La posición de Lewites
La exitosa concentración pública que los sandinistas partidarios de Herty Lewites celebraron el domingo pasado en Masaya, demostró que el ex alcalde de Managua tiene en realidad un respaldo considerable entre las bases del FSLN.
Según testigos locales, independientes y confiables, Lewites concentró el domingo pasado a muchas personas más que las que movilizó Daniel Ortega el domingo 6 de marzo en la misma ciudad de Masaya. Aparte de que casi todos los asistentes al acto orteguista fueron forasteros y los habitantes de Masaya repudiaron la presencia del secretario general del FSLN, cerrando las puertas de sus casas.
De manera que al menos aparentemente la concentración del domingo pasado ha confirmado en la calle lo que las encuestas vienen diciendo en las cifras: que en una elección primaria dentro del FSLN la nominación presidencial la ganaría ampliamente el disidente Lewites, a quien la maquinaria estalinista que maneja Daniel Ortega expulsó recientemente del partido precisamente para impedirle que se postulara oficialmente como candidato oficial del sandinismo.
Ahora bien, es comprensible que haya mucha inconformidad en las bases y estructuras intermedias del FSLN —como se pudo apreciar en las entrevistas que los medios de comunicación le hicieron a numerosos participantes en el acto lewitista del domingo pasado en Masaya—, pues a diferencia de lo que ocurrió con la piñata sandinista de los años noventa, que benefició prácticamente a todos los militantes y simpatizantes de ese partido, ahora los cuantiosos beneficios del pacto con Arnoldo Alemán y el PLC sólo lo han disfrutado los miembros de la cúpula de Daniel Ortega y sus allegados. Y por otro lado, también hay un sector del FSLN que por sus principios sandinistas repudia la identificación de la dirigencia orteguista del FSLN con la cúpula arnoldista del PLC.
En realidad, la concentración de sandinistas seguidores de Lewites, del domingo pasado en Masaya, fue un acto de repudio a la prolongada dictadura que Daniel Ortega y su “círculo de hierro y plata” ejercen dentro del Frente Sandinista. Pero también a su connivencia con la cúpula arnoldista. Así lo confirmaron los oradores del domingo pasado, al insistir en que es necesario recuperar los principios del FSLN que han sido abandonados por Daniel Ortega y su camarilla, al mismo tiempo que reiteraron su tradicional revolucionarismo y antiimperialismo norteamericano.
Herty Lewites fue el único que se refirió, aunque de manera breve, a temas que interesan a todos los nicaragüenses y no sólo a los sandinistas. Inclusive en su discurso se pudo advertir una aproximación a las posiciones de la llamada nueva izquierda latinoamericana, que es considerada como racional y moderada, cuyos exponentes principales son los presidentes de Chile, Brasil, Uruguay y Panamá: Ricardo Lagos, Lula da Silva, Tabaré Vázquez y Martín Torrijos respectivamente. Una nueva izquierda que se diferencia sustancialmente de la vieja izquierda radical, fundamentalista e irracional, que representan Fidel Castro y Hugo Chávez en el poder, apoyados por extremistas y estalinistas como Evo Morales en Bolivia, Shafick Handall en El Salvador, y Daniel Ortega en Nicaragua.
En su discurso, Lewites se adhirió a la propuesta de las fuerzas democráticas de Nicaragua de prohibir la reelección presidencial en términos absolutos; habló de promover un gobierno de consenso nacional; se pronunció por el respeto a la inversión privada y a las reglas del juego económico; mencionó la necesidad de mejorar las condiciones de vida para todos y no sólo para unos pocos (refiriéndose obviamente a la nueva oligarquía nicaragüense de la que forma parte la cúpula orteguista del FSLN); y llamó también a despartidarizar las instituciones del Estado, para lo cual advirtió que el pueblo debe escoger para diputados a personas idóneas.
Lewites se ubicó en una media distancia entre la vieja y la nueva izquierda. Habrá que ver si en las jornadas siguientes de su campaña —si es que sus enemigos le permiten seguir adelante— avanza en la dirección correcta o se echa para atrás. Así como también se verá si es capaz de lograr lo que Sergio Ramírez no pudo hacer en 1995 con su Movimiento de Renovación Sandinista (MRS): atraer a las bases del FSLN, persuadirlas a romper la disciplina —o más bien la sumisión— partidista tradicional y al caudillismo orteguista.

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