De regreso al pasado
Luciano Cuadra W. www.naciongueguence.blogspot.com
Parece imposible escribir sobre la política nicaragüense, sin tener que hacerlo sobre el FSLN. Y aunque esto en otros países no sería nada malo ni raro, en Nicaragua sí lo es, pues por mucho que la ciudadanía no lo quiera, siempre hay bastante que decir, muy especialmente en estos momentos, cuando intentan aniquilar a uno de sus más prominentes militantes, simplemente por tener ambición e iniciativa.
En un escrito anterior aseguraba yo (y no es que pretenda dármelas de “analista político”) que quienes dirigen la cúpula del FSLN no han cambiado la actitud dictatorial, totalitaria y verticalista de la que hicieron gala en los años ochenta. Para muestra, un simple botón.
No se puede evitar mencionar el caso de Herty Lewites en su intención de postularse como candidato del FSLN en las próximas elecciones presidenciales, pero como es propio de los partidos totalitarios, por estar esta pretensión contra los deseos y aspiraciones del diputado Ortega, la élite efeselenista ha decidido arrollarlo con su maquinaria, usando, casualmente, las mismas tácticas de presión y terror que emplearon en el pasado contra quienes se oponían a sus planes de establecer en Nicaragua un sistema marxista-leninista, maquillándolo con los colores del sandinismo auténtico, para hacerlo más agradable a los ojos del mundo.
Primero le recetaron el calificativo de “traidor”, lo que dentro de la estructura sandinista insurreccional acarreaba la pena de muerte; este término tiene el mismo peso que el de “contrarrevolucionario”, aplicado, ya estando el entonces partido-único-armado en el poder, con exactamente las mismas consecuencias para aquéllos que se rebelaban a los designios que llegaban de las alturas —y que surgían en las profundidades de El Chipote—.
Luego, para demostrar que son fiel copia del pasado, como al calco, reactivan las turbas, enviándolas a recibirlo cuando se disponía a entrar, como militante que es al centro de convenciones donde se celebraba la asamblea de su partido; trayendo a la memoria acciones similares contra Alfonso Robelo, José E. González, doctor Arturo Cruz y otros líderes de la oposición al frentismo.
Y para despejar el “por si acaso”, montaron un evento en el mismo lugar y a la misma hora en que Lewites se encontraría con sus simpatizantes en Masaya, sabiendo que tal acción provocaría, con seguridad, un choque sangriento, lo cual no tiene mayor significado para los dirigentes de cúpula, por no tratarse de su misma sangre, sino de sangre ajena; tal como lo realizaron en Nandaime contra los simpatizantes del MDN a principios de los años ochenta. ¿No es esto, exposición de personas al peligro?
Si en verdad Lewites ha decidido salir del closet político, pues enhorabuena. En Nicaragua siempre se hace necesaria la tolerancia política, de la cual no hacemos gala muy a menudo; pero tampoco se debe olvidar que ahora el aspirante a candidato tiene la oportunidad de experimentar lo que muchos vivieron en carne propia durante los años aciagos de la frustrada revolución.
El autor fue miembro del Ministerio del Interior del régimen sandinista. Después formó parte de la agrupación antisandinista Arde. Reside en EE.UU.

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