SáBADO 19 DE MARZO DEL 2005 / EDICION No. 23756 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Manipulación en el caso de la niña Rosa

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Lucía César

Hace dos años una niña nicaragüense de nueve años, que vivía con su madre y su padrastro en Costa Rica, fue violada, luego secuestrada y traída a Nicaragua por personas pro abortistas para practicarle un aborto alegando que la niña no estaba preparada para tener a su bebé.

El domingo pasado en uno de los canales de TV más vistos en Nicaragua, se presentó una parte del documental que han hecho las personas pro aborto, para mostrar que era necesario hacerle el aborto a la niña. No tomaron en cuenta a las autoridades que no aprobaban el aborto, ni a los médicos del Minsa que se pusieron a la orden de la familia para cuidar a la niña hasta la fecha del parto, lo único que se propusieron fue manipular a los padres de Rosa para que accedieran a una de las prácticas más siniestras que el mundo actual está viviendo, el aborto, o simplemente el asesinato frío de un bebé.

Primero hay que dejar bien claro que un embarazo no es un pedazo de carne de la madre, es otra vida humana que desde el momento de la concepción tiene vida, que a las ocho semanas se pueden oír los latidos del corazón en un estetoscopio ultrasónico de oficina; el corazón lleva latiendo más de un mes y se pueden realizar electrocardiogramas, las ondas cerebrales se pueden medir desde las dos semanas, es sensible al tacto y responde al dolor, se chupa el dedo, flota libremente y puede agarrar un instrumento que se ponga en su mano.

Por lo consiguiente, cometer un aborto es igual a matar a un hijo de uno o más años. Científicamente comprobado, el bebé siente los dolores terribles del aborto y podemos imaginarnos lo que sufre al ser desmembrado poco a poco por unas enormes pinzas, o quemado vivo por varias horas por solución salina como uno de algunos de los procedimientos que utilizan los pro abortistas.

El caso de la niña Rosa está siendo utilizado por los pro abortistas como una forma de atraer a la juventud a que se practiquen el aborto. Están manipulando este caso de la niña Rosa exponiéndola como trofeo sin pensar que están faltando a sus derechos más elementales como es el respeto a la intimidad de la persona, brincándose sobre las leyes de nuestro país que protegen a la niñez. A esta niña los pro abortistas la han usado para sus fines, la llevaron a Chile en el año 2003 y la expusieron en un programa de TV, enseñándola lo mismo en otros países. Qué lastimoso el desenlace de Rosa y su bebé que no pudo nacer, asunto que sigue causando asombro dondequiera que va. Probablemente sus destinos hubieran sido muy diferentes de haberse quedado en Costa Rica. Probablemente todo hubiera sido más acorde con su dignidad humana y la de su bebé y más parecido al caso de “María”, la niña salvadoreña que por violación de su padrastro salió embarazada a los 8 años, se le cuidó y todo salió bien. Ella tuvo su bebé y nunca quedará dañada ni físicamente, ni psíquicamente, ni espiritualmente.

Por otro lado las feministas se han olvidado del agresor de la niña Rosa, no han tenido tiempo para descubrir al verdadero violador, nunca se preocuparon en comparar pruebas de ADN con los sospechosos del hecho, el muchacho en Costa Rica y el padrastro. Si el padrastro fue el que cometió el delito, fue juez y parte porque él también autorizó que se hiciera el aborto borrando así cualquier huella.

Los casos de violación no se remedian con los abortos. El remedio está en saber prevenir y también sancionar a los agresores, no castigar a las víctimas de la agresión.

Para las feministas y pro abortistas de Nicaragua, Rosa y su aborto constituyen un trofeo, un símbolo de triunfo, pero para Nicaragua significa una vergüenza y un dolor del asesinato más cruel que hemos visto. ¿Cuál es el interés de estas personas al mostrar un aborto como algo bueno, natural? ¿será que la conciencia no las deja tranquilas y quieren demostrar que hicieron lo correcto? El caso de la niña Rosa está siendo manipulado, tarde o temprano las personas caen en su propio engaño y muchas veces es tarde para rectificar.

La autora es presidenta de la Asociación Nicaragüense por la Mujer, Animu
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