¡Que todos ganemos!
Juan Ramón Castillo Barreto
El diálogo es muy necesario para que el país pueda continuar por el camino de ser menos pobre cada día, habiendo estabilidad que permita dar confianza a los inversionistas.
Los participantes en el diálogo deben ser seleccionados entre los representantes de los grupos o poderes que tienen capacidad y autoridad para que, una vez llegado a un acuerdo, éstos se cumplan. Evitar meterle “ruido” al diálogo invitando a personas que sólo quieren figurar y no representan a ningún grupo social importante.
Debe haber voluntad de las partes en conflicto para lograr el cambio, por lo cual se debe “descongelar” la situación imperante, una vez descongelada, hacer los cambios necesarios y nuevamente volver a congelar, para que los acuerdos queden escritos y se cumplan honestamente.
Se debe negociar con el estilo “ganar-ganar”, donde las partes deben ceder en posiciones de poder, atacando al problema y no al adversario. Cuando ambas partes ganan y están satisfechos con los resultados, podrán en el futuro trabajar en armonía, en bienestar del pueblo. Cuando se usa el estilo “yo gano, y tú pierdes” la parte que perdió continuará en conflicto con la parte ganadora.
Al estar posponiendo el diálogo todos perdemos. Los que tienen sueldos fijos pagados por los ciudadanos a través de los impuestos y no están logrando nada es una pérdida para el país (a ellos el tiempo no les importa), la economía no se mueve, no hay impuestos que cobrar, las inversiones se estancan, se pierden las plazas de trabajo, pues los empresarios tienen temor a crearlas, los que menos tienen sufren más cada día que pasa, regresando a sus casas con los bolsillos vacíos pues no hay trabajo disponible ni para profesionales capaces.
¿Cómo se podría lograr que las partes se entiendan? Cuando mi hermano y yo discutíamos por obtener la mejor parte de una bolsa de dulces que nos habían comprado, nuestro padre nos daba el siguiente consejo “uno reparte y el otro escoge”, por lo cual el que repartía los dulces en dos porciones debía ser muy justo pues el otro escogería la parte que le parecía mejor.
Por ejemplo en el caso de la SISEP, lo lógico habría sido que una vez creada la ley por los diputados, el Ejecutivo cumpliendo con la misma, nombraría a los funcionarios que se harían cargo, pues de lo contrario, el Legislativo es “juez y parte”, al nombrar ellos mismos a los responsables.
Seguir posponiendo la realización del diálogo, esperando las partes tener certeza que lo que propondrán lo van a lograr porque dominan todos los elementos de juicio para hacerlo, más bien están provocando una crisis y una incertidumbre en la que perderán pronto todo el control de la situación, llegando a corto plazo a una “turbulencia” causando descontento y desconcierto en la ciudadanía, finalizando con una situación de pánico y “sálvese quien pueda” con un caos para todo el país.
¿Es necesario llegar a la situación de caos? Lo más acertado es que se inicie el diálogo cuanto antes y que Dios los oriente, para que hagan lo mejor en beneficio de los ciudadanos que confiamos en ellos cuando los elegimos y esperamos que hagan lo mejor para que todos salgamos ganando.
El autor es consultor de empresas.

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