VIERNES 18 DE MARZO DEL 2005 / EDICION No. 23755 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Y ademàs
Primavera

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Luis Sánchez Sancho

Este lunes 21 de marzo comienza la primavera en la parte norte del planeta (en el hemisferio sur la primavera es entre septiembre y noviembre).

En Nicaragua de hecho sólo hay dos estaciones: la lluviosa, que llamamos invierno, y la seca, que denominamos verano. La primavera y el otoño no existen aquí, lamentablemente, pues son las dos estaciones más hermosas del año. Precisamento por eso es que los antiguos creían que Dios había creado el mundo en primavera, y que a eso se debe la hermosura de la naturaleza y la alegría de la vida característica de esta estación.

Los antiguos latinos llamaron veris (y de allí: tempus veris ano, que en español pasó a ser tiempo de verano) a la parte del año que va desde el fin del invierno hasta la terminación de la temporada calurosa, es decir, al otoño. Pero después diferenciaron y separaron al tiempo cuando comienza a lucir el sol, nacen las primeras flores y los pájaros vuelven a hacer sus nidos, del caluroso verano propiamente dicho, y lo llamado primus veris, o sea primera parte del verano, que después se feminizó a primavera, siendo por cierto la única estación con nombre femenino.

Acerca de la primavera en la mitología griega y romana he escrito algunos artículos sobre Proserpina o Perséfone, que Plutarco identificó con la diosa de la Primavera. Y al respecto la amiga María José Bravo me hizo notar la contradicción de que en la columna sobre Afrodita (viernes 25 de febrero del 2005) escribí que la Primavera se produce porque Adonis sale del mundo de los muertos y viene a la Tierra para pasar una temporada con Afrodita; pero en la columna sobre Proserpina (5 de marzo corriente) escribí que la primavera es porque Proserpina viene a la Tierra a encontrarse con su madre, Ceres, con quien pasa la mitad del año y la otra parte al lado de Plutón —o Hades— el dios del mundo de los muertos.

La explicación es que en general sobre cada mitos hay dos o más versiones, en ciertos casos contradictorias, pues se trata de invenciones fantasiosas de los antiguos para explicarse fenómenos naturales o problemas de la vida personal y social que no entendían. Y además, al transmitirse de persona en persona, de generación en generación, de pueblo en pueblo y de lugar en lugar, unas creencias se fundían con otras y adquirían diversas variantes.

Con respecto a la primavera, aunque Plutarco considera que su diosa es Proserpina (Perséfone), los antiguos tenían su propia divinidad primaveral, a la que imaginaban como una agraciada joven coronada con una guirnalda de flores, simbolizando la renovación de la Naturaleza, y situada ella junto a un hermoso arbusto también florecido.

En la mitología romana Primavera es hija de Flora (Cloris en la mitología griega), la diosa de las flores y los frutos. Flora o Cloris fue amada por Céfiro (el dios de los vientos de Occidente, hijo de Eolo —el viento mayor— y de Aurora) y de su gran amor nació la hermosísima, alegre y esplendorosa Primavera.

Los romanos consagraron la estación primaveral a las Gracias. Cuando comenzaba la primavera, el sumo sacerdote de la diosa Vesta (Hestia en la mitología griega) iba al templo para renovar el fuego sagrado que cuidaban las vírgenes vestales. Y se hacía entonces un voto sagrado mediante el cual se dedicaba los dioses todo lo que nacía durante la temporada primaveral y el verano.
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