A quince años del desarme
Roberto Ferrey Echaverry
Este 27 de junio el Partido Resistencia Nicaragüense (PRN) está conmemorando el XV Aniversario de la desmovilización de la Resistencia Nicaragüense. Hecho que se simbolizó en la entrega masiva de armas hecha en la población de San Pedro de Lóvago el 27 de junio de 1990.
Dicho acto se realizó en presencia de la Presidenta de la República, doña Violeta Barrios de Chamorro, del cardenal Obando y de los representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Organización de Naciones Unidas (ONU), organismos éstos que coadyuvaban a realizar la transición de la guerra a la paz y a la democracia.
Para que tal acto solemne y masivo tuviese lugar se desarrolló una operación militar que muy pocos conocieron y que nos puede servir de ejemplo en la presente situación de conflictos políticos que deberían de ser de menor intensidad confrontativa.
La operación consistió en la concentración de 2,500 comandos de la Contra para ser trasladados del norte de Nicaragua a El Almendro y luego posicionarse en el lugar del desarme. Los 2,500 comandos estaban plenamente armados, incluso con los misiles Red Eye de esa época.
El representante de Naciones Unidas, general Quezada, del Ejército español, consideró tal operación sumamente riesgosa, pues pondría en contacto directo a las fuerzas militares involucradas en la guerra civil a que estábamos poniéndole fin. Consultó con New York y nos comunicó que sus instrucciones precisas eran no participar en tal operación pues, incluso un simple accidente, podría devenir en un choque armado que no ayudaría en nada al proceso de desarme que se desarrollaba en forma ordenada.
El quid del asunto consistía en que, el entonces Ejército Popular Sandinista (EPS) sería el que facilitaría el medio de transporte de los combatientes de la Resistencia Nicaragüense y, no sólo eso, sería quienes conducirían los camiones y “protegerían” la caravana que se conformaría a efectos del traslado a realizarse.
El Gobierno Central y el alto mando militar acordaron que la operación era factible —además de conveniente y necesaria para acelerar el proceso del desarme— y que, además, serviría como prueba de la voluntad real de dar por superado el conflicto armado en Nicaragua.
Uno puede hacer el esfuerzo de imaginarse la logística que implicó reunir a los 2,500 combatientes de la Resistencia Nicaragüense en determinados lugares, la recogida de los mismos en los camiones del EPS, la conformación de una caravana de hombres y mujeres que hasta hacía poco se disparaban a matar; la logística alimentaria, higiénica y de combustible.
Fue una gesta heroica y patriótica de parte de ambos sectores y se manejó por nosotros mismos. Nicaragüenses todos. Sería interesante los testimonios al respecto de Mack y Rubén, por una parte; y de Joaquín Cuadra y Javier Carrión, por la otra.
Si este tipo de acciones —que mantuvo en vilo a quienes asumieron tal responsabilidad— pudo llevarse a cabo fue porque se estaba pensando en la Patria, no en los bandos en conflicto.
Ojalá el recordar y hacer público este hecho, en esta fecha histórica, aporte algo a la reflexión de las actuales dirigencias políticas que deben pensar más en Nicaragua que en sus propios intereses meramente partidarios y personales.
El autor es secretario del PRN

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