Ejercicio de la imaginación
León Núñez
Los miembros de la peña literaria El Bejuco de Acoyapa se imaginan que la candidatura presidencial de Daniel Ortega sería perjudicial para Nicaragua, y que más perjudicial sería, según ellos, su triunfo electoral en noviembre del 2006. En El Bejuco se cree que la sola “imagen presidencial” del señor Ortega, aún sin tomar posesión de su cargo, asusta a los inversionistas; ahuyenta el dinero del país. Los economistas de la peña se imaginan que la fuga de dólares que se va a producir de junio a noviembre del 2006 va a ser muy superior a la que se produjo durante los cinco meses anteriores a las elecciones del 2001. Para ellos no existen razones que los haga imaginarse de que no vaya a ser así, porque piensan —salvo un “lewitazo” imaginativo— que Daniel Ortega tiene mayores posibilidades que las que tuvo en el año 2001, de ganar por las buenas o por las malas las próximas elecciones presidenciales.
Si nosotros, dicen los economistas acoyapinos, estudiamos las reservas mensuales del 2001 del Banco Central y el movimiento de los depósitos bancarios de ese año, nos damos cuenta que la fuga de dólares que se produjo antes de las elecciones de noviembre del citado año no fue despreciable.
La verdad es que tanto las reservas internacionales brutas como las netas disminuyeron ese año en forma muy significativa. Incluso las reservas internacionales netas ajustadas, que son realmente algo así como las reservas propias del Banco Central, bajaron de enero a noviembre del 2001 de ciento catorce millones a dieciséis millones dólares. ¿Qué hubiera pasado si don Daniel hubiera ganado las elecciones? Que la estampida del dinero hubiera sido espectacular. Pero como ganó don Enrique el dinero que se fue empezó a regresar.
Los economistas de la peña continuaron diciendo que ellos se imaginan que entre principios de junio y principios de noviembre del 2006 van a salir del país más de doscientos cincuenta millones de dólares, y que también se imaginan que si gana Daniel Ortega las próximas elecciones la fuga de dólares va a ser tal que a mediados de diciembre de ese año, frente a la indetenible disminución de las reservas internacionales del Banco Central, el dólar va a empezar a subir velozmente en el mercado negro ante la imposibilidad de que los bancos satisfagan la demanda de la divisa estadounidense.
¿Qué haría entonces el Gobierno de don Enrique? En la peña se tiene la idea de que lo más probable es que trate de conseguir un préstamo contingente con el Fondo Monetario Internacional de por lo menos trescientos millones de dólares. Pero los acoyapinos de la peña presumen que esto no sería posible porque no se imaginan que George W. Bush, con la influencia decisiva que tienen los Estados Unidos en el FMI, vaya a permitir que don Daniel reciba en enero del 2007 un gobierno con una buena dosis de oxígeno.
Mis compañeros de peña creen que entre el 15 de diciembre del 2006 y el 10 de enero del 2007, aparte de otros males que afectarían gravemente a los nicaragüenses, la situación económica del país se volvería aterradora; que el dólar seguiría subiendo alarmantemente; que gran parte de la gente dejaría de pagar sus obligaciones a la espera de lo que vaya a pasar; que los precios de los productos de la canasta básica subirían a una velocidad de vértigo, y que la oferta de bienes inmuebles se dispararía dramáticamente hasta tal punto que casas, por ejemplo, de ciento cincuenta mil dólares van a poder comprarse en veinte mil. Mis coterráneos tienen la impresión de que va a ser increíble la angustia de mucha gente, incluyendo a los millonarios de izquierda, por sacar dólares del país.
En la peña suponen que a partir del 10 de enero del 2007 don Daniel, tratando de evitar un colapso económico, trataría de conseguir ayuda financiera de Hugo Chávez, Lula, etc., aunque sin resultado positivo alguno. Ante esta negativa los “bejuquianos” se imaginan que don Daniel no va a tener más remedio que aplicar la política económica del “corralito financiero” —que no es propiamente una política de izquierda— congelando indefinidamente todos los depósitos bancarios y dando como “ipegüe” la desmonetización “democrática” de nuestro país. Yo pregunté: ¿cuál sería después la situación de Nicaragua? Se sospecha que sería tan trágica que ninguno de los presentes se atrevió a imaginársela.
Naturalmente que todo esto es producto de la imaginación de los que integran la peña El Bejuco. Pero no estaría de más que en los próximos días de Semana Santa los nicaragüenses reflexionen sobre este ejercicio imaginativo. No vaya a ser que de noviembre del 2006 en adelante este ejercicio de la imaginación se convierta en una realidad.
El autor es abogado y escritor

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