Miguel Ángel llega a sus 530 años
Leslie Ruiz Baldelomar
Galería Añil albergará esta tarde a cuatro personalidades que hablarán sobre el arquitecto, escultor y pintor Miguel Ángel Buonarroti, a propósito de los 530 años de su nacimiento.
Cada una disertará sobre una faceta distinta del artista. El prestigioso pintor Hugo Palma Ibarra tendrá a cargo el tema Miguel Ángel: Clásico del Renacimiento.
En tanto, el artista Raúl Quintanilla ha decidido titular su ponencia con el nombre El joven Miguel Ángel y la crítica de arte, Morayma Sánchez con el título, La restauración de la Sixtina: Metodología y crítica; el poeta Alfredo Barrera traducirá algunos sonetos del artista. La cita es a las 5:30 p.m. sólo para artistas y especialistas.
LOS PRIMEROS PASOS
Miguel Ángel Buonarroti es considerado como uno de los mayores creadores de toda la historia del arte y junto con Leonardo da Vinci, la figura más destacada del renacimiento italiano.
En su condición de arquitecto, escultor, pintor y poeta ejerció una enorme influencia tanto en sus contemporáneos, como en todo el arte occidental posterior a su época.
Nació el 6 de marzo de 1475 en el pequeño pueblo de Caprese, cerca de Arezzo, aunque, en esencia, fue un florentino que mantuvo a lo largo de toda su vida unos profundos lazos con Florencia, su arte y su cultura.
El padre de Miguel Ángel, Ludovico Buonarroti —oficial florentino al servicio de la familia Medici— colocó a su hijo, con tan sólo 13 años de edad, en el taller del pintor Domenico Ghirlandaio.
Dos años después se sintió atraído por las esculturas del jardín de San Marcos, lugar al que acudía con frecuencia para estudiar las piezas antiguas de la colección de los Medici.
Invitado a las reuniones y tertulias que Lorenzo el Magnífico organizaba en el palacio de los Medici con otros artistas, Miguel Ángel tuvo la oportunidad de conversar con los miembros más jóvenes de la poderosa familia, dos de los cuales posteriormente llegaron a ser papas (León X y Clemente VII); conoció también a humanistas de la talla de Marsilio Ficino y a poetas como Ángelo Poliziano, habituales visitantes del palacio.
Para entonces Miguel Ángel, que contaba con 16 años de edad, ya había realizado al menos dos esculturas con las que demostró que tenía estilo propio a tan temprana edad.

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