Y además
Proserpina
Luis Sánchez Sancho
Proserpina es el nombre que los antiguos romanos dieron a Perséfone, la diosa griega que es la esposa de Hades (Plutón en la mitología romana), el temible dios del mundo de los muertos.
Aunque las versiones principales de ambos mitos —el griego y el romano— son coincidentes en términos generales, yo prefiero a la romana Proserpina pues su fantasía me parece mucho más fantástica.
Proserpina, hija de Ceres —diosa de la agricultura, cuyo equivalente en la mitología griega es Deméter— es irresistiblemente bella, tal como los antiguos imaginaban a la mayor parte de las diosas.
Un día Proserpina está en un bosque de Sicilia, donde vive retirada del mundo y de la gente, porque ha jurado el celibato. La hermosa hija de Ceres corta flores silvestres, acompañada únicamente por su fiel amiga Ciane, cuando de repente se abre la tierra con gran estruendo y de una enorme hendidura surge el terrible Plutón, quien se apodera de ella por la fuerza y la conduce a las profundidades del infierno, en su regia carroza tirada por lúgubres caballos negros.
Ceres casi enloquece al darse cuenta de que su amada hija ha sido raptada. La maternal diosa recorre el mundo entero en búsqueda de su hija, hasta que la ninfa Aretusa le informa que fue Plutón quien raptó a Proserpina. Entonces Ceres cruza el cielo en su majestuosa carroza halada por dos dragones, llega hasta donde se encuentra Júpiter y le pide que castigue al atrevido raptor y que le devuelva a Proserpina. —Pero, ¿de qué te quejas?— le responde Júpiter. —¿No te das cuenta que es un gran honor para ti ser suegra de un dios tan poderoso como Plutón, y para tu hija una dicha eterna?—.
Pero Ceres no cede en su reclamo, suplica, deshecha en llanto, hasta que Júpiter cede a sus ruegos. Pero como los dioses no dan nada a cambio de nada y sin condiciones, Júpiter decide que Proserpina podrá volver a la superficie de la Tierra sólo en el caso de que no hubiera comido nada en el Infierno.
Con tal condición se va Ceres al tenebroso reino de Plutón, en busca de Proserpina. Pero ésta ya ha comido un pedazo de fruta de granada del Infierno. Mas Ceres no se resigna. Vuelve a donde Júpiter e insiste en sus ruegos. Y ante la negativa del soberano olímpico la diosa de la agricultura y de la vida silvestre se entristece, tanto, que la Tierra se pscurece, se marchitan las plantas, se secan los ríos, los animales de los bosques comienzan a morir... hasta que Júpiter se ve obligado a atender los ruegos de la inconsolable madre.
Pero Júpiter no quiere molestar a Plutón y decide que Proserpina podrá volver a la Tierra sólo durante la mitad del año, y la otra tendrá que regresar al mundo subterráneo para reinar junto al dios del Infierno.
Y desde entonces Proserpina vuelve a la vida en marzo de cada año. Con su regreso anual se termina el invierno, el mundo se inunda nuevamente de luz, renace la naturaleza, los campos se llenan de flores, se oye la música de los pájaros y la gente recupera la alegría de vivir y el deseo de hacer el amor.
Precisamente por eso es que Plutarco (120-47 antes de Cristo) identificó a Proserpina con la Primavera, aunque hay en la mitología romana una divinidad específica que la representa y de la cual seguramente escribiré en otra oportunidad.

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