¿Quiénes subsidian la economía del país?
Gustavo Hernández García
Un vehículo que recorre 40 kilómetros por galón de gasolina avanza hasta que se le termina el combustible. Es imposible que continúe, a menos que se le reponga el energético. Lo anterior es un ejemplo sencillo, pero puede ilustrar lo que sucede con los trabajadores durante el proceso de producción.
Igual que el carro, los trabajadores de Nicaragua al ejercer su labor necesitan invertir la energía que contiene su organismo a fin de producir algún bien o servicio. Por ejemplo: un maestro produce personas con nuevos conocimientos. Lograr este producto obliga al docente a desarrollar jornadas diarias de clases en las cuales gasta su vitalidad. De la misma forma sucede con una persona que trabaja en la maquila, en la construcción o un obrero del volante. En todos los casos es indispensable que las personas posean fuerza de trabajo necesaria.
Esta fuerza de trabajo es como el combustible. Sin ella el trabajador no puede accionar sus condiciones físicas ni espirituales y por tanto se verá imposibilitado de ser productivo. Sabemos que el carro obtiene su energía por medio de la gasolina que el dueño le suministra, pero ¿cómo obtiene el trabajador su fuerza de trabajo?
La capacidad de trabajar es algo que se reproduce, como la persona misma. El mantenimiento de su actividad vital se logra por medio de la satisfacción de necesidades ineludibles como las concernientes al alimento, ropa, vivienda, educación y otras como la recreación y la cultura.
La sociedad ha encontrado una forma a través de la cual los trabajadores podrían adquirir lo necesario para satisfacer sus necesidades. Esta forma es el salario. Se supone que el salario que reciben los empleados posee el poder de adquisición equivalente a los medios de subsistencia para que el obrero y su familia puedan llevar una vida normal. De esta manera se garantizaría que la fuerza de trabajo se regenere y pueda ser aprovechada en la siguiente jornada laboral. Es decir, se garantizaría que el carro siga caminando.
Para calcular el valor de la vida del trabajador y su sostenimiento se han formulado dos elementos: el salario mínimo y la canasta básica. Una canasta básica en Nicaragua es el conjunto de 53 productos seleccionados de acuerdo a la frecuencia de consumo mínimas de una familia promedio. La idea es que el salario mínimo sea suficiente para adquirir la canasta básica. ¿Esto se logra? Sabemos rotundamente que en nuestro país no, y que desde hace mucho tiempo.
Según datos abundantes, los medios de subsistencia indispensables para la reproducción de la fuerza de trabajo no están llegando a la mesa de los trabajadores ya que el poder adquisitivo de la población nicaragüense cada año es menor en todos los sectores de la economía. Está probado que la mayoría de las personas económicamente activas no pueden generar suficientes ingresos para mantener a sus familias y que el salario medio nacional sólo cubre aproximadamente en un 50 por ciento el costo de la canasta básica, siendo aún menor en el campo.
En estas circunstancias cabe una gran pregunta: ¿cómo puede seguir andando el carro sin la suficiente gasolina? O sea ¿cómo puede seguir trabajando una persona que no repone sus energías? La respuesta puede ser como la del anuncio publicitario el cual pregona un carro que “corre con el olor a gasolina”, pero lo cierto es que los trabajadores de Nicaragua están subsidiando la economía del país, muchas veces con sus propias vidas.
El autor es sociólogo.

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