LUNES 7 DE MARZO DEL 2005 / EDICION No. 23744 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Llegó a sus 100 años y aún anhela bailar

Foto  

Mélida del Socorro Olivas López cumplió ya sus 100 años de edad.

 

Adolfo Olivas Olivas
CORRESPONSAL/ ESTELí

Con una memoria privilegiada, dominio total de sus facultades y ordenando sus recuerdos con asombrosa claridad, nos narró parte de su vida: “Soy hija del matrimonio que estaba formado por Leonardo Olivas González, un telegrafista, y Adolfa Tórrez Talavera, maestra de generaciones. Mi primera maestra fue Máxima (‘Manchita’) Pinell”.

Al completar sus 100 años de existencia, Mélida del Socorro Olivas Tórrez es el tronco de una distinguida familia, entre ellos cinco hijos, 25 nietos, 20 bisnietos y dos tataranietos, con una mezcolanza de apellidos, resaltando los Olivas Tórrez y Olivas Talavera.

Cuenta que nació en la ciudad de Jalapa y que muy pequeña llegó a Condega en una época en que todo tenía un tono de romanticismo y mansedumbre, recordando que existían envidiables oradores, copleros y poetas.

Hace un siglo en Condega era el tiempo del verdor de los campos, de las mulas de arriería, de las carretas y de las serenatas con guitarras, acordeones y bandolinas, cuya música ella bailaba con maestría.

Al estar rodeada de gran parte de su linaje, sus ojos brillan y al momento de sostenerse su rodilla entre las manos, expresa: “Con estos 100 años no me siento conforme, me siento incómoda porque ya no puedo bailar”.

Es heroicamente cordial, se ríe de sus recuerdos, conversa con toda propiedad y su gentileza siempre resalta ante la mirada atenta de quienes le rodean y observan en su vitalidad la frescura de dama genial, que procreó a Cándida Rosa, Ernesto, Zoraida Hermelinda, Hoel y Ester (fallecida).

A sus 18 años emprendió la carrera del magisterio, dotada de reconocida formación humanística y estuvo como maestra en las comunidades rurales de los municipios Telpaneca, Pueblo Nuevo y Estelí.

“Después de más de 30 años dar clases me jubilé con un sueldo de 150 córdobas, y por gestiones de mis familiares y amistades pude recibir 250 córdobas”, asegura.

Doña “Mela”, como la conocen en Condega, es una mujer ejemplar y una católica evangelizada que a sus 100 años todavía teje, labra jícaras y guacales, construye petates, hamacas, trastos de barro y flores “al gusto del cliente”.

Sus años han transcurrido con sencillez y bajo su dirección y vigilancia crecieron dignamente sus hijos. Su descendencia tiene para con ella una inmensa deuda de gratitud y por ello, al celebrar los 100 años de su natalicio, toda su familia se hizo portavoz del cariño y del respeto que se merece.

“Es un privilegio tener una abuela de 100 años”, señala su nieta, la psicóloga Gioconda Ordóñez, anfitriona del agasajo que los familiares le ofrecieron.
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