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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 5 DE MARZO DE 2005
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Perfil literario: Jacques Prévert

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Pablo Centeno-Gómez

Desde Rubén Darío, las generaciones de poetas nicaragüenses se han nutrido de las letras francesas y a su vez han contribuido a la siembra de esa semilla poética en la tierra fértil de nuestra lengua a través del aporte de sus propias y numerosas traducciones y versiones de muchos autores franceses.*

El último poeta francés traducido en nuestro medio ha sido Jacques Prévert. Su poema Linterna mágica de Picasso, en versión de Michèle Najlis, fue publicado en la revista universitaria “Ventana” de León en 1963, acompañado por la siguiente nota: “Poeta surrealista. En este poema están todas las audaces innovaciones de Picasso: la libre deformación del dibujo impresionista, las formas angulares y la transparencia de los planos superpuestos de los cubistas; la libertad de los surrealistas para utilizar temas escalofriantes y sorprendentes, todos presentados por Prévert dando nuevos ojos para comprender la intensidad del mundo creado por Picasso”. Más tarde, Jorge Eduardo Arellano tradujo los poemas Comitiva e Inventario para la revista “Posintepe” de Granada en 1966, e Iván Uriarte escribe en homenaje el poema C’est à Saint-Paul-de-Vence, en 1969. Posteriormente, tuve la oportunidad de traducir treinta y un textos de Prévert difundidos en modestas volantes a mimeógrafo (Correo Cultural No.3, agosto de 1986), para los corrillos y pasillos universitarios de la UNAN Managua donde también incluí, durante años, la proyección de sus películas en los programas de cine.

Me resultaba interesante y divertido su lenguaje sin compromisos de estilo, su forma de estimular sentimientos de simpatía o antipatía simplemente valiéndose del habla popular en juegos de palabras que filtran inmediata e instintivamente en nuestra conciencia su discurso. Tuve mi primer acercamiento a la poesía de Prévert en los años sesenta durante una larga permanencia en Italia. Recuerdo que de inmediato me sentí cautivado por los versos insolentes y tiernos de ese libertario con quien mi complicidad es natural y total por la suya, y también mía, habitual apertura hacia el mundo, por nuestro mutuo rechazo a los límites y pasión por la vida… de modo que, cuando se me propuso encargarme de esta traducción, acepté con entusiasmo y auténticamente de corazón, sin interés económico alguno, pues era algo que también me ofrecía a mí mismo y a la causa humanística del poeta. Por otra parte, tenía claro que de mi labor no podía resultar una antología representativa de la obra completa de Prévert por carecer de suficiente documentación bibliográfica, pero sí un compendio de la misma, con todos sus rasgos distintivos: sensibilidad, preocupaciones, estilo y temas; teniendo como fundamento cuatro de sus obras poéticas más importantes: Palabras (Paroles, 1946), Historias (Histoires, 1946), Espectáculo (Spectacle, 1951) y Fatras (1966).

A excepción de treinta y un poemas, los restantes de esta colección que reúne ochenta y siete, fueron traducidos en los últimos meses del año 2004. Como es de suponer, la traducción requiere de mucha exigencia en el conocimiento de ambas lenguas, pues, permanentemente, el traductor debe elegir la forma adecuada en el montaje de palabras que produzcan los mismos efectos que tiene el texto en la otra lengua. Sin embargo, ciertas expresiones suelen plantear problemas de traducción casi insolubles, y al toparse con ellas se corre el riesgo de perder el hilo; tal fue mi caso ante algunos conceptos regidos por un juego constante de intermitente doble —y hasta triple— sentido, tan frecuente en la voz de Prévert. Con todo, pese a no ser un traductor profesional, considero que, en la labor cumplida, me esforcé en ser fiel al sentido de los poemas, poniendo cada vez especial cuidado en proporcionarles el correspondiente registro lingüístico, procurando acercarme lo más posible a su tono y peculiaridades, para volver a darles cuerpo, latido y territorio en nuestra lengua.

Ahora aproximémonos un poco al perfil literario y humano de este escritor, hosco y amabilísimo a la vez, testarudo, rebelde, tierno, de sangre bretona, apasionado también por el cine, el teatro, la plástica, la música; pero, sobre todo, por el corazón de la gente desamparada frente a las puertas de la noche, o al borde de un ataque de cólera o de risa. Desbordante de especial simpatía por las mujeres y los niños, de ternura y compasión por la suerte de los animales.

