¿Progreso en Santo Tomás?
Orlando Salgado Sotelo
La superación positiva del hombre de una etapa a otra de su historia es una definición sencilla del término progreso, y aunque para Kant el progreso no tiene una definición categórica o precisa, la búsqueda del mejoramiento constante de nuestra condición actual, de cómo superarnos a nosotros mismos, ha sido la actitud que siempre la hemos visto propia, natural, espontánea del humano en su condición. No hay duda, el progreso es ante todo un asunto moral.
Durante años los pobladores de Santo Tomás Chontales sólo hemos visto el rostro débil del progreso. El adoquinar de una calle ha sido una tarea de gladiadores, de muy escasa recurrencia. Cuando el progreso pisó el suelo de mi barrio —Sandino— con el adoquinamiento de las calles, fue para despertar en nosotros un sentimiento de angustia, decepción y desesperación, muy lejos de ser expectativas, alegrías colectivas y sobre todo comodidad.
Todo empezó cuando en el mes de junio del 2004 la Alcaldía empezó la ejecución del proyecto que consiste en adoquinar cinco calles, el cual no debía durar más de tres meses. Todos lo habitantes recibimos las maquinarias y trabajadores con gran júbilo y nos dispusimos a apoyarlos de diferentes maneras. Pero, ¡qué desgracia la del pobre! Ya el proyecto lleva nueve meses y no lo han culminado, pese a los desesperantes reclamos que como pobladores hemos realizado. Ahora nos parece que han sido más grande los daños y perjuicios que hemos recibido que lo que significa tener nuestras calles adoquinadas.
Para muestra mencionaré que en una ocasión los tractores reventaron los cables del tendido eléctrico y por supuesto, éstos agarraron fuego y tuvimos que pasar toda la santa noche con nuestras familias afuera de nuestras casas por temor a que también se incendiara, al día siguiente noté que mi aparato telefónico estaba fundido. Otro de los problemas más sentidos es que por naturaleza en nuestro municipio el abastecimiento del agua potable es altamente racionado y los únicos meses que agarramos agua del grifo son los de invierno, pero no faltaba más, la tubería la rompieron y ente la escasez nos vimos obligados a comprar a 20 córdobas el barril y así lo que hacíamos sólo en verano también lo terminamos haciendo en invierno. Desde el primer día en que empezó el proyecto algunos propietarios de vehículos no pudiendo guardarlos en nuestros garajes tuvimos que sacarlos y pagar 10 córdobas diarios en garajes rentados, en lo personal el mío hasta el día de hoy no ha regresado a su garaje.
Sólo algunos pocos indoctos y fanáticos piensan que ésta es la última maravilla del mundo y están dispuestos a esperar hasta no sé cuándo, sin saber que de tanto esperar murió la novia de Tola, sin importarles que aún nos tengan encerrados con alambre de púas como si fuésemos una finca más de Chontales. Por ende, señores del Gobierno y autoridades locales, en nombre de mi barrio les pido que agilicen la culminación del proyecto que ya no aguantamos. Dejen la sordera para la politiquería y guarden oído para los que no tenemos voz.
Cuánta falta nos hace María José Bravo Sánchez. Ella ya hubiera desuncido esto, desde que se salió de su cauce.
El autor es habitante del barrio Sandino, de Santo Tomás, Chontales.

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