Cosas veredes Sancho amigo
Doña Magdalena Matus, noble maestra y catequista chontaleña
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La maestra “Malena” está muy enferma, pero aún postrada en su lecho, la vida de los niños y jóvenes de San Pedro de Lóvago gira a su alrededor; llegan como pájaros vocingleros llevando flores sencillas. Ella los contempla con sonrisa placentera y vierte sobre ellos las aguas de su Fuente Castalia. Cuando eso sucede, la casona parece iluminada y en el aire se respira más frescura |
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La profesora Magdalena Matus habla de la historia de su familia.
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La maestra “Malena” está muy enferma, pero aún postrada en su lecho, la vida de los niños y jóvenes de San Pedro de Lóvago gira a su alrededor; llegan como pájaros vocingleros llevando flores sencillas. Ella los contempla con sonrisa placentera y vierte s
Antes de iniciar la conversación nos hace esperar unos minutos para peinar y poner un toque de coquetería en sus blancos cabellos. “Por lo que veo, ustedes me tomarán fotografías, y uno de los primeros consejos que doy a mis jóvenes colegas es que estén en todo momento limpias y presentables”, dice.
Ha abandonado el lecho y se sienta en una silla. Desde el primer momento nos cubre con la paz de sus hermosos ojos castaños. Es sabia para pensar, sosegada en el hablar y prudente en el decir. “Quiero enseñar hasta el fin de mis días”, agrega.
La maestra Magdalena Matus Fonseca nació el 10 de octubre de 1908, está a tres años de ser centenaria y a “un no sé cuánto” de haber abandonado el magisterio. “Sólo recuerdo que comencé en tiempos de Moncada, bajo la inspiración del notable mentor don Pablo Hurtado, que era primo carnal de mi padre”.
“Pueblo remotos, así le decían a los caseríos de por estos lados de San Pedro de Lóvago, desde aquí hasta el cerro San Juan Bautista, cerca de Juigalpa, éstas eran fincas propiedad de mi bisabuelo, don Joaquín Hurtado... Y los primeros pobladores fueron campesinos abuelos míos...”
Con ese “introito”, la profesora Magdalena Matus evoca tiempos idos, son palabras de profundo respeto por la vida generosa, sencilla y menuda de los labriegos de su terruño.
“Cuando era una niña estas fincas comenzaban a poblarse. Aquí, en lo que es San Pedro, había una casa en la esquina de cada solar y eran tierras fértiles, aptas para la agricultura y la ganadería. Fue desde aquellos años que nació aquel decir que en Chontales ‘las piedras son de queso y los ríos de leche’; pero debo decir que mi bisabuelo, don Joaquín, no era chontaleño, sino de Managua. Pero se vino a establecer aquí con toda su familia. Tenía doce hijas mujeres y apenas tres varones.
EL MAESTRO PABLO HURTADO
Con orgullo señala que su personaje inolvidable es su pariente, el maestro Pablo Hurtado, primo-hermano de su padre. “Me contaba mi abuela que desde muy niño —antes de que le dijeran “don” Pablo— era un muchachito muy talentoso. Su padre, don Jerónimo Hurtado, tenía muchos bienes pues era dueño de una mina. Porque debe saber que aquí existían minas muy productivas, como las de El Jabalí”.
“Cuando mis padres murieron yo apenas tenía siete años y sabía muy poco de la vida. Quien me contaba la historia del pueblo era mi tío Ezequiel Hurtado. Aquí estudié hasta el tercer grado, luego me llevaron a Granada a un colegio de monjas, ahí me acabé de educar pero no me bachilleré. Yo soy maestra de primaria, pero compensé lo que no me enseñaron, leyendo todos los libros que llegaban a mis manos.
Don Pablo Hurtado fue un profesor notable. ¿Qué puede decirme de él?
Era primo-hermano carnal de mi padre. Su papá, don Jerónimo, era casado con una señora de apellido Gago, por tanto él era Hurtado Gago. Era un jovencito muy inquieto, muy inteligente. Venía a la casa y les enseñaba a mis primas a leer y a escribir en unas hojas de copel. ¿Usted conoce el copel? Es la hoja de un árbol que nace a la orilla de los ríos, es tan gruesa que se puede escribir en ella.
Mi abuelita era tía de él, hermana de su padre don Jerónimo, se llamaba Candelaria Hurtado. Ella se lo trajo a vivir a San Pedro de Lóvago porque todita la familia de don Pablo murió durante la peste del cólera, sólo quedó don Jerónimo, entonces mi abuela le dijo: “Pablo tiene una inteligencia maravillosa, ¿por qué no lo mandás a estudiar a Granada? Vos tenés suficiente dinero para mandarlo”. Ya mi abuela había enviado a estudiar a Granada a mi papá y a otro hijo que tuvo, Sebastián.
Don Jerónimo aceptó y fue mi abuela la que lo fue a dejar a esa ciudad. Allí el pequeño sobresalió por su talento, aprobaba dos grados en un año. Fue por el tiempo en que vinieron unos profesores españoles traídos por gente rica de Granada. Los trajeron para fundar un instituto, el primero de Granada. Dicen que Pablo era una maravilla, tanto así que cuando uno de los profesores españoles murió, él lo sustituyó. Siendo muy joven escribió varios textos de enseñanza. Yo todavía estudié en los textos hechos por él.
¿En qué año murió don Pablo Hurtado?
Eso no lo recuerdo, pero guardo un recorte porque su muerte fue registrada en todos los periódicos. Todos los grandes talentos escribieron sobre él en LA PRENSA, y el general Carlos Cuadra Pasos fue el encargado de pronunciar el panegírico en los funerales. Comenzó como maestro, después fue inspector y, por último, Ministro de Educación. Al quedarme huérfana de padre y madre, él me crió junto a uno de sus hijos que se llamaba Abraham.