Nacido en Neuilly-sur-Seine, muy cerca de París, el 4 de febrero de 1900, Jacques Prévert irrumpe en la literatura en 1946, gracias al éxito sorprendente de su poemario Palabras. Yves Courrière, su biógrafo, escribe que la publicación del libro “fue una conmoción intelectual como pocas. Primero y sobre todo en Saint-Germain-des-Prés, donde una juventud vejada por cuatro años de Ocupación quería expresar su sed de libertad. El anarquismo de Prévert respondía a las aspiraciones de aquellos jóvenes. Era un hombre rebelde, afín a su sensibilidad, que no respetaba nada salvo la condición de los más pobres y carentes de todo, y sobre todo, que hablaba el lenguaje de la calle…” Evidentemente, esto parece ser la clave de su extraordinaria popularidad, pues Jacques Prévert recrea la antigua tradición de la poesía oral confiriendo al habla popular, al lenguaje cotidiano, un valor poético por medio de la combinación y el arreglo del registro verbal de las cosas, de los seres y de la gente, en expresiones originales, escritas en prosa o en verso libre, que celebran su comunión intensa con el paisaje, fantasías y travesuras de la infancia; con los amantes, los granujas, los vagabundos; con las resistencias contra todas las tiranías.

Su estilo claro, familiar, tierno y sencillo está impregnado de sensibilidad lúdica, poética, rebelde, libertaria, de mucho humor e ironía. Su expresión anticonformista se manifiesta bajo forma de oposición y de rechazo a los que él considera como sus enemigos personales, los enemigos de la vida: militares, gobernantes, gente de dogma, superstición y religión, jerarquías sociales, academias, fraseologías oficiales, oráculos, cenáculos y capillas artístico-literarias. En fin, su desacuerdo se manifiesta como denuncia crítica a todo lo que desde el orden establecido y las ideas impuestas tiraniza la libertad, la fraternidad, los deseos y sueños.

Prévert utilizará minuciosamente todos los recursos posibles del lenguaje para satisfacer su gusto por el juego de palabras y su exigencia y placer por la creación formal. Así, suele sacar provecho de la semejanza de sonidos y significados para crear efectos estilísticos cómicos e inesperados. De hecho, su lenguaje está salpicado de calambures, de lapsus burlescos de contraposición de letras, de asonancias, aliteraciones, repeticiones de palabras y estructuras, enumeraciones constituidas de ritmos, suspensiones, alternancia de elementos disparatados pero entrelazados entre sí en una secuencia dinámica de imágenes que recuerdan los planos de una película. Lo estrafalario, la ambigüedad, como formas de humor, ocupan igualmente un lugar importante en su estética poética, ya que por su aspecto insólito y equívoco representan una posibilidad suplementaria de malabarismo verbal, al igual que el empleo de otras figuras literarias y de pensamiento: prosopopeya, hipérbole, silepsis y la omisión del uso de signos de puntuación. Para él la poesía —a la que no quiso definir porque definir es inmovilizar— está en todas partes: “la poesía es uno de los más verdaderos, de los más útiles seudónimos de la vida”, dijo; “es por esta razón que sus libros mezclan géneros: poemas, diálogos o piezas de teatro, narraciones en prosa, guiones, aforismos cortos”, reconoce su biógrafa Gasiglia-Laster.

Desde temprana edad, Prévert muestra interés por la lectura, el mundo del espectáculo y la condición humana, luego que su madre, Suzane Catusse, le mostrara las rutas de la ficción y de los sueños a través de la lectura de cuentos de hadas, y que su padre André Prévert, lo llevara a los circos, los teatros y a los barrios pobres en sus visitas como empleado de la Oficina Central de Obras de Beneficencia de París. A los 14 años abandona definitivamente la escuela y hace de la calle y la lectura su propia Alma Mater. Trabaja en París en diferentes oficios. Durante su servicio militar hace amistad con Yves Tanguy; viaja a Turquía, donde conocerá a Marcel Duhamel.

Al volver a París en 1922, se instala dos años más tarde en el 54 calle del Château que será el punto de encuentro del movimiento surrealista en el que participan Desnos, Queneau, Malkine, Péret, Aragon, Leiris, Artaud y André Breton; aunque tiempo después (1928) Prévert rompe con este último debido a su excesivo autoritarismo. En 1930 publica sus primeros textos en las revistas “Bifur” y “Commerce”. Del 32 al 36 trabaja con el grupo teatral obrero “Octubre” para el que escribe piezas cortas de humor corrosivo, que a veces él mismo interpreta, y con el que viaja a Moscú en el 33 en ocasión de una olimpíada internacional de teatro obrero.

