Asesinos de policías se “hacen humo”
Silvia González Siles y Luis Eduardo Martínez M. CORRESPONSALES/LA PRENSA
La Policía Nacional sigue buscando a dos hombres que el Jueves Santo asesinaron a balazos a dos oficiales de la delegación departamental de esa institución en Jinotega.
Los criminales, que poco antes de matar a los uniformados habían asaltado a una familia matagalpina, hasta ayer habían logrado burlar a las autoridades que en su persecución colocaron retenes en distintos puntos de los departamentos de Matagalpa y Jinotega.
Los policías Luis Amado Molina Herrera, de 26 años, y Milton José Rugama, de 25, fueron asesinados por delincuentes aún desconocidos que, armados de un fusil AK y una subametralladora, dispararon en contra de éstos al ser interceptados horas después que realizaran el asalto.
Rugama era investigador del Departamento de Auxilio Judicial, y Molina se desempeñaba como agente del Departamento de Tránsito de la Policía en Jinotega.
CUBRÍAN PROCESIÓN
El crimen se registró en el barrio Mauricio Altamirano, a unos cien metros al norte del Cementerio Municipal, cuando los dos oficiales interceptaron el vehículo marca Yaris, color gris, placas 251-286, el cual había sido reportado por la Policía de Matagalpa como robado.
Ambos oficiales estaban en ese momento dándole cobertura a la Procesión del Silencio en una patrulla motorizada, cuando de repente observaron que circulaba un automóvil con las descripciones antes mencionadas, por lo que le dieron persecución.
HUYERON A PIE MIENTRAS LES GRITABAN ASESINOS
Según testimonios de varios testigos, a los policías no les dio lugar de requisar a los sospechosos, pues de inmediato los delincuentes les dispararon. Los agentes no portaban armas ni radiocomunicadores.
Después de haber cometido el crimen, los delincuentes trataron de huir en el vehículo, pero al ponerlo en reversa chocaron contra la pared de una casa, por lo que decidieron darse a la fuga a pie.
Las personas que estaban en el lugar del crimen les gritaban “¡asesinos, asesinos!,” según testimonios de varios testigos que prefirieron el anonimato.
SUJETOS PELIGROSOS
El vehículo en el que viajaban los delincuentes se lo habían robado en el kilómetros 142, entre Jinotega y Matagalpa, en el lugar conocido como El Arenal. El Yaris es propiedad de Claudia Lidia Zeledón Espinosa, quien junto a su familia disfrutaban del paisaje cuando fueron sorprendidos por los delincuentes.
Bajo intimidación esta familia fue despojada de sus pertenencias y del vehículo. Javier Álvarez, esposo de Zeledón, intentó resistirse, recibiendo un tiro que le impactó en una de las axilas. Los antisociales golpearon al resto de la familia y los amordazaron para evitar que avisaran a la Policía, dejándolos abandonados en un predio montañoso.
Zeledón logró desatarse y salir a la carretera en busca de auxilio.
A SANGRE FRÍA
Fue al momento de la requisa que los delincuentes dispararon a quemarropa al oficial Molina, hiriéndolo en el abdomen. En el cruce de balas, una impactó en la espalda del otro agente, produciéndole la muerte inmediata. Molina intentó retroceder, pero uno de los delincuentes le disparó nuevamente.

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