HISTORIA Y FOTOS COLOR SEPIA
Hace una intensa pausa y pasa a contarnos su vida en el magisterio: “Yo vine a brindar lo que sabía, a éste mi San Pedro. Sólo existía una escuela primaria donde alumnos y alumnas recibían revueltos sus clases. “Me tocaba enseñar primeras letras, aunque tuve alumnos más avanzaditos”.
“Eso fue en tiempos de Moncada, cuando todavía Sandino peleaba en la montaña, porque Sandino muere en el 34. Pero antes ocurrió la guerra entre liberales y conservadores. Después de Moncada subió Sacasa y luego Anastasio Somoza el viejo, cuya dinastía duró casi cincuenta años.
Cuénteme profesora, ¿se casó usted?
Claro que sí, me casé en 1928 con Augusto Frutos Vega, hijo de don Frutos Vega. Él era un trabajador del campo, vanidoso de su trabajo. Fíjese, yo andaba por los 19 años y él era de 35; a mí me decían que estaba muy joven para casarme, pero lo hice y fui muy feliz. Él fue un hombre muy inteligente, no quiso quedarse atrás y se preparó con unos profesores colombianos que vinieron a San Pedro, así aprobó su primaria.
¿Cuántos años estuvo en el magisterio?
Fueron pocos años porque después tuve un niño y por cuidarlo ya no pude seguir. Me dediqué al matrimonio, al hogar, y así fue transcurriendo la vida hasta que quedé viuda. En esa fotografía que está allá, aparecemos juntos ya casados, ahí yo ya estaba maciza. En la sala tengo otro retrato de mi marido cuando tenía 50 años.
Se ve que era un hombre alto y fornido.
Así era él. Yo le llegaba hasta el hombro, pero lo mejor eran sus dotes espirituales: sencillo, trabajador, humilde y sincero. Yo fui feliz a su lado, pero ahora ya estoy en la última etapa de mi vida, gracias a Dios todavía tengo un hijo que ve por mí, y una nieta que me quiere mucho y me mima.
DE CATEQUESIS Y CATECISMOS
Si bien no enseño en escuelas, sigo enseñando Catecismo. Ya tengo como 60 años de dar Catecismo. Se puede decir que soy fundadora de la enseñanza del Catecismo aquí en San Pedro. Al principio enseñaba el Catecismo a muchos muchachos y muchachas, yo solita los preparaba. Después se organizó la Legión de María y fui la presidenta. Me tocó enseñar la doctrina a las legionarias que eran menos preparadas. A ellas las ponía a enseñar las primeras oraciones, a las más adelantadas las hacía enseñar hasta el Señor Mío Jesucristo, y el resto me tocaba a mí. Enseñaba con un Catecismo que me encantaba, el de los Hermanos Cristianos del Pedagógico, el Catecismo de Ripalda. ¡Qué clase Catecismo!
Recuerdo que teníamos dos catecismos, uno chiquito y el grande de Ripalda que tenía como mil preguntas. A nosotras nos enseñaban ese Catecismo en la Normal y eran sacerdotes los que daban esa materia que era obligatoria en los colegios católicos. Me adelanté bastante, pero después me casé.
DE BIBLIA E HISTORIA SAGRADA
Y no sólo catecismo estudiábamos, sino Historia Sagrada, porque la Biblia no se leía. ¿Cómo íbamos a leerla, si era en latín? Las misas también eran en latín. Debo decir que la religión nuestra es la católica, pero no leíamos la Biblia por miedo, nos parecía que era prohibido porque estaba en latín y nosotros hasta un mal español hablábamos.
La Historia Sagrada que leíamos era la de G.M. Bruño, que editaban los Hermanos Cristianos y que fue materia de varias generaciones. Contando esas historias y con el Catecismo en la mano, preparé a mis bisnietos. Antes iba a enseñar la doctrina a la iglesia, pero ahora ya no puedo, pero enseño en mi casa. Son pocos los niños que vienen ahora, pero eso no importa, porque ya había preparado a otras catequistas y esas explican todo.
Antes el Catecismo era más breve, aunque el de Ripalda era muy amplio y con centenares de preguntas y respuestas. Hoy el Catecismo es más recortado, sobre todo uno que viene de Colombia, a mí poco me gusta. Es que no tiene mucho contenido. A mí me gusta más el Catecismo mío, y así se lo digo al padre y él me entiende.
Aquí es fácil preparar a los niños para la comunión, porque son pocos, pero recuerdo que en Managua, en la Catedral, vi en la doctrina a más de quinientos muchachos. Recuerdo que ahí llegaba el padre Cipriano Vélez, que era un negrito trompudo. Era el padre más feo de Managua, que era de allá por el lado de Diriamba. Tenía fama de bravo, nos ponía en fila y nos preguntaba las lecciones, y al que no sabía lo coscorroneaba. Yo siempre fui sobresaliente en religión, siempre me premiaban.
FAMILIA PROLÍFICA
La maestra Magdalena Matus Fonseca habla de sus progenitores: "Mi padre se llamaba José Luis Matus Hurtado y mi madre Magdalena Fonseca. De ese matrimonio nacieron también doce hijos, pero ya murieron todos, sólo quedé yo de sobreviviente. Murieron hasta los que eran menores que yo".
SACANDO PECADOS
“A veces me toca hacer el examen de conciencia de los chigüines, y les enseño como deben confesarse. Hasta sé de memoria los pecados de ellos; viera que divertido es. Esos muchachos que yo preparo no le dan problema al padre, porque yo les explico con claridad lo que es la confesión y lo que es la comunión”, dice la maestra Magdalena Matus Fonseca.

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