Cinco machetazos acaban con su vida
Elízabeth Romero
“¡Sálvenme! ¡No me dejen morir! ¡Sálvenme por Dios!” son las palabras que aún resuenan en la mente de la familia de Jorge David Ubilla Castillo, de 28 años, quien el miércoles pasado llegó con vida al Hospital Alemán Nicaragüense, pero dos días después falleció en otro centro asistencial, a causa de heridas provocadas por desconocidos.
Ligia Castillo, madre de la víctima, relató que con voz agonizante, su vástago todavía pudo relatar a otra hija suya, lo ocurrido esa noche del miércoles.
Aunque la víctima negó que hubiese reconocido a sus atacantes, le afirmó a su hermana “que de una casa salieron cuatro tipos y fueron los que lo llevaron”, comentó la madre.
“Él todavía contó que les dijo: Llévenselo todo, no me hagan daño”. Pero los hombres le habrían respondido: “No, es a vos”, comentó Castillo.
Ubilla regresaba a su casa, tras departir un momento con unos amigos en la entrada de la Colonia Nueve de Junio, en Managua, donde habitan. Pero ninguno de los amigos precisa sobre el momento en que dejaron de verlo.
Únicamente recuerdan los amigos que lo vieron caminando mientras al paso le salía una muchacha, después desapareció. La madre presume que la desconocida fue puesta “como señuelo”.
Momentos después, los vecinos fueron sorprendidos por un grupo de pandilleros que pasó violentando todo a su paso y buscaron cómo ponerse a salvo, según sugirieron los vigilantes, por lo cual nadie se preocupó por Ubilla.
La familia se enteró de lo sucedido hasta que el muchacho se encontraba en el Hospital Alemán Nicaragüense, de donde posteriormente fue remitido al Hospital Alejandro Dávila Bolaños. En ese centro asistencial le practicaron cinco operaciones, pero la madrugada de ayer se rindió a la muerte.
El cuerpo presentaba cinco machetazos en la espalda, brazo derecho, piernas y una de las rodillas.
“Lo estaban torturando, como que lo estaban haciendo adrede, con saña”, señaló Castillo.
Agregó: “Lo llevaron así hasta el otro lado del puente (entre Nueve de Junio y Américas Tres), allí lo dejaron desangrándose y él pegaba gritos; pidiendo a los taxis que pasaban que lo llevaran. Y ningún taxi se detuvo, sino que una persona que pasó lo levantó”.
La víctima cuando fue auxiliada todavía portaba sus documentos, dinero, celular y la ropa que llevaba puesta.
BARRIO AFECTADO
Ligia Castillo, madre de Jorge Ubilla Castillo, se quejó de que los habitantes de la colonia Nueve de Junio se vean afectados por sitios de dudosa reputación, los cuales sirven como puntos de reunión para la delincuencia.
Menciona como uno de esos lugares, una casa ubicada frente a un colegio religioso, donde aparentemente acuden meretrices; y otro cerca de un cauce.
Manuel Ocón, dueño de la vivienda frente al colegio religioso, negó que posea prostíbulo o venta de drogas y dijo respetar a las autoridades.
La progenitora de Ubilla se preguntó qué hacen las autoridades por la seguridad de los vecinos. “Es escalofriante oír: si allí es un cartelito, pero bueno, de ahí no pasan; como quien dice, allí venden frutas, venden tortillas y allí es un antro de vicio”, refirió la mujer.
PIDE JUSTICIA
La madre de Jorge Ubilla Castillo, Ligia Castillo, reclamó que se haga justicia en relación al crimen de su vástago, “porque me han quitado parte de mi vida”. La progenitora del asesinado sostuvo que en 28 años de residir en la Colonia Nueve de Junio, en Managua, su familia ha dado muestra de honradez y honestidad.

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