Urge aprobar el DR- Cafta
Francisco X. Aguirre Sacasa
El 3 de marzo, los presidentes de Amcham y del Cosep, René González y Alfredo Cuadra, respectivamente, instaron a la Asamblea Nacional a aprobar el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y los Países de Centroamérica y la República Dominicana, conocido popularmente como DR-Cafta. Hicieron este llamado luego que el DR-Cafta fue ratificado por los parlamentos de El Salvador y Honduras y a sabiendas de que la perspectiva que el DR-Cafta sea ratificado por el Senado estadounidense aumenta en la medida en que los países centroamericanos evidencian su respaldo a este tratado.
Ambos líderes empresariales tienen toda la razón en apoyar el DR-Cafta y por el bien de Nicaragua, conviene que los diputados actúen positivamente en su aprobación lo antes posible.
Estemos claros: Centroamérica necesita el DR-Cafta más que Estados Unidos. Y de todos los países de la región, Nicaragua —el más empobrecido y subdesarrollado económicamente de ellos— es el que más ganaría al gozar del acceso privilegiado al mercado más grande del mundo que el DR-Cafta garantiza.
Es bien sabido que Nicaragua quedó gravemente debilitada económicamente y socialmente después de la década de los ochenta y que sigue teniendo la economía más frágil de Iberoamérica. Nuestro ingreso per cápita anda por los 700 dólares, todavía bien por debajo de Honduras, el segundo país más pobre del istmo. Es un hecho, también, que nuestro sector productivo está entumido y que el raquítico nivel de consumo que tenemos se debe, en gran medida, a las remesas de nuestros compatriotas en la diáspora nicaragüense y a la ayuda internacional que anualmente recibimos. Es más, somos el país más dependiente de donaciones internacionales en Latinoamérica. Nuestro nivel de ayuda per cápita es cinco veces el de Haití, el país más pobre de nuestro continente.
Otra realidad es que desafortunadamente Nicaragua no está saliendo del hoyo profundo en que se encuentra. En 2004, por primera vez desde 2001 nuestro crecimiento económico superó al crecimiento demográfico. Pero el resultante incremento en nuestro ingreso per cápita fue tan anémico que nos tomaría 75 años alcanzar el ingreso per cápita —en términos constantes— que gozábamos en 1978. ¡Continuar “progresando” a este paso es intolerable!
¿Qué hacer para escaparnos de la trampa de pobreza aguda y de excesiva dependencia de la ayuda externa y de las remesas? ¿cómo podemos dejar de ser lo que los anglosajones llaman un “failed State” o estado fracasado?
La teoría económica nos da la solución y es sencilla. Tenemos que crecer rápidamente y por muchos años. Y este crecimiento se lograría con niveles altos de inversión que estimularían, a su vez, al aparato productivo de nuestro país. Pero esto nos lleva a otra pregunta: ¿cómo atraer a esa inversión? De nuevo, la respuesta es sencilla. Tenemos que ofrecerles a los inversionistas nacionales y extranjeros un buen clima de inversiones —impuestos bajos y un estado de derecho, por ejemplo— y las perspectivas de que su producción será destinada a mercados grandes, robustos y atractivos.
Son poquísimos los que invertirían en Nicaragua sólo para abastecer las necesidades de nuestra economía liliputiense, o la de los países de nuestra región. La conclusión es evidente. O exportamos o estaremos condenados a seguir empantanados en el sótano de las economías latinoamericanas. Por eso es que necesitamos el DR-Cafta.
A través del DR-Cafta tendríamos acceso a la economía más grande del mundo. ¿Cuán grande es? La economía estadounidense genera la tercera parte del Producto Interno Bruto del mundo entero, y es seis veces más grande que la economía de todos los países de Latinoamérica combinados.
Tener acceso privilegiado a la monstruosa economía estadounidense haría de Nicaragua una plataforma atractivísima para inversionistas. Sería como una inyección de adrenalina para nuestras exportaciones que a duras penas cubrieron un 33 por ciento de nuestras importaciones en 2004. Y al estimularlas, sería más beneficioso para nuestro país que, por ejemplo, el haber logrado entrar al HIPC —que principalmente resultó en la condonación de una deuda que nunca íbamos a pagar de todas maneras— o tener a la Cuenta del Reto del Milenio.
Hay quienes se oponen al DR-Cafta porque temen que algunos sectores de nuestra economía se verían en apuros al estar expuestos a la fuerte competencia estadounidense. Es cierto. No todos ganarán bajo el DR-Cafta. Sin embargo, estoy convencido que Nicaragua tiene una ventaja comparativa en muchas áreas y que nuestra inclusión en el DR-Cafta nos arrojaría muchísimos más ganadores que perdedores.
No sólo yo veo las cosas así. Es precisamente el temor de competir con países como Nicaragua el que motiva que grupos de intereses —sobre todo sindicatos— estén presionando a sus senadores en Estados Unidos a oponerse al DR-Cafta. Por eso, el presidente Bush necesitará gastar una buena parte del capital político que ganó en recientes elecciones para lograr la aprobación del DR-Cafta. Felizmente parece estar dispuesto a hacer esa inversión.
Un último punto. Antes de entrar en el TLC de Norteamérica (conocido como Nafta) importantes grupos en México y Canadá se oponían al Nafta por precisamente las mismas razones que alegan opositores al DR-Cafta acá; la falta de competitividad. ¿pero qué pasó? Ambos países cosecharon enormes beneficios al integrase con la economía estadounidense. En el caso de México, pasó de tener un déficit comercial con Estados Unidos de 1.3 mil millones de dólares en 1994 (el primer año de Nafta) a tener un superávit comercial de 40.6 mil millones de dólares en 2004. En Canadá, que ya tenía un superávit comercial con Estados Unidos de 14 mil millones de dólares en 1994, éste se expandió a casi 52 mil millones de dólares en 2004. En el proceso, se crearon literalmente millones de empleos nuevos en ambos países y los consumidores en las tres naciones de Nafta —los Estados Unidos, México y Canadá— se vieron beneficiados.
Sería bueno que nuestros diputados tuvieran estos resultados presentes cuando voten sobre el DR-Cafta. Y por el bien de Nicaragua, ojalá que esta votación se dé en un futuro próximo y que aprueben el DR-Cafta.
El escritor fue Canciller de la República y trabajó en el Banco Mundial por 28 años

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