En la misma década emprende la escritura de los guiones de sus primeras películas, a veces en colaboración con su hermano Pierre. Forma parte del grupo de creadores del realismo poético, movimiento fílmico al que Gilles Deleuze llama la escuela francesa de pre-guerra, porque es antes de la Primera Guerra Mundial cuando vive su apogeo y del que Prévert es su mejor autor. Redacta para los cineastas Jean Renoir y Marcel Carné varios guiones de obras maestras del cine: El crimen del señor Lange (1935), Un drama singular (1937), El muelle de las brumas (1938) en el que se destacan las actuaciones de Jean Gabin, Michèle Morgan y Michel Simon, Le jour se lève (1939), Los visitantes de la noche (1942) filmada durante la ocupación nazi, Adiós Leonardo (1943) película con Pierre Prévert, Luces de verano (1943) con Jean Grémillon; Los hijos del paraíso (1944) considerada una de las mejores películas de la historia del cine, con las actuaciones inolvidables de Arletty, María Casarès, Pierre Brasseur y Jean-Louis Barraut; Las puertas de la noche (1945) con Elie Lotar, El rey y el pájaro (1947-1980) en dibujos animados. Los amantes de Verona (1948), con André Cayatte. En fin, Prévert lega a la cinematografía un puñado de guiones con breves y sorprendentes diálogos cargados de lirismo.

Desde inicios de los años treinta, su amigo Joseph Kosma y otros compositores, musicalizan algunos poemas suyos que interpretarán Agnès Capri, Marianne Oswald, Juliette Gréco, Edith Piaf, los hermanos Jacques, Yves Montand, Mouloudji, Catherine Ribeiro, Serge Reggiani y hasta Frank Sinatra, Bing Crosby y Miles Davis en el caso de la célebre composición Las hojas muertas. “Las hojas muertas se recogen a punta de pala, los recuerdos y los disgustos también”… pero también su gusto por la música clásica está presente en su obra literaria. Así, Gran baile de primavera (1951) se inscribe bajo el signo de Stravinsky; en Encantos de Londres (1952), hay ecos de Water music de Haendel; de Las cuatro estaciones de Vivaldi en La lluvia y el buen tiempo; alude a Wozzek de Berg en Fatras; y a la Carmina Burana de Orff en Unas cosas y otras.

En 1938 viaja y permanece un año en los Estados Unidos. En 1945, su amigo editor René Bertelé reúne sus textos en un libro que titula Palabras, cuya publicación en 1946 constituye un éxito rotundo, muy a pesar de algunos cenáculos de gente de letras y de guardianes de la moral que desdeñaron su poesía por el hecho de ser popular, así como por su posición independiente y su abierta y sistemática oposición a las opresiones y a la hipocresía humana. El mismo año nace su hija Michèle y publica el poemario Historias. En 1947 edita Cuentos para niños traviesos y El pequeño león. En el 48, después de una caída desde el segundo piso de la oficina de la Radiodifusión francesa en los Campos Elíseos, permanece varias semanas en estado de coma y largos meses convaleciendo en Saint-Paul-de-Vence donde se estableció durante algunos años con su esposa Janine y su hija. En el 51, publica Espectáculo, al año siguiente: Cartas desde las islas Baladar.

En el 55 publica La lluvia y el buen tiempo y regresa a establecerse en París en un apartamento de Montmartre. En el 59 publica Retratos de Picasso, con fotos de André Villiers. En el 66 publica Fatras con 55 reproducciones de collages de su autoría. A esta actividad del collage se dedica hasta el final de su vida como lo señala la escritora y crítica Danièle Gasiglia-Laster: “A veces sus textos están constituídos por collages (de títulos, de citaciones, de proverbios) y tienen puntos comunes con la escritura cinematográfica; sus collages parten de imágenes ya hechas (fotografías, reproducciones), desviándolas en su provecho, como cuando deforma una expresión ya hecha, un aforismo conocido, la moraleja de una fábula o cualquier otra citación (...). Sus collages constituyen un testimonio de su arte del montaje, de su agudo sentido de la asociación de los colores y confirman el ingenio de su imaginación”.  
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Perfil literario: Jacques Prévert


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