JUEVES 24 DE MARZO DEL 2005 / EDICION No. 23761 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Tiempo de conversión

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Neguib Kalil Eslaquit

Dios en su infinita bondad nos permite este tiempo especial de Semana Santa. Muchos de nuestros amigos y conocidos que el año pasado estuvieron en la Semana Santa, ya no están entre nosotros, pues ya nos han precedido en el viaje hacia la eternidad.

Éste es un tiempo propicio para la conversión. Conversión que es dar una vuelta de 180 grados. Si sentimos en lo profundo del corazón, allí en el sagrario íntimo de la conciencia, donde habita Dios, que nos hemos desviado del camino, volvamos hacia el país del amor, como aquel hijo pródigo del Evangelio, y sólo basta que dirijamos una mirada al Buen Pastor para que se nos acoja con amor, confesando sacramentalmente nuestros pecados y lógicamente reparando las faltas que hemos hecho. No solamente es creer en Cristo, pues dice la escritura que hasta los “demonios creen y tiemblan ante Él”, sino escuchar su palabra y ponerla en práctica en obediencia a sus designio divinos.

Ciertamente vivimos tiempos en que estamos “viendo, oyendo, sintiendo, lo que muchos santos y muchos profetas quisieron ver y oír y no pudieron”, pero tenemos muchas veces cerrados los ojos del alma, los oídos internos para poder percibir las señales que nos está dando el Señor, para que volvamos a Él con corazón arrepentido y le digamos, con obras concretas de conversión: Perdona a tu pueblo Señor. Hijo de David, ten misericordia de mí.

La celebración de Semana Santa es antecedida por la Cuaresma, la cual comenzó el Miércoles de Ceniza, que nos recordó que somos criaturas, que un día volveremos al polvo de donde hemos venido. La dificultad está en que pensamos que nunca vamos a morir, y vivimos de esa manera, como que si nunca nos enfrentaremos de cualquier manera que sea al trascendente, al amor, y daremos cuenta de cada una de nuestras acciones.

Esta celebración tiene tres pilares: oración, ayuno, limosna. Oración que es experimentar a Jesús vivo y Resucitado, que lo podemos encontrar lógicamente en su Palabra Divina, en la Santísima Eucaristía, y de manera preferencial, aunque no excluyente, en el penoso disfraz del pobre, como decía la santa de Calcuta. Oración que es hablar con Dios, escuchar a Dios, pero dejarse conmover por su palabra.

El ayuno, que no solamente es la abstinencia de ciertos alimentos en días particulares, sino sobre todo ayunar, abstenerse de pecado, de maldad, como nos ha gritado el profeta, éste es el verdadero ayuno que quiero, que no te desentiendas de tus semejantes, que des libertad a los que están apresados, que seas justo, es misericordia lo que quiere el Señor y no ritos vacíos.

Y cuando hablamos de la limosna, no es dar lo que ya no nos sirve en nuestras casas, la ropa apolillada, el billetito que nos estorba en la cartera o las monedas inservibles (la gente y sobre todo el que está necesitado, no es basurero); es compartir todo lo que somos y lo que tenemos, hasta que duela.

En la situación de nuestra Patria, pidamos a Jesús, que quienes tienen en su poder de legislar, lo hagan en pro de los intereses de los más pobres, de los que no tienen nada que comer, que no pensemos solamente de una forma egoísta en nosotros mismos, en nuestros familiares, en lo que vamos a dejar de herencia a quienes amamos, sin importarnos los demás y dejando “que se las arreglen como puedan”. Un día, de todo eso, de cualquier cosa que hemos hecho por los más pequeños, se nos pedirá cuenta.

Señores diputados de la Asamblea Nacional: en el nombre de Cristo, piensen en su pueblo, y también todos nosotros, no con palabras de demagogia, que es la peor corrupción de todas, sino con acciones que fortalezcan la institucionalidad, no más caudillos, no más caciques, no más mentiras, no más indiferencia a miles y miles que no tienen trabajo, ni medicina, y que se les está acabando hasta la esperanza y la paciencia.

Después no nos lamentemos. Un pueblo con hambre clama a Dios, y Dios escucha el clamor de su gente. No nos basta ya con tener una casa decente, hay que trabajar honradamente para tener esos bienes materiales, pero que no sean a costa de la sangre del pueblo, del sudor del pueblo, del hambre.

No más reelección en este país, no más indiferencia de parte de todos. Señores diputados: piensen en su pueblo, pero no desde sus curules, desde donde todos sabemos que se buscan los puestos políticos para ver quién arrebata más el botín. Dejen que la frágil democracia en Nicaragua crezca, no la maten, porque al matarla, el hambre y la miseria del pueblo sube clamando al cielo, y el cielo lo tomará en cuenta.

El autor es sacerdote de la Congregación de Jesús y María y Abogado Canónico. Párroco de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores (Dolores, Carazo)

nkeslaquit@ideay.net.ni
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