Historia
Tratado Walker-Corral
El Tratado Byron Cole-Castellón trajo a Nicaragua a Walker. Controló el poder militar de los democráticos e hizo suyo el pensamiento circulante en Nueva York: los filibusteros venían a Nicaragua a “unirse a una de las partes beligerantes, vencer, de este modo, la otra, y, sobreponiéndose después a las dos, formar un nuevo gobierno”.
Los ingenuos democráticos no percibieron los intereses de los sureños esclavistas. Walker les abrió los ojos.
Al morir el legitimista Frutos Chamorro y el democrático Francisco Castellón, los jefes militares de ambos gobiernos fueron Ponciano Corral y William Walker. Entre ellos fraguaron una alianza y firmaron el Tratado Walker-Corral, el 23 de octubre de 1855. Ahí acababa la guerra civil, y se elegía como único presidente al democrático Patricio Rivas.
Walker manejó todos los hilos del gobierno, después que el ejército legitimista se desarmó. Corral, al darse cuenta de su error y arrepentirse de lo hecho, fue acusado de traidor y ejecutado. Walker exigió elecciones y su candidatura. Patricio Rivas las aceptó y luego anuló el decreto, por lo que fue destituido por Walker, quien eligió como presidente a Fermín Ferrer, un títere.
Rivas, considerando la inconstitucionalidad con que obraba Walker, no aceptó su destitución y declaró traidor a Walker. Además, había regresado del exilio el anterior presidente legitimista José María Estrada, reclamando la legitimidad de su gobierno. Así, hubo tres gobiernos simultáneos.
Ferrer por decreto mandó hacer elecciones. Walker era el candidato y en algunos lugares de las zonas dominadas por los filibusteros, sacó más votos que la suma de “hombres, niños, mujeres y bestias”, en expresión de un soldado norteamericano, lo que demuestra el fraude electoral. Ferrer en decreto del 10 de julio reconoció el triunfo presidencial del filibustero, a pesar de que la Constitución prohibía su candidatura.
Cortesía de IHN-UCA

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