¿Quién manda en el Vaticano?
Javier Martínez Derreaza.
El agravamiento de los problemas de salud de Juan Pablo II ha aumentado la incertidumbre que reina en el Vaticano desde hace un tiempo. La enfermedad del Papa es patente ante los ojos del mundo, poco a poco su salud ha ido decayendo, las dificultades para caminar lo han llevado al punto de tener que usar silla de ruedas para movilizarse, sus trastornos en las extremidades ya le impiden escribir y el trastorno del habla es evidente; ya no puede celebrar liturgias públicas, las preside, pero asiste en silencio, las homilías, los discursos, los mensajes, vienen leídos cada vez más frecuentemente por su “sustituto” el obispo argentino Leonardo Sandri.
Juan Pablo II, no se deja dominar por la enfermedad, insiste en hablar en público, algunos días lo logra, otros, las palabras salen incomprensibles entre sus respiros fatigosos. En privado refieren que es más o menos lo mismo.
El Papa continúa recibiendo en audiencia a cardenales, obispos, jefes de Estado, embajadores, les habla y responde en varios idiomas, los interlocutores muestran aceptación y agradecen, pero cuando salen confían no haber comprendido casi nada. Solamente en lengua polaca logra hacerse entender mejor. Stanislaw Dziwisz, su secretario personal desde hace decenios, el hombre que duerme en la habitación continua a la del Papa, su inseparable, es quien en el Vaticano tiene las llaves de las palabras auténticas del Papa Wojtyla.
Contemporáneamente no se conoce un secretario papal, que haya tenido un poder como el que ostenta el secretario Dziwisz, la eminencia gris del entorno del Papa que gobierna la Iglesia a la sombra de Carol Wojtyla. En el 2003 fue nombrado por el Papa obispo de una diócesis inexistente la de San León en Calabria. Se susurra que el Papa lo haya nominado “Cardinale in Pectore” es decir en secreto.
Dziwisz, no tiene ningún cargo de importancia en el escalafón del Vaticano, pero es él quien decidió a quiénes aceptar en la lista de nuevos cardenales nombrados en el consistorio del 2003, es junto al fidelísimo “sustituto” Sandri a acceder todos los días a la presencia del Papa, a decidir cuándo, cuánto, y cómo el Papa debe aparecer en público.
Es él quien sale en primera persona a defender a Su Santidad, cuando en el Vaticano o fuera alguien se refiere a la dimisión del Papa, como cuando el cardenal Ratzinger en una reunión con los cerveceros alemanes les dijo: “El Papa está mal, recen por él”, fue Dziwiz quien le exigió que se retractara, no le quedó más remedio al cardenal Ratzinger que “estallar en lágrimas mientras explicaba que había sido un mal entendido”. El último ha sido el cardenal Jorge María Mejía que refiriéndose a la pérdida de la palabra del Papa dijo: “Un mudo no puede celebrar misa”, Dziwisz contestó: “Wojtyla será Papa hasta cuando Dios lo quiera”.
El cardenal Ratzinger, en las condiciones actuales de la Iglesia es el segundo al mando, es el perfecto de la organización para la doctrina de la fe, algo así, como el que custodia el dogma, emite documentos doctrinales y encíclicas, documentos de competencia exclusiva del Papa.
El pronunciamiento más llamativo de Ratzinger ha sido la declaración de “Dominus Iesús” del 6 de agosto del 2000, sobre la fe en Cristo, como insustituible vía de salvación para cada hombre. Desencadenó una tempestad de críticas aunque de cardenales y obispos como Carlos María Martín, Edward Cassidy, Kart Lehmann. Juan Pablo II intervino y con su autoridad protegió al cardenal afirmando que la “Dominus Iesus” la había aprobado él de forma especial.
El cardenal Angelo Sodano, que aunque ha superado el límite de edad, el Papa no quiere privarse de él, es el actual secretario de Estado, Ratzinger custodia la doctrina, Sodano custodia el gobierno del cuerpo de la Iglesia, hombre de mucha confianza del Papa, pero aún así no se ha escapado de recibir golpes bajos como cuando el cardenal Crescenzio Sepe hizo correr rumores de su inminente destitución, el cardenal Sodano lo silenció celebrando una misa en la Capilla Sixtina, concluyendo la homilía diciendo que estaría “siempre con las manos en el arado hasta que Dios lo quiera” .
Otro Cardenal que es cada día más importante es Julián Herranz Casado, miembro del Opus Dei, presidente del Pontificio Consejo para los textos legislativos, es decir, hace la parte de ministro de Justicia y de Corte Suprema.
Dziwisz, Ratzinger, Sodano y Herranz son el cuarteto sobre los cuales descansa hoy por hoy el verdadero centro de poder de la Iglesia en el Vaticano, todos fidelísimos a Su Santidad y todos conscientes de la necesidad de mantener al Papa en el papado hasta que Dios decida lo contrario.
El autor es médico neurólogo-psiquiatra.

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