de los bancos.

De tal suerte que si por un lado se obtuvo un alivio en el pago de la deuda externa, hoy se está pagando en la deuda interna, que sigue presionando al endeble presupuesto cada vez que los sectores sociales reclaman mayor atención. La última encuesta de CID-Gallup demuestra la desesperanza de una nación que ha perdido confianza en el Gobierno y la forma en que los demás poderes del Estado han resuelto los problemas inmediatos relacionados a sus intereses.

Las metas del milenio (un vínculo entre ricos y pobres), el Plan Nacional de Desarrollo y cuantos programas de inversión social se tracen, no tendrán fundamento si no existe un presupuesto, y éste no se realizará si no existen fondos necesarios para ejecutarlo. Sólo algunos datos más de lo mal que estamos: al ritmo que llevamos sobre la inversión de capital humano llegaremos a cumplir las metas del milenio dentro de un siglo, y no es exagerado; la niñez y la adolescencia carentes de medios para completar su primaria, si es verdad serán una mano de obra barata y rentable, pero nunca calificada para enfrentar los nuevos retos de este mundo globalizado.

La educación es una buena herramienta para salir de la pobreza. En la medida que los niños y niñas cursan un año escolar en esa medida van saliendo del círculo vicioso de la pobreza, la cual desgraciadamente se hereda de generación a generación. Cuántos nicas no nos lamentamos por no haber escalado un peldaño más en nuestra educación, quizá —solemos decir— estaríamos mejor. ¿No es cierto? Existen muchos caminos que podemos transitar. Uno podría ser negociar la deuda interna, lo cual nos permitiría tener recursos y dotar de mayor calidad a los educadores y educandos, ser más austeros en la gestión pública procurando que los gastos administrativos no absorban lo que los beneficiarios deben recibir en salud, infraestructura y educación.

Si bien es cierto que Nicaragua no podrá salir tan fácil de la situación económica en que vive, también es cierto que si no iniciamos hoy, los daños a nuestra niñez y juventud serán irreversibles. La gran batalla de los nicaragüenses contra nuestras propias limitaciones nos está llevando a descuidar la propia libertad y, por añadidura, la democracia.

El autor es Abogado
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

DR-Cafta y justicia

Faltan guardianes de la República

Reformas: retroceso histórico

Capital humano