Reformas: retroceso histórico
Sergio Vélez Astacio
En alguna ocasión, hace pocos meses, los diputados dijeron que en EE.UU. los congresistas (diputados americanos) interpelaban y ratificaban a los secretarios de Estado, como mencionando un gran avance en las reformas que estaban gestando, pero dejaron en el tintero que los congresistas norteamericanos se eligen “uninominalmente”, y por lo tanto son personas de un alto estatus por su elección popular y no en plancha a como sucede en Nicaragua. En consecuencia, las reformas que aprueban esos congresistas no son parciales y amañadas a los intereses de los diputados, lo cual significaría un retroceso histórico.
Las reformas constitucionales en Nicaragua son el resultado maligno de acaparar poder que enferma y tergiversa el espíritu de las leyes mediante la continuación de un pacto que tanto daño ha causado al país, partidarizando las instituciones del Poder Electoral, Poder Judicial, Contraloría e incluso la Fiscalía, atentando contra el principio y sentido de la administración de justicia al tergiversar la ecuanimidad que debe regir en los funcionarios públicos.
La partidarización de impartir justicia es un insumo básico y fundamental que acrecienta el germen de la corrupción que afecta el progreso, el desarrollo y el camino ético y moral de todos los ciudadanos. La actitud ruin y de mezquindad propia de la codicia de poder de los caudillos no descarta la acción inmediata de pasarle la factura al presidente Enrique Bolaños, respuesta revanchista por atreverse a realizar acciones de parte de su administración de Gobierno en contra de los funcionarios corruptos del Gobierno del doctor Alemán, que fueron evidenciados por la valentía y perseverantes denuncias de los medios de comunicación encabezados por el Diario LA PRENSA.
No en balde ni por casualidad las reformas constitucionales contienen castigo fiscal a los medios de comunicación al eliminar de la Constitución de la República las exoneraciones de los equipos y maquinarias. El objetivo de esta repudiable y cruel medida es sencillamente amedrentar, callar y castigar a la prensa libre. Los corruptos no desean que impere una prensa libre que denuncie la corrupción, y menos de manera sistemática y sin condiciones de ninguna clase. Ellos no desean una prensa libre que eduque y coadyuve a que los ciudadanos tengan conciencia del daño social que causa la corrupción.
El problema más grave de las reformas es que atentan contra el equilibrio de los poderes del Estado, al concentrar en la Asamblea Nacional facultades que exceden la naturaleza y tipo del Estado o República. En la medida que la ciudadanía tenga plena conciencia del daño social y político que causa el nefasto pacto, los caudillos y su instrumento, como son las reformas, daremos nuestro grano y nuestra contribución. Las reformas deben ser la viva expresión participativa de todos los sectores de la nación, de lo contrario ponen en peligro la estabilidad política, económica y social del país.
Es lamentable que no se haya podido encontrar un entendimiento sobre este tema de tan vital importancia para nuestra Patria. Finalmente, los nicaragüenses en definitiva debemos poner un alto en el camino para no permitir seguir siendo atropellados por estos malvados.
El autor es asesor tributario

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