Zona de strikes
¿Qué ocurrió con Raudez?
Edgard Rodríguez C.
Hay dos cosas de las que seguro Julio César Raudez debe estar orgulloso aún en medio del dolor que debe haberle causado su salida de la organización de los Gigantes: siempre hizo su mejor esfuerzo y en todo momento tuvo la actitud correcta.
“Lo único que quiero que quede claro, es que no me han botado por indisciplina. Me botaron porque no pude dar más”, me dijo la tarde del domingo y no hacía falta ver su rostro para percibir su pesar.
Pero su voz, también proyectó satisfacción, mientras agregaba al instante: “Hice todo lo que pude”. Y así fue.
Aún cuando nunca pude ver el reporte de scouteo que sobre Raudez hizo Alex Torres para los Gigantes, no me cabe la más mínima duda que debe haber calificado alto los buenos hábitos y la actitud de Julio.
Ramiro Pérez, en sus días como coach del San Fernando, hablaba de lo sencillo que era conducir a Raudez. “Nunca da problemas. Es un muchacho obediente”, indicaba.
Lamentablemente para Julio y para nuestro beisbol, para triunfar en un mundo tan exigente como el beisbol de Grandes Ligas, necesitás algo más que un buen comportamiento.
Necesitás un talento especial y sencillamente, los Gigantes percibieron que Raudez no les iba a aportar más, que su progreso no caminó a la velocidad que ellos deseaban y lo han dejado fuera para abrirle espacio a otros jóvenes.
A Raudez le afectó pasar cinco años en Clase A. Y no era subido porque no tenía el respaldo de cifras sólidas.
Pero en medio de cualquier debate, hay algo en lo que seguro vamos a coincidir todos: este muchacho las echó todas. Y seguro debe estar orgulloso de eso.

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