LUNES 27 DE JUNIO DEL 2005 / EDICION No. 23853 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




¿Es difícil ponerse de acuerdo?

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Ernesto González Valdés
ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni

No es justo... mi papá siempre me deja ver la tele antes de hacer las tareas de la escuela y vos nunca... no te quiero...”, “mi mamá por el contrario me dice: “… lo que vos querrás...”, dice Alberto a su padre momentos después de que su madre le negara ir a casa de su amigo.

Esto es lo más leve que nos puede pasar si nuestros hijos, radares de última generación, y que fácilmente detectan falta de criterios educativos en la pareja, entiéndase una no adecuada comunicación. ¿Difícil de solucionar? No, ya que sólo se necesita tiempo para ponerse de acuerdo y una visión clara de lo que debe ser más importante para nosotros: nuestros hijos.

Los niños son chispas... Recuerdo el caso de un chavalito que era experto en técnicas de persuasión; y les cito el ejemplo: cuando le urgía pedir alguna cantidad de dinero fuera de lo ordinario o algún permiso especial, debía ir a la habitación de sus padres, a la hora de la siesta de papá. Le pedía perdón por la interrupción y le comentaba su urgencia. El padre, con bastante frecuencia, en esas circunstancias, solía decir que sí... El problema era que, a veces, el padre no se acordaba después de las autorizaciones realizadas...

¿Otro ejemplo? El caso de la mamá, que es más benévola con los permisos, los niños acudirán más a ella, y se cuidarán de que el permiso no haga demasiado ruido como para que llegue a oídos de su papá. Normalmente, si se ha llegado a esto es porque hay una disparidad de criterios educativos entre los dos progenitores.

Se debe intentar delimitar los campos de decisión y dejar claro a los niños qué tipos de permiso concede cada quien. Por ejemplo: El padre da los permisos sobre cantidades de dinero y mamá da los permisos de salidas de casa, o viceversa. Y desde luego, de mutuo acuerdo, los dos se suman a las decisiones del otro. En un segundo momento podrá intentarse aunar criterios para que los hijos no perciban que uno de los dos es el duro y el otro el blando y en el medio, la virtud.

Inclusive de ser necesaria la pareja (mamá y papá) deberá ganarse el respeto de los hijos, lo que a veces implica saber reconocer cuando uno se ha equivocado y pedir excusas. No pasa nada si... sabemos reconocerlo, pedir perdón y llegar a una solución intermedia. Lo mismo deberá ocurrir en la pareja, donde será necesario llegar a acuerdos educativos satisfactorios para ambos padres, que en ocasiones resulta algo complicado y, en ocasiones, nos saltamos esos acuerdos. Saber reconocer nuestra falta es una manera también de unificar criterios educativos y aumentar el respeto entre la pareja, necesario si queremos que nuestros hijos nos respeten.

Se requiere, pues de una coherencia mínima de criterios y maneras de educar entre ambos. Los hijos deben percibir que aunque sus padres son diferentes, realmente son uno a la hora de educar. Es también de vital importancia que los padres tengan tiempo para pensar y decidir las cosas siempre que sea posible. El esfuerzo por conocer a cada uno de los hijos será una herramienta muy útil a la hora de resolver situaciones.
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