Decepción política
Carlos Ernesto Romero Rizo
Desde pequeño me he sentido identificado con el Frente Sandinista, al que he apoyado y defendido. He pensado que es la única fuerza política del país que se identifica con los pobres, que lucha por ellos y es la mejor opción para Nicaragua. Siempre pensé en los liberales (PLC) como una fuerza política que únicamente vela por sus intereses y de los más ricos.
En el colegio y en la universidad defendí ante mis compañeros (no de partido) mis posturas sandinistas e incluso muchas veces traté de hacer un poco de proselitismo político. En el 2001 y en el 2004 le di mi voto a los candidatos del Frente Sandinista.
En las últimas semanas he visto las actitudes y maniobras
más perversas que se puedan dar contra un militante sandinista. Pero este comportamiento es propio de un danielista, que a cualquier costo y bajo el lema de “el fin justifica los medios”, quiere ser por cuarta vez el candidato perdedor del FSLN. Esas son actitudes antiéticas, carentes de sentido y de derecho.
El FSLN y todos los partidos del mundo se deben a las bases que confían en ellos. ¿Por qué entonces los danielistas no dejan que las bases decidan? ¿es que tienen miedo de perder?
No hay que permitir que corra más sangre ni que individuos cabezas calientes y fanáticos sigan engendrando más odio y violencia entre las bases. Háganle caso a la jefa: “El amor es más fuerte que el odio”. Muchos sandinistas honestos queremos un FSLN transparente, democrático, con apertura y visión de futuro. No permitamos la desunión del partido.
Los “antiimperialistas” que hablan de la oligarquía como si fuera el demonio son los mayores factores de división dentro del partido.

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