El proceso globalizador del capitalismo moderno
Guillermo Cárdenas Montalván
Capitalismo, sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados. Aunque tiene sus orígenes en la antigüedad, el desarrollo del capitalismo es un fenómeno europeo; fue evolucionando en distintas etapas, hasta considerarse establecido en la segunda mitad del siglo XIX. Desde Europa, y en concreto desde Inglaterra, el sistema capitalista se fue extendiendo a todo el mundo, siendo el sistema socioeconómico casi exclusivo en el ámbito mundial hasta el estallido de la I Guerra Mundial, tras la cual se estableció un nuevo sistema socioeconómico, el comunismo, que se convirtió en el opuesto al capitalista.
Dos acontecimientos propiciaron la aparición del capitalismo moderno; los dos se produjeron durante la segunda mitad del siglo XVIII. El primero fue la aparición en Francia de los fisiócratas desde mediados de este siglo; el segundo fue la publicación de las ideas de Adam Smith sobre la teoría y práctica del mercantilismo.
El término kapitalism fue acuñado a mediados del siglo XIX por el economista alemán Karl Marx. Otras expresiones sinónimas de capitalismo son sistema de libre empresa y economía de mercado, que se utilizan para referirse a aquellos sistemas socioeconómicos no comunistas. Algunas veces se utiliza el término economía mixta para describir el sistema capitalista con intervención del sector público que predomina en casi todas las economías de los países industrializados.
Se puede decir que, de existir un fundador del sistema capitalista, éste es el filósofo escocés Adam Smith, quien fue el primero en describir los principios económicos básicos que definen al capitalismo. En su obra clásica Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), Smith intentó demostrar que era posible buscar la ganancia personal de forma que no sólo se pudiera alcanzar el objetivo individual sino también la mejora de la sociedad.
Los intereses sociales radican en lograr el máximo nivel de producción de los bienes que la gente desea poseer. Con una frase que se ha hecho famosa, Smith decía que la combinación del interés personal, la propiedad y la competencia entre vendedores en el mercado llevaría a los productores, “gracias a una mano invisible”, a alcanzar un objetivo que no habían buscado de manera consciente: el bienestar de la sociedad.
Sociedades capitalistas han existido y existen muchas, con variados esquemas normativos y de organización. Algunas han sido más democráticas que otras y todas han presentado diversos niveles de sensibilidad hacia los temas sociales. La existencia de mercados, por otro lado, precede al surgimiento de las primeras sociedades capitalistas y se remonta al mundo antiguo.
El siglo XX deja un balance favorable al mercado como vehículo dinámico de innovación tecnológica. El tipo de socialismo estatista y autoritario que intentó competir con él resultó en algunos casos un mejor distribuidor de riquezas, pero un deficiente gestor de su creación y expansión. Durante los siglos XIX y XX los políticos socialistas se caracterizaron por promover varias teorías sobre la toma del poder y la distribución social de la riqueza, pero ninguna sobre la administración democrática del poder ni sobre la creación eficiente de la riqueza.
Sin preludios es posible afirmar que la globalización es la consecuencia de la dinámica del capitalismo moderno, como antes lo fueron el colonialismo y el imperialismo. La necesidad fue y seguirá siendo la misma (ganar y monopolizar mercados, destruir a la competencia), porque los objetivos del capitalismo no cambian (obtener el máximo beneficio con la menor inversión y en el menor tiempo posible).
Pero lo que diferencia a la globalización de las otras formas de dominación es que está justificada bajo un proceso observable, pero no objetivo, de revolución transfronteriza de las telecomunicaciones, y de un creciente comercio mundial basado en el librecambio de bienes y de servicios financieros. La profundización de la división internacional del trabajo ha conducido a una mayor interdependencia entre las naciones, muchas de las cuales son encasilladas como productoras naturales de ciertos bienes y consumidoras eternas de otros. No es necesario ser un gran historiador para descubrir que a Latinoamérica siempre le dejaron vender materias primas e incluso le fomentaron hacerlo, pero con la condición de desbaratarle cualquier intento desarrollista para poder venderle manufacturas.
Aquí se esconde la trampa. La globalización integra voluntaria o involuntariamente a los países menos desarrollados a un sistema dominado por las potencias económicas que cuentan con la mayor cantidad de empresas transnacionales, y así se ven obligados a aceptar un liberalismo total de su economía, enmascarado bajo una globalización única, inevitable e igualitaria. La globalización, por ende, se ha convertido en la nueva estrategia del liberalismo para justificar su poder, su ejecución, naturalizar su acción, y obligar pacíficamente a aceptar la nueva y natural realidad económica.
De esta manera el capitalismo se ha ido desarrollando, cada vez aprovechando nuevas condiciones para constituirse en una nueva fase de su desarrollo. Con el triunfo de las grandes fuerzas financieras se inserta aún más a los países a la globalización. La centralización de capital significa: “Concentración de capitales ya formados, abolición de la independencia individual, expropiación de un capitalista por otro, transformación de muchos capitales menores en pocos capitalistas mayores. Los bancos se convierten en monopolios omnipotentes que disponen de casi todo el capital monetario de todos los capitalistas y pequeños patronos, así como de la mayor parte de los medios de producción, y de las fuentes de materias primas de uno o muchos países”.
Así, llegamos al momento actual de la economía mundial; un escenario en donde la polarización es cada día más grande; un mundo dirigido por las empresas transnacionales, las que dictan las políticas económicas, políticas y sociales que las beneficien, en detrimento por supuesto de los países pobres, “la globalización es un fenómeno dirigido por los negocios y los negocios son los socios naturales de los gobiernos para diseñar las normas multilaterales en todo el mercado mundial. Las empresas transnacionales constituyen la unidad básica de la economía mundial actual. Además de la apropiación de la renta y de la disminución de la renta a nivel mundial.
Sin embargo todos los países que se han desarrollado tienen en común algunos elementos: gobiernos al servicio del bien común, niveles altos de libertad económica con equidad y una economía de empresa privada. Además, una capacidad para aprovechar las oportunidades o tendencias que ofrece cada ciclo histórico. Porque los pueblos y gobiernos también pueden autoexcluirse de los procesos de desarrollo. Es decir, que también existe el derecho al subdesarrollo.
Cada país ha de definir su propia vía o estilo de desarrollo, sabiendo de antemano que aunque lo desee no podrá repetir exactamente el camino de los países que le antecedieron. La nueva época histórica hace imposible la simple repetición.
En la actualidad el problema mayúsculo es que la esencia del capitalismo que hablaba Smith se ha perdido, la combinación del interés personal y de éste al colectivo a través de la mano invisible de la cooperación y el interés mutuo, se ha transformado en un profundo y devastador egoísmo.
El autor es economista y máster en Mercadeo.

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