Reportajes especiales
El Maestro Gabriel regresa al Cementerio San Pedro
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A tres educadores les ha sido dedicado el Día del Maestro: a Domingo Faustino Sarmiento, Ricardo Morales Avilés y Enmanuel Mongalo y Rubio, el héroe que incendió el Mesón de Rivas, donde estaban los filibusteros de Walker. El Maestro Gabriel fundó la primera escuela gratuita en Managua, su monumento estuvo en el Cementerio San Pedro, en 1934 fue trasladado al Parque San Antonio, ahora regresa al lugar donde está sepultado |
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El monumento al maestro Gabriel estuvo en el Cementerio San Pedro, donde está sepultado, hasta 1934 cuando fue trasladado al Parque San Antonio; después del terremoto de 1972 quedó en abandono y fue parcialmente destruido. La Alcaldía de Managua asumió su restauración y de nuevo se encuentra en el cementerio.
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Roberto Sánchez Ramírez Especial para LA PRENSA Academia de geografía e historia de Nicaragua rsanchez@managua.gob.ni
¿Se recuerda usted de la “Niña Panchita” o de la “Niña Chagua”, tal vez del “Maitro Rigo” y del “Maitro Calixto”, de “don Salvita” o al “Profe Chibolita”?
Es difícil no ligar la vida con la de algún maestro(a) o profesor(a), quienes en algún período de la existencia estuvieron más cerca y por más tiempo frente a uno que nuestros padres.
En gran medida, nuestra conducta, no es más que la sumatoria, desde niños, de la presencia de esos seres cargados de conocimientos y paciencia, cuya presencia comenzaba con el abecedario hasta llegar a leer “de corrido”.
En todas partes, en especial los pueblos pequeños y más en las comarcas, el maestro o la maestra han sido verdaderas instituciones ligadas a varias generaciones. En la vieja Managua, cuántos niños pasaron por donde “las Osorito” o “las Estradita”.
LAS MAESTRAS “NIÑAS”
De pequeño en Masatepe, mi pueblo natal, me costaba entender por qué les decían “niñas” a varias profesoras si ya eran viejitas, llenas de canas y arrugas en la piel. Decirles “niñas” era como un tratamiento de respeto.
En efecto, consagradas a la educación, esta clase de maestras nunca llegaron a casarse. Envejecieron enseñando las primeras letras, con voz severa y firme, casi siempre regla en mano.
En mi niñez, en Masatepe, las más conocidas eran la “Niña Panchita” (Francisca Gutiérrez), la “Niña Esther” (Esther Sánchez) y la “Niña Zoilita” (Zoila Córdoba). Sin duda, todo sitio y cada generación tuvo su “niña”. La mayoría nunca se graduaron, ejerciendo sin título.
A la par de las maestras llamadas “niñas”, estaban los “maitros”, hombres también consagrados a la educación, como en el siglo XIX, en Managua, el Maestro Gabriel Morales Largaespada, el único a quien se le ha erigido un verdadero monumento.
Sin embargo, el magisterio ha sido una de las profesiones menos remuneradas. Con el desarrollo de la educación y la profesionalización de la carrera han mejorado los salarios, pero en general siguen siendo tan bajos que en muchas dependencias gana más una afanadora.
Ilustres educadores han muerto marginados y en la pobreza. Muchos yacen en tumbas olvidadas, donde casi nunca se ve una flor o donde lleguen los colegios donde impartieron clases o fueron directores.
En la vieja Managua, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, los maestros tuvieron un destacado lugar en la sociedad. Maestros como don Indalecio Bravo que introdujo la primera Escuela de Enseñanza Superior, tuvo mucha influencia por los años 1870.
Por el año 1887 vino exiliado a Nicaragua un ilustre educador cubano, Desiderio Fajardo Ortiz, fundador del Colegio de Managua. Junto a su compatriota, el profesor José María Izaguirre, hizo de ese centro la base en 1891 de lo que sería el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena.
Un maestro bastante olvidado fue don Antonino Aragón. Aunque originario de León, luego de realizar estudios en el exterior, se radicó en Managua, donde asumió la dirección de la Biblioteca Nacional, mentor del joven empleado Rubén Darío. Cuando murió fue sepultado con grandes honores en el Cementerio San Pedro, sin embargo no se sabe donde está su tumba.
Cuando el Instituto Ramírez Goyena era dirigido por el profesor Guillermo Rothschuh Tablada, a mediados de los años 1950, alguien avisó que estaba muy enfermo un antiguo profesor del centro, el maestro Leonidas Fletes. Fuimos y costó dar con su dirección, lo encontramos en un humilde barrio, en una pobre casita. Nos dio mucha vergüenza. Cuando falleció, el Instituto en pleno, alumnos y profesores fuimos al funeral. Mucha gente miraba sorprendida la formación frente a la modesta vivienda.
