Relato sobre el clasicismo de Miguel Ángel
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 | En los 530 años del nacimiento de Miguel Angel Buonarroti |
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David. Escultura de Miguel Ángel Buonarroti. |
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* Hugo Palma-Ibarra
Es tan inmensa la literatura sobre Miguel Ángel que va desde el polifacético Giorgio Vasari, arquitecto, pintor, histórico del arte, en sus dos redacciones de Vidas, la primera de 1550, todavía en vida de Miguel Ángel y la segunda de 1568 cuatro años después de la muerte del mismo, hasta Roberto Salvini, Charles de Tolnay, Guilio Carlos Argan y Roberto Longhi en el siglo veinte.
Creo que toda esta biografía-bibliografía sobrepasa la de todos los otros personajes de la historia, pero no se me ha pedido tanto sino preparar una breve disertación sobre el clasicismo del artista en el renacimiento italiano.
Luis Morales Alonso me lo ha solicitado y yo he aceptado con gusto la invitación para una reunión de artistas y compartir para conmemorar, como es el caso, los quinientos treinta años del nacimiento de Miguel Ángel Buonarroti, hecho feliz acontecido el 6 de marzo de 1475 en Caprese, en las cercanías de Florencia.
No estoy tan convencido del clasicismo de Miguel Ángel y eso por dos diferentes razones en mi consideración. Primero, por las circunstancias en las que le tocó vivir y, segundo, por la misma personalidad del artista que acumuló esos influjos del entorno.
Las circunstancias en que le tocó vivir fueron fundamentalmente de dos órdenes, una de tipo político-social y la otra de naturaleza religiosa.
Miguel Ángel llegó adolescente a la corte de los Médici en un ambiente todavía lleno de ese renacer pleno, del humanismo vivo en ese centro de intelectualidad alrededor de Lorenzo conocido como El Magnífico. Quiero subrayar que los Médici gobernaron en Florencia desde 1420 hasta 1740 y Miguel Ángel coincide con el momento más glorioso de esa dinastía, el período que precisamente correspondió al Magnífico, que pudo ver y darse cuenta del enorme talento del entonces adolescente.
Desde muy niño a todos nos consta que rechazó todo tipo de enseñanza u oficio que no estuviera relacionado con el trabajo en la piedra dura y su pasión fue desde entonces descubrir lo que estaba oculto en la piedra y liberar la estatua prisionera.
Fue tal el asunto, que su mismo padre cansado de tal situación, lo llevó al taller de Ghirlandaio con la esperanza que de mano de ese gran maestro entrara en contacto con el círculo de Lorenzo. Pero no fue así, ya que el jovencito no era pintor y Ghirlandaio dándose cuenta, lo tomó de la mano y se lo llevó al escultor Bertoldo. Un buen maestro escultor. Digo buen escultor, porque cuando se está de frente a un monstruo de la naturaleza, a un genio, todo se vuelve menor. Más tarde, de todas maneras, Miguel Ángel se reveló también grande en la pintura.
Toda esa época de Lorenzo comenzó a opacarse con la incursión en la política de la ciudad y desde el púlpito, de un orador fogoso que declaró la guerra según su criterio a los lujos, los vicios, la disipación de las costumbres de la corte medicea y de la ciudad, al igual que la corrupción del despiadado, perverso, cruel y vicioso Papa Alejandro VI, Rodrigo Borgia. Los sermones se hicieron cada vez más intensos y violentos hasta que se convirtieron en leyes, provocando la huída en 1494 de los descendientes de Lorenzo, ya que éste había fallecido dos años antes, invocando la absolución del fraile en cuestión. Estoy hablando del dominico Gerónimo Savonarola, que promulgó una constitución de naturaleza fundamentalista, a medias teocrática y a medias democrático-populista.
Fue tal la intensidad de su voz que provocó un desbarajuste social total y se hizo cada vez más fuerte y radical hasta que fue derrotado en 1498 y condenado a muerte por la Inquisición.
Toda esta situación debió de haber creado de igual manera una tal confusión y un tal temor en el joven artista, temor y dolor que supongo le acompañaron hasta su muerte, la intensidad de los sermones de Savonarola.
Ya para ese entonces, el joven Miguel Ángel había esculpido dos piezas de gran importancia histórica. Habiendo frecuentado el círculo de Lorenzo, esa nueva Atenas en que se discurría de literatura, arte, filosofía, en el jardín de los dioses, lleno de estatuas antiguas de dioses y diosas, de atletas y efebos. Eran estatuas y eran de mármol, del pentélico, de Paros.
Surge de esa influencia la escultura La lucha de los centauros y los lapitas y de la influencia de mil quinientos años de cristianismo, la escultura La virgen de la escalera.
Son formas que desde ya denotan ese oscilar entre lo antiguo y lo nuevo, entre lo clásico y lo moderno. Lo antiguo, Grecia; lo nuevo, la nueva Atenas, Florencia.
Quiero decirles que esas dos obras fueron donadas por Leonardo Buonarroti, sobrino de Miguel Ángel a Cósimo I de Médici en 1566 y Cósimo II las devolvió a los herederos del artista medio siglo más tarde. Actualmente, se encuentran en el museo Casa de Miguel Ángel, en la vía Ghibellina 80, en Florencia, casa que Miguel Ángel compró para su sobrino Leonardo.
Dada las circunstancias del caos profundo, a Miguel Ángel no le queda otra cosa más que partir. Va primero a Venecia y luego a Bolonia, bastante fugazmente y luego a Roma.
No es mi tema hablar de lo que pasaría en Roma pero sí hacer mención de dos obras. Una de ellas un Baco, para sincerarme que en esa escultura no hay de clásico más que la belleza pero que es una obra llena de sensualidad, que denota la influencia de placeres y emociones varias. La otra, la inmensa Pieta, en donde el drama del mundo está contenido en la serena ternura de la madre, que el artista nos la presenta manteniendo su juventud por la razón de su eterna virginidad y nada de esto es clásico, y si añadimos que por primera vez un artista firma una obra a lo largo de todo el pecho de María, sólo podemos constatar la completa seguridad de un artista que impone su valor. Y esto también no es clásico.
De los grandes artistas anteriores o contemporáneos de Miguel Ángel conocemos sus obras porque lo sabemos, pero Masaccio, un gran ejemplo, así era llamado para distinguirlo de Tommaso de Massolino que era pequeño, y Masaccio era grande y como también tenía el mismo nombre, Tomás, de ahí Tomasón que es la traducción de Masaccio.
Lo mismo pasó con Botticelli porque era gordo, entonces como una “botte”, que en italiano es tonel. Por cierto que como consecuencia de las prédicas de Savonarola, Botticelli dejó sus temas profanos como el Nacimiento de Venus y La primavera, para pintar sólo temas inspirados en los discursos del dominico.
En fin, Miguel Ángel esculpió su nombre en el manto de la virgen, firmando “Michel. Ángelus. Bonarotus. Florent. Faciebat”. Lo hizo Miguel Ángel Buonarroti, Florentino.
Les he presentado este breve itinerario Michelangiolesco para entender cómo y por qué está de nuevo en contacto con su ciudad natal y con el nuevo medio en que se encuentra la misma, en completo caos, en donde los florentinos claman a gritos un dictador y ese rol lo asume Pier Soderini que se vuelve el abanderado de la República y que condujo el gobierno de Florencia en medio de luchas de facciones, de intervenciones foráneas pero logra asumir y llevar ese papel hasta que es permitido e impuesto el regreso de los Médici por resolución determinante del Papa Julio II, Julián de la Rovere. Éste es el período de ausencia de la casa Médici desde 1494 hasta el regreso en 1512.
A pesar de toda esta situación caótica de la república florentina hay siempre espacio para las artes en esa ciudad y Pier Soderini, en nombre de los representantes en el gobierno del gremio del arte de la lana, encomienda al joven Miguel Ángel (de nuevo en su ciudad y con la fama y el éxito conquistado en Roma) la realización de un monumento, con la utilización de un gigantesco bloque de mármol abandonado por casi cincuenta años en el convento de San Marcos y cuyos propietarios eran precisamente los del referido gremio.
He querido llegar hasta este punto porque deseo continuar mi relato basándome en un artículo mío publicado en La Prensa como respuesta a una solicitud que el señor Jorge Cuadra, (al cual no tengo el gusto de conocer) hiciera en el mismo periódico algunos días antes. Él pedía que alguien le aclarara por qué el David de Miguel Ángel no está circuncidado como debería ser, porque así lo exige el precepto hebraico.
Este bloque de mármol de más de cinco metros de altura había sido trabajado por Agustín de Duccio y muy pronto abandonado por razones desconocidas, tal vez por desavenencias con los dueños de la piedra o por razones económicas pero el hecho es que Miguel Ángel aceptó la encomienda sobre algo que ya estaba comenzado y a pesar de ello logró el milagro de dejarnos esa herencia estupenda.
A Miguel Ángel le tocó vivir momentos tremendos de naturaleza política y religiosa como hemos constatado, y esos efectos le impactaron para toda la vida. Solamente un genio como él pudo sobreponerse y pasar por encima de todos los cánones y dar origen a estas obras que “pierden” con la fuerza de sus brazos y la furia de su alma, la equilibrada armonía de los clásicos y llenando sus trabajos de expresiones nuevas, como pasión, dolor, valor.
Este David, tan lejos de las estatuas de los atletas griegos y tan lejos de los David del Verrochio y de Donatello, que nos muestran a un David adolescente, ya vencedores sobre el gigante Goliat, por la intervención divina; pero este gigante de Miguel Ángel, está lleno de coraje, un guerrero con su sola fuerza, se presenta tenso y altivo antes del combate.
Una vez terminada la obra en la que trabajó por tres años, de 1501 a 1504, comenzando el nuevo siglo, había que trasladarla del taller al lugar escogido por una comisión de artistas entre los que se encontraba Botticelli, Luca de la Robbia, Cósimo Roselli y el mismo Leonardo da Vinci, comisión que escogió finalmente el lugar al lado de la puerta principal del hoy conocido como Palazzo Vecchio, sede del Gobierno para que sirviera de amonestación a los que quisieran perturbar la paz de la República.
El trayecto duró varios días y el gigante jalado por muchos hombres y otros tantos bueyes, pesaba cerca de 10,000 kilos y la distancia era de unos tres kilómetros. Durante las noches se tenía que hacer vigilancia para impedir sabotajes de parte de los enemigos de Miguel Ángel y de los de la República, los cuales eran muchos.
Por consiguiente, todo está en la esencia del artista, en la solicitud hecha para crear un gigante de ese bloque abandonado y los únicos elementos de esa estatua y que surgen de parte de las manos y del ánimo del artista y que tienen relación con el rey bíblico son: uno, el arma, es decir, la honda, y dos, el valor.
Miguel Ángel está tan cerca de Atenas y tan cerca de Florencia por vivencia y convivencia con su ciudad y sus vaivenes y tan lejos de Jerusalén.
La honda y el valor son los únicos vínculos como queda dicho con la figura del rey de los hebreos.
Miguel Ángel Buonarroti es el más grande escultor de todos los tiempos después de Cristo y vive en la época del renacimiento pleno y lo supera por dramatismo, dolor, pasión, expresionismo y por consiguiente ninguna relación con la cultura y la religión hebraica.
Por eso, la figura de ese bloque de mármol de ideal belleza y de enorme potencia, expresa la grandeza del valor cívico para velar por su ciudad y sus leyes a las puertas mismas de la sede del gobierno.
Hay algunos datos por aquí y por allá que me sugieren que tengo, si no razón, por lo menos conciencia de que Miguel Ángel no es auténticamente clásico.
Por ejemplo, el mito que con un golpe en la pierna del Moisés para la tumba del Papa Julio II le dijo que hablara, eso no es clásico.
La lucha con el mismo Papa que le pidió al gobierno de Florencia la extradición del artista o ir a traerlo con la fuerza, esto no es clásico. Los mismos non finito, tal vez inspirado por las estatuas griegas mutiladas o decapitadas, no son non finito, sino finito, terminado porque así deseó el artista. Esto no es clásico. Morir en Roma, no es clásico.
Ha sido tal mi admiración por Miguel Ángel Buonarroti, que un amigo me dijo un día, que quiero llegar a Dios pasando por la Capilla Sixtina.
Buen cumpleaños Miguel Ángel, los que vamos a morir te saludamos.
ACTIVIDADES
En el 530 años del nacimiento de Miguel Ángel Buonarroti, artistas nicaragüense exponen:
Miguel Ángel: Clásico del Renacimiento por Hugo Palma-Ibarra.
El Joven Miguel Angel por Raúl Quintanilla
La restauración de la sixtina: Metodología y critica por Morayma Sánchez
Sonetos de Miguel Angel por Alfredo Barrera
Galería Añil, próximo 9 de marzo, a las 5: 30 p.m
* Pintor nicaragüense 
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