Oralidad
Los lunáticos en el habla nica
Jimmy Avilés
Para nuestro pueblo la locura es una cuestión de tiempo y espacio, pues la ubicación en el pasado, quizás hasta por mecanismos de defensa, como para olvidar colectivamente lo que considera un problema o un “mal”, por eso, cuando se refiere a algún enajenado mental dice: “Se quedó loco”.
La locura como algo que debe dejarse “atrás” restándole importancia al pasado y por tanto a la enfermedad. Complemento a esta afirmación y relacionada con el espacio, muy nuestra es la expresión: “Se quedó al otro lado”.
No sólo para expresar el estar “fuera de la realidad”, sino también del alcance más allá de las posibilidades. “El otro lado”, como un lugar etéreo, sin definición.
Fuera de este mundo, pero no en el de los muertos sino en uno como intermedio, el de los muertos-vivos o el de los que “están muertos en vida”.
El “otro lado”, como un sitio donde se ubica a los enemigos, los que no están de nuestro lado. Esta expresión sintetiza, en lenguaje popular, la inconsciencia del loco tanto del tiempo como del espacio.
Cuando la locura tiene por etiología algún tipo de droga, con el verbo del tiempo en pasado, y expresado en sentido vertical, se oye decir: “Se quedó arriba”, significando con el arriba, una distancia tan lejana, que sólo tiene ida. Si el efecto o signo es pasajero, y por desplazarse “de la seca a la Meca” o como “un perro en procesión”, se dice que el sujeto “anda perdido”.
De tiempos que por anterioridad datan antes de la fecha de la hazaña de Niel Amstrong, pero considerado como imposible, irrealizable e inalcanzable, con una connotación menos grave con relación a enfermedad, se popularizó él “Anda en la luna”.
Surgiendo a la par del adjetivo “lunático”, para quienes por algún tipo de neurosis, bruscamente cambiaba su temperamento y procede, —contrario—, de manera visiblemente notoria al comportamiento habitual.
No se descarta la creencia de que la luna, por muchos fenómenos misterioso, se le inculpe por la imaginación popular, ejerza alguna influencia en la pérdida de la razón. Por eso, pasada la noche, reino de la luna se diga que determinada persona… “amaneció lunática” o “amaneció con la luna”.
Y nunca, “amaneció lunático” o “anocheció con la luna”. Cabe como posibilidad la relación que pueda dársele al “amanecer con la luna”, con las horas que acompañándola, por “pasar en vela” y producto de alguna neurosis de angustia, se padece de insomnio.
Obviando nombres propios, se cuenta de individuos que en tales ocasiones, para evitar y evitarse molestias, —como un autodiagnóstico—, acostumbran a la usanza nocturna de los abuelos, cubrirse la cabeza, ante lo que sus familiares comentan… “amaneció con el gorro puesto”. Muestra suficiente para que nadie le perturbe, ni siquiera dirigiéndole la palabra, a riesgo de sufrir insolente rabieta verbal presuntamente amparado por el “mal genio”, con el que amaneció dicha persona.

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