EL DÍA DEL MAESTRO
El Día del Maestro, en Nicaragua, ha sido dedicado a tres educadores, uno argentino y dos nicaragüenses. El 27 de enero de 1944, mediante Acuerdo Presidencial, se acordó que se celebrara el 11 de septiembre, por ser este día en el año 1888 que había fallecido Domingo Faustino Sarmiento.
Nació en Argentina en 1811, además de educador, ejerció también el periodismo, en Chile escribió en El Mercurio. Debido a sus ideas políticas estuvo varias veces exiliado. En 1868 asumió la Presidencia de la República. Escribió numerosas obras pedagógicas y literarias, destacando Facundo o Civilización o barbarie.
En 1981, otro decreto declara que el Día del Maestro sea en homenaje al profesor Ricardo Morales Avilés. Nació en Diriamba, Carazo, el 11 de junio de 1939. Se graduó como maestro en la Escuela Normal de Jinotepe en 1958. Además de educador fue poeta. En 1960 viajó a México donde realizó estudios de pedagogía y psicología.
Debido a su militancia revolucionaria cae preso y es terriblemente torturado. Llega a ser uno de los principales dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ricardo Morales Avilés fue capturado en Nandaime por la Guardia Nacional y asesinado el 18 de septiembre de 1973. Estando en prisión escribió: “Lo importante es que las cosas, por mínimas que sean, las hagamos como si fueran grandes”.
En la actualidad se celebra el 29 de junio, día en que el año 1855, el maestro Enmanuel Mongalo incendió el lugar donde se encontraban los filibusteros de Walker. Relata el historiador Jerónimo Pérez: “Walker apareció el 29 en la mañana logrando algunas ventajas al principio, de manera que hizo notable daño en las filas legitimistas, de particular cuando se encerró en una casa perteneciente al mismo don Máximo Espinoza de la que fue desalojado mediante muchos esfuerzos de valor, especialmente del distinguido joven don Manuel Mongalo que, a pecho descubierto, se aproximó a la casa aplicándole fuego para incendiarla”.
Nació en Rivas el 17 de junio de 1834 y falleció el 1 de febrero de 1872, a los 38 años. Educador, desde muy joven, se incorporó a la lucha contra el norteamericano intervencionista. Después de su heroica acción, se le ofreció reconocimiento en dinero que él rechazó por considerar que apenas había cumplido con su deber como nicaragüense. Sus restos están al pie del monumento que le levantaron en Rivas.
MONUMENTOS A MAESTROS
Son pocos los monumentos levantados al Maestro en Nicaragua. Los principales son el de Enmanuel Mongalo en Rivas y el del Maestro Gabriel, en el Cementerio San Pedro, en Managua.
En el Parque Central de Managua está el busto a doña Josefa Toledo de Aguerri. Doña Chepita nació en Juigalpa, Chontales, en 1866 y falleció en Managua en 1962. Por sus méritos como educadora fue declarada “Mujer de las Américas”. Impulsó la creación de las Escuelas Normales y escribió libros de texto. El monumento pronto será restaurado, tanto el busto como el jardín.
Sobre la calle que va hacia Las Brisas, cerca de donde está el instituto que lleva su nombre, se encuentra el busto dedicado al Maestro Miguel Ramírez Goyena. Nació en León el 5 de diciembre de 1857 y falleció en Managua, el 23 de junio de 1927, dándose su nombre al hasta entonces Instituto Nacional Central.
Durante años se dedicó a la investigación de plantas y árboles, publicando en dos tomos La flora nicaragüense. Escribió otros libros de texto. Aunque se le levantó el busto, su tumba en el Cementerio Occidental se encuentra en abandono, igual que las de muchos educadores.
En el Parque San Antonio, cerca de donde estaba el monumento al Maestro Gabriel, estuvo por varios años el busto de doña Leonor García Vda. de Estrada, más conocida como “doña Leito”. Fue profesora de varios centros de enseñanza, en especial el Colegio Bautista y el Instituto Ramírez Goyena. A mí me impartió Geografía.
Era una persona de especial educación, respetuosa y amable. Recuerdo que nosotros le teníamos gran aprecio. A pesar de meter mucho ruido y propensos a las bromas, siempre tuvimos particular trato a dos profesores, a “doña Leito” y a “don Salvita”, el profesor Salvador Hernández Salinas, quien además de educador fue un excelente violinista. Después del terremoto de 1972, desapareció el busto de “doña Leito”.
Ignoro si hay otros bustos o monumentos al Maestro en otros lugares, lo que sí sé es que en los cementerios la mayoría yacen olvidados, no sólo sus restos, sino su ejemplo, lo que es peor, cuando tanto necesitamos los principios éticos y morales que nos trataron de inculcar.
El fundador de la educación gratuita en Managua

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