MARTES 29 DE MARZO DEL 2005 / EDICION No. 23763 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Faltan guardianes de la República

Foto  

 

Pablo Sanabria

Soren Kierkegaard cuenta la historia de un hombre que se escapó del sanatorio psiquiátrico en que estaba recluido y se fue a vivir a un pueblo vecino. Aunque en libertad, tenía miedo de que la gente descubriera su demencia y volvieran a encerrarlo. En medio de su angustia decidió que, para ocultar su condición, repetiría en voz alta algunas verdades universalmente aceptadas. Para tal efecto, caminó por la acera de una calle populosa diciendo a todo el que pasaba: “La tierra es redonda, la tierra es redonda”. Por demás está decir que su tiempo en libertad fue muy breve. Kierkegaard concluye diciendo: “Hay algo irracional acerca de la verdad en la boca de alguien cuya vida no ha sido afectada por esa verdad”. En su contexto original estas palabras se refieren al religioso que predica un mensaje que no encarna en su vida privada y que por lo tanto actúa para ocultar su verdadera naturaleza. Sin embargo, pueden aplicarse a cualquier situación en la cual hay una inconsistencia entre el discurso y la verdadera identidad. La historia del filósofo y teólogo danés vino a mi memoria el fin de semana antepasado mientras escuchaba en televisión declaraciones y discursos de varios dirigentes políticos en abierta y prematura campaña presidencialista.

Estos señores hablan como si fueran ciudadanos ejemplares, sinceramente preocupados por el bienestar de la población; como si estuvieran sanos. Pero su discurso no corresponde a su actuar histórico ni a su naturaleza intrínseca. Enarbolan la bandera de los pobres pero viven en grandes mansiones y viajan en automóviles ofensivamente lujosos para nuestro medio. Dicen que quieren ganar el poder para devolvérselo al pueblo, pero niegan el derecho básico de opinión a sus propias bases, dictan verticalmente todo lo que se puede y no se puede hacer en su partido y amenazan la libertad de prensa. Hablan de amor, de reconciliación y de establecer un gobierno de todos los nicaragüenses, pero están dispuestos a “aplastar” y desprestigiar a cualquiera que se atreva a disentir. Y eso que todavía no ostentan todo el poder del Estado.

Pero lo mismo que el orate de la historia de Kierkegaard, cuanto más repiten en voz alta ciertas verdades evidentes más obvia se hace su naturaleza insana. Los ciudadanos comunes hemos visto y comprobado que en Nicaragua obtener un cargo político es más lucrativo que sacarse la lotería y que ése es, en realidad, el motor que impulsa la retórica de la mayoría de los políticos. El país necesita hombres de honor, sinceros, que sacrifiquen sus ambiciones personales por la Patria. Políticos de verdad, como el doctor Humberto Alvarado Vázquez que en medio de su pobreza rechazó varias veces posiciones en el Gabinete de los Somoza y de sus gobernantes títeres que pretendían comprar sus convicciones; que renunció a su candidatura presidencial por la oposición unificada cuando supo que habría fraude electoral; que vivió como un ciudadano común y corriente aunque era un hombre superior; que servía a la gente por medio de su profesión de médico sin cobrarles; que pasó serias dificultades económicas y murió pobre pero con la conciencia intacta. Necesitamos guardianes de la República platónica como éste, que gobiernen con probidad los destinos de la Patria y no politiqueros que sólo traten de saquearla.

El autor es Abogado
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

DR-Cafta y justicia

Faltan guardianes de la República

Reformas: retroceso histórico

Capital humano