El pacto sigue
A raíz de las declaraciones del primer vicepresidente de la Asamblea Nacional y directivo del PLC, Wilfredo Navarro, acerca de que su partido no aprobará la “Ley Arce” pero que va a respaldar la aprobación legislativa del Cafta y a facilitar la aprobación de una ley que permita seguir destruyendo los misiles rusos Sam 7, a lo que se opone su aliado FSLN, algunos observadores han creído ver en esto que el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega se está desmoronando.
Pero lo que hay es sólo una molestia o resentimiento de la cúpula del PLC, porque Daniel Ortega y el FSLN no han cumplido el compromiso de dejar en libertad y exonerar de los cargos de corrupción a Arnoldo Alemán, ya sea por medio de una resolución del Tribunal de Apelaciones que declare nulo todo lo actuado por la juez que lo juzgó y condenó, o mediante una amnistía aprobada por la Asamblea Nacional.
Al respecto hay que recordar que el objetivo central de Arnoldo Alemán al pactar con Daniel Ortega y el FSLN, era el de seguir controlando el Gobierno desde la Asamblea Nacional, después de terminar su período como Presidente de la República. A cambio de eso, el PLC ayudó al FSLN a mejorar sustancialmente su participación en las diversas instituciones del Estado, y le facilitó a Ortega la posibilidad de volver a ocupar el sillón presidencial con una mínima votación popular.
En efecto, mediante el pacto de 1999, que fue incorporado a la Constitución en el año 2000, Arnoldo Alemán consiguió el “derecho” a ser diputado nacional y se aseguró el voto parlamentario sandinista para ser presidente del Poder Legislativo, y desde allí tratar de manejar como monigote al presidente Enrique Bolaños, igual que hicieron los Somoza con algunos “presidentes” en varios tramos de su prolongado poder dictatorial y dinástico.
También, mediante el pacto Arnoldo Alemán y la cúpula del PLC obtuvieron, de parte de Daniel Ortega y el FSLN, la garantía de impunidad a la desmesurada y escandalosa corrupción del gobierno arnoldista durante el período de 1997 al 2002. Y además se repartieron de manera “equitativa”, entre el PLC y el FSLN, los cargos principales en la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría General de la República, la Fiscalía, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, y cualquier otra institución estatal que en lo sucesivo ellos mismos crearan.
De manera que por su desmedido afán de poder político y riqueza material, Alemán y la cúpula del PLC desnaturalizaron —partidarizándola— la institucionalidad de la República; entregaron la mitad y en algunos casos más del poder público —salvo en el Ejecutivo— al Frente Sandinista de Daniel Ortega; y le garantizaron a éste la posibilidad de volver a la Presidencia de la República y controlar todo el poder del Estado, ahora por la vía electoral.
En efecto, como consecuencia del pacto la Asamblea Nacional reformó el artículo 147 de la Constitución a fin de permitir que un candidato presidencial (para el caso: Daniel Ortega) pueda ganar la elección con sólo el 35 por ciento de los votos, siempre y cuando el candidato del segundo lugar no alcance el 30 por ciento. Lo cual resultaría relativamente fácil para Daniel Ortega, que a lo largo de cuatro elecciones presidenciales ha mantenido un cuarenta por ciento del sufragio popular.
El pacto resultó ampliamente beneficioso para Ortega y el FSLN, pero no tanto para Arnoldo Alemán y el PLC, porque el presidente Enrique Bolaños no quiso ser marioneta del caudillo liberal y más bien impulsó la lucha contra la corrupción para mandarlo a la cárcel. De lo cual se han aprovechado Daniel Ortega y el FSLN, que le han arrancado mayores concesiones al PLC a cambio de la promesa hasta ahora incumplida de facilitar la libertad y exoneración de cargos de Alemán.
El caso es que si Daniel Ortega cumpliera ese compromiso, tendría que pagar aún entre las mismas bases del FSLN un costo político mayor que el que ya ha pagado por su descarada connivencia con Arnoldo Alemán y el PLC. Y ante las amenazas del PLC, de que romperá el pacto con el FSLN si éste no cumple el acuerdo de liberar a Alemán, Ortega sabe que es al revés: o sea que el pacto se rompería en cuanto quedara libre Alemán, pues para recuperar terreno éste montaría de inmediato su campaña política a base del más furibundo antisandinismo